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Un paso adelante

El día que lo mataron, «Maradona» le iba a vender al clan Loza 100 kilos de un «vuelco» de drogas en España

El "vuelco" que selló la suerte de "Maradona" en España

El "vuelco" que selló la suerte de "Maradona" en España. Crédito: Facebook.

-¿Sabes por qué te han quemado el gimnasio?
-No, y no sé quién puede ser.
-¿Podría tener relación con tus antecedentes por drogas?
-No, he abandonado el negocio.
-¿Cuál es tu relación con el dueño del chiringuito incenciado?
-No entiendo la relación entre una cosa y la otra, no conozco al dueño, no sé quién es.

Cuando los policías le advirtieron que podía ser el siguiente, David Ávila Ramos* negó cualquier relación con el narcotráfico internacional. Juró que eso era cosa del pasado. Pero antes de irse, soltó un dato: que un conocido le mostró las cámaras de seguridad del bar y que se dio cuenta de que el auto con el que intentaron prender fuego por primera vez el bar en Guadalmansa era el mismo que usaron para quemar su gimnasio en San Pedro Alcántara.

Los detectives ya sabían que «Maradona» nunca se había retirado del negocio en la Costa del Sol: en una investigación reciente por narcotráfico, lo habían visto varias veces en ese chiringuito reunido con el dueño, el marroquí Naoufal Almanzor Merabet.

Merabet falleció en circunstancias extrañas camino a Dubai.

Un informante advirtió que Ávila Ramos podría ser el próximo.

En el ambiente circulaban rumores sobre dos jugadas arriesgadas de «Maradona»: que les dio el «chivatazo» a los policías para incautar un alijo de 8740 kilos de cocaína de una organización colombiana en el puerto de Algeciras; y que él mismo, con su grupo «los Gordos», hizo un «vuelco» de 400 kilos a otros colombianos en el puerto de Málaga.

Claro que estas operaciones demandan varios meses, tanto para los narcotraficantes como para las autoridades, pero el golpe en Algeciras recién se concretó el 22 de abril del 2018, es decir, después de los atentados a Ávila Ramos y los suyos.

Eso, entonces, indicaría que a «Maradona» buscaban cortarle las piernas por el «vuelco» en Málaga. Y esa operación empezó del otro lado del océano Atlántico, en el puerto de Buenos Aires, de la mano de Diego Xavier Guastini, alias «Dolarín», un capo del narcolavado para el que Ávila Ramos había oficiado de valijero en el 2014, con una pérdida de 754.630 euros y 254.000 dólares, que le valió toda una temporada sin poder salir de la Argentina.

Un hombre que conoció a Ávila Ramos y Guastini le contó a Encripdata que una organización colombiana contrató al grupo de «Dolarín» para subir el cargamento en la terminal 4. De eso se encargaron «Coco«, «Rubio» y «Ramón«. Algo pasó en el medio. Para Ávila Ramos, el «vuelco» se produjo en Buenos Aires. Para los colombianos, fue en Málaga. Como sea, los marroquíes, que esperaban el alijo, le reclamaron a «Maradona» el pago de la droga.

El 25 de marzo empezaron por incendiar el gimnasio, el Marbella Fight School.

El 8 de abril fueron por el chiringuito, el Heaven donde se reunía con Merabet.

Como «Maradona» no acusaba recibo, la tercera fue la vencida: el 12 de mayo del 2018, cuando Ávila Ramos se subió a su Audi, Ahmad Abdul Karim apareció de la nada, tapado con un casco de moto, y le descargó la Parabellum, una pistola automática de 9 milímetros.

Fueron cinco disparos: tres a la cabeza y dos al pecho.

Eran las 13.49 del sábado y el sol tampoco daba tregua.

Su esposa, un amigo, sus chiquitos y la Virgen del Rocío fueron testigos involuntarios del crimen: acababan de salir de la comunión de uno de sus hijos cuando el sicario sueco aunque de origen iraquí cumplió el encargo.

Con la pistola todavía caliente, Ahmad regresó a toda prisa en moto hasta el departamento que alquilaba en Cortijo del Mar. Allí lo esperaban su hermano Karim Abdul Karim y los hermanos Amir Faten Mekky y Fakhry Mekky, miembros del «clan de los suecos», una oficina de encargos que cobraba por, precisamente, encargarse de ajustar cuentas entre organizaciones narcocriminales, con Amir como jefe.

Tres meses después, el 20 de agosto, el narcotraficante español-marroquí Sofian Ahmed Barrak, alias «Zocato», estaba recién acostado en Villa del Campanario, Estepona, cuando alguien le mandó un mensaje por Encrochat que lo hizo salir de la casa. Acababa de regresar de verse con Amir en Puerto Banús. Cuando abrió la puerta, Ahmad lo recibió a «quemarropa».

Otra vez usó la Parabellum.

Esa noche contó hasta ocho.

Para el fiscal Carlos Tejada, los dos narcotraficantes ejecutados hicieron negocios juntos, pero, a principios del 2018, como «Maradona» no quería saldar las cuentas pendientes, «Zocato», tras mandarle dos avisos, finalmente contrató al «clan sueco» para ajustar las cuentas. Y eso fue lo que pasó aquel 12 de mayo de 2018 frente a sus pequeños hijos. Tres meses después, como «Zocato» no quería pagar el servicio por el encargo cumplido, Amir le tendió una trampa para dejárselo servido en bandeja a su sicario predilecto, Ahmad, la madrugada del 20 de agosto.

En el juicio que acaba de terminar en Málaga, en vez de negar la teoría del fiscal, los acusados realizaron una confesión a medida a cambio de penas menores: un jurado popular condenó a 12 años de prisión a Ahmad como autor material de los disparos que acabaron con la vida de las dos víctimas -4 años por «Maradona» más 8 años por «Zocato». El confeso asesino será expulsado cuando cumpla 5 años de la pena, es decir, a finales de noviembre.

Amir, el jefe del «clan de los suecos», fue sentenciado a 2 años, 9 meses y 26 días de prisión por haber sido cómplice de Ahmad únicamente en el crimen de Barrak y ni un solo día por el rol que los investigadores le imputaron en el asesinato de Ávila Ramos. Esa pena fue el tiempo que pasó bajo prisión preventiva, primero en Emiratos Árabes Unidos y luego en España. Sobre su cabeza ahora pesa una orden europea de detención de Suecia por el contrabando de 20 kilos de cocaína hacia Dinamarca, la entrega de 3 kilos en Estocolmo y otra entrega de un kilo en Malmö.

Los condenados debieron indemnizar con 80 mil euros a la mujer de Ávila Ramos y 120 mil euros a la viuda de Barrak.

Las malas lenguas dicen que Ávila Ramos dejó 9 millones de euros «enterrados» en alguna parte de la Costa del Sol.

Aquel sábado, «Maradona» tenía varios planes: primero realizar la comunión de su hijo en la iglesia, luego compartir un almuerzo con familia, amigos e invitados para seguir celebrando. Y al atardecer, finalmente, venderle 100 kilos de cocaína a José Gonzalo Loza para terminar de «coronar» el «vuelco».

«Zocato» y los sicarios suecos no se lo dejaron: lo «coronaron» a él.

A cinco años del crimen, nadie sabe si el tesoro sigue «enterrado», pero hubo quienes buscaron pistas por todos lados y no de buena manera.


*Encripdata reconstruyó esta historia con base a documentos oficiales de Argentina y España, escuchas judiciales de ambos países y testimonios de personas que conocieron a involucrados en los hechos.

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