Encripdata

Un paso adelante

«Turco» Exeni se negó a firmar el juicio abreviado, sus cómplices no pueden salir de la cárcel y los expondrá a penas más altas por el «Narcogolf»

Deberán hacer el juicio por el "Narcogolf" porque un acusado no quiso firmar el abreviado

Se demora el final del "Narcogolf". Crédito: Ministerio de Seguridad.

En diciembre, la mayoría de los acusados por el «Narcogolf» tenía pensado salir de la cárcel bajo libertad condicional. Para ese momento, esperaban, el tribunal ya habría aprobado el juicio abreviado por intentar, como confesaría un «arrepentido», «bombardear» 428 kilos de cocaína para vender en Buenos Aires y otros 300 kilos para «coronar» en Europa, pero, como pudo reconstruir Encripdata, todo eso quedó en la nada porque Elías «Turco» Exeni, tras superar el coronavirus, se negó a firmar el acuerdo con el fiscal Rodolfo Molina. El motivo: consideró que no le correspondía recibir la misma pena que los demás. Ahora, entonces, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 2 de La Plata deberá realizar el debate en menos de seis meses para resolver la situación de los imputados antes de que se venza la prisión preventiva ya extendida en forma reiterada y de manera excepcional.

Como había adelantado Encripdata el 27 de mayo de 2021, el fiscal Molina acordó 6 años de prisión para el propio Exeni, Pablo Portas Dalmau y los colombianos Héctor Alfonso Cabrera y Luis Alberto Quintero y 5 años y 6 meses de prisión para Sebastián Fargeta, que ya goza de la prisión domiciliaria para cuidar a su madre, a cambio de reconocer el delito imputado. Como advirtió este medio en ese momento, a Exeni no le cambiaba mucho la situación porque estaba procesado en otra causa por narcotráfico, pero al resto de los acusados le servía firmar el juicio abreviado para recuperar a fin de año la libertad.

El fin de año llegó, la excarcelación no.

Exeni no lo quiso así.

En consecuencia, los camaristas Daniel Antonio Petrone y Diego Gustavo Barroetaveña, de la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, les ordenaron a los jueces del tribunal algo que, según uno de los defensores, es casi imposible: realizar el juicio dentro de los próximos seis meses a contar desde el 26 de octubre porque, de lo contrario, el 26 de abril del 2022, tras vencerse la última prórroga de la prisión preventiva, no les quedará otra que excarcelarlos.

Desde que los gendarmes, por orden del juez federal Federico Villena, desbarataron el 26 de enero de 2018 la operación al allanar el Olivos Country Golf, de allí el nombre del operativo, los acusados pasaron 3 años y 9 meses detenidos, algunos, como Exeni y Portas Dalmau, en la cárcel de Devoto, la única todavía en pie de la Ciudad de Buenos Aires, cuando, por ley, la preventiva puede extenderse por dos años.

En casos excepcionales, por tres.

No mucho más.

La operación «Narcogolf» destapó conexiones por todas partes: a través de Exeni, con el doble crimen de Icaño, en el que mataron a su madre y su padrastro, en lo que pareció ser un ajuste de cuentas, y la ruta de precursores químicos de los hermanos sirios Barakat en Catamarca; a través de Portas Dalmau, con Diego Xavier Guastini, su jefe en el tráfico de dólares y euros entre Argentina, Ecuador, México y España.

Y a través del propio Guastini, asesinado el 28 de octubre de 2019 en Quilmes, las conexiones llegaban hasta los casos «Leones Blancos«, por el que fue procesado el fiscal Claudio Scapolan, el clan Loza, a punto de terminar el juicio, y el clan Atachahua Espinoza, a la espera de sentarse en el banquillo de los acusados.

Guastini era informante de la Secretaría de Inteligencia (SIDE / AFI).

Según algunos allegados, tuvo llegada a la Drug Enforcement Administration (DEA) de los Estados Unidos.

Como sea, el tribunal ahora deberá llevar adelante el juicio por el «Narcogolf». Tal vez los acusados lleguen en libertad. En el debate, el fiscal quizás quiera interrogar acerca de algo tan fundamental como inexplorado: quiénes estaban por encima de todo, que no eran los colombianos Cabrera y Quintero ni los argentinos, ellos solo eran los visibles, pero, como en toda operación narco, mandan los «invisibles».

Una pista: el restó boliviano La casa del Camba.