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Un paso adelante

La última bala de Mekky: pide investigar a Guastini para que no lo condenen por los crímenes de «Maradona» y «Zocato»

La estrategia de Mekky para que no lo condenen en Marbella

La estrategia de Mekky para que no lo condenen en Marbella. Crédito: Encripdata.

A sus 25 años, Amir Faten Mekky ya pasó su tercer Año Nuevo tras las rejas en un país que no es el suyo. Este año, encima, podrían condenarlo a pasar muchos años más en prisión por los crímenes de David Ávila Ramos, más conocido como «Maradona», y Sofian Ahmed Barrak, alias «Zocato». Y aunque consiguió anular algunas pruebas, todavía existen otras que lo incriminan a él y a su oficina de «encargos». Por eso se persigue con la idea de que si no encuentra a alguien para colgarle el cartel de culpable, el tribunal de Málaga se lo pondrá a él. Y, como suele pasar en estos casos, el acusado apuntó a un muerto del otro lado del océano Atlántico.

Y el muerto al que señaló es Diego Xavier Guastini, pudo confirmar Encripdata con base a documentos judiciales españoles. Guastini supo ser el capo del narcolavado en la Argentina hasta el 28 de octubre de 2019. Esa mañana lo ejecutaron en Quilmes. Pero hay que ir por partes.

Al español «Maradona» lo ejecutaron al mediodía del 12 de mayo de 2018 mientras se subía al Audi para retirarse de la comunión de su pequeño hijo en la Iglesia de la Virgen del Rocío, San Pedro Alcántara.

Tres meses después, el 20 de agosto, al español-marroquí «Zocato» lo mataron en plena madrugada en la puerta de su casa en Villa del Campanario, Estepona, de la que salió engañado por alguien que lo contactó por Encrochat.

Mekky nació el 6 de mayo de 1997 en Copenhague, Dinamarca, pero gran parte de su corta vida la hizo en Malmö, Suecia. Su familia es de origen iraní. Este «nómade» estuvo, muy casualmente, en esas dos ciudades españolas cuando sucedieron los ajustes de cuentas que lo arrastraron hasta el banquillo de los acusados. En aquellos días violentos, Mekky no estuvo solo, todo lo contrario, en San Pedro Alcántara y en Estepona estuvo acompañado por varios integrantes de su oficina de «encargos», entre ellos su hermano Fahkry Mekky y sus amigos, los hermanos Karim Abdul Karim y Ahmad Abdul Karim.

Para la fiscalía, las dos víctimas hicieron negocios, pero, a principios del 2018, como «Maradona» no quería saldar las cuentas pendientes, «Zocato», tras mandar dos avisos, finalmente contrató al «clan sueco de Mekky y compañía para que asesinaran a su viejo socio. Y eso fue lo que pasó aquel 12 de mayo de 2018 con sus pequeños hijos y la Virgen del Rocío como testigos involuntarios. Tres meses después, siempre según la teoría oficial, como «Zocato» no quería pagar el servicio por el encargo de «Maradona», Mekky le tendió una trampa para que uno de sus sicarios se cobrara la cuenta con su vida el 20 de agosto.

Al final, Mekky cayó el 3 de junio de 2020 en Dubai por un descuido: la Policía Internacional (Interpol) lo descubrió cuando salió de la casa para tirar la basura. Tras la extradición, pasa sus días y noches en una cárcel de España.

Su abogado Gonzalo Boye -defendió al expresidente de la Generalidad de Cataluña Carles Puigdemont por el referéndum de independencia declarado ilegal-, consiguió que se anularan varias pruebas que complicaban al «clan sueco», por caso, horas y horas de conversaciones de Mekky en las que, en código, hablaba de sus problemas en la Costa del Sol española.

Pero aún existen otras pruebas que lo incriminan. Por eso, en las últimas presentaciones, a las que tuvo acceso este medio, Boye planteó la hipótesis de que el crimen de «Maradona» estuvo relacionado con el asesinato en la Argentina de Guastini, al que algunos llamaban «Dolarín». Porque, como publicó Encripdata en diversas notas, «Maradona» y «Dolarín» hicieron negocios.

Por caso, el 31 de enero de 2014, Ávila Ramos aterrizó con el también español Juan José Morito González, alias «Juanito», en el aeropuerto internacional de Ezeiza. En Migraciones declararon 70 mil euros producto de la agencia de autos que tenían en Puerto Banus, una zona exclusiva de la Costa del Sol, pero los agentes a cargo de los scanners descubrieron que en realidad traían 684.630 euros y 254.000 dólares más. Era plata para «Dolarín».

Por el tráfico de divisas, «Maradona» y «Juanito» pasaron toda una temporada sin poder salir de la Argentina. Para que no se aburriera, Guastini le prestó al primero su piso del 7 E de la calle Petrona Eyle 355, ni más ni menos que en el exclusivo edificio Aleph, del Grupo Faena. También vivió un tiempo en el country del Banco Provincia. El otro español, en cambio, prefirió el perfil bajo en la casa de la calle Alem 1280, en Lanús. En los partidos que «Dolarín» organizó en su quinta de Abbott, todos confirmaron que la habilidad de «Maradona» estaba, ciertamente, del otro lado de la línea.

De regreso a la Costa del Sol, algunos dicen que fue por robarles a unos colombianos un cargamento de 400 kilos de cocaína en el puerto de Málaga; otros, que fue por darles el «chivatazo» a los policías para que les incautaran a otros colombianos 8740 kilos en el puerto de Algeciras; para la fiscalía, auxiliada por la Unidad de Droga y Crimen Organizado Central (UDYCO) de la Policía de España, fue, precisamente, por las cuentas pendientes con «Zocato» que ajustaron Mekky y compañía. Y esa es la hipótesis que llegará al juicio.

En algo tiene razón el abogado Boye: «en ningún lugar del procedimiento existe mención alguna a las actividades delictivas de David Ávila Ramos en Argentina»; «tampoco existen datos de la asociación delictiva existente entre aquel y Guastini, elementos que resultaban relevantes a la hora de determinar posibles causas -móviles- y responsables de su asesinato -autores-«; y «no constan en las actuaciones ningún tipo de intercambio de información entre las autoridades argentinas y las españolas respecto a elementos esenciales de los dos asesinatos». Como prueba aportó las notas de Encripdata.

Firme en su estrategia, el letrado fue más lejos al afirmar que «el móvil del crimen de Ávila Ramos no está relacionado con Barrak sino con sus actividades delictivas con Guastini desde Argentina». Siguiendo esa lógica, si «Zocato» no mandó a matar a «Maradona», Mekky no tenía motivos para acabar con el propio «Zocato». Por todo eso, consideró que «solo a partir de un intercambio oficial de información -por vía judicial- entre las autoridades judiciales españolas y argentinas se podrá determinar la verdadera autoría de este asesinato».

Pero las pruebas de los crímenes de «Maradona» y «Zocato» no están en la Argentina sino en España. Siempre estuvieron ahí, en el expediente, según el análisis que hizo Encripdata tomo por tomo. Porque una cosa es el autor intelectual y otra cosa es el autor material. A las oficinas de «encargo» muchas veces las contratan, precisamente, para cortar el hilo invisible entre uno y otro. Después está en las partes poder sostener sus posiciones de acuerdo a los hechos y el derecho, es decir, las pruebas y la legalidad de esas pruebas.

Pero hay dos hechos irrefutables que Mekky y compañía no han podido justificar: haber estado en San Pedro Alcántara el mediodía en el que se ejecutó a «Maradona» y haber estado en Estepona la madrugada en la que se asesinó a «Zocato».

Mekky, de hecho, fue una de las últimas tres personas que estuvo con «Zocato» en sus últimos 43 minutos de vida (como demuestra la foto que ilustra la nota: él, de negro, junto a la víctima, de blanco). El anteúltimo fue el taxista que lo llevó desde Puerto Banús hasta su casa.

Y el último en encontrarse con «Zocato» fue el sicario en bicicleta, al que identificaron como Ahmad Abdul Karim, miembro de su oficina de «encargos«.