Encripdata

Un paso adelante

Llevan a juicio al único detenido por el crimen de Guastini, el capo del narcolavado «arrepentido»

Marcelo Padovani, pieza clave en el crimen de Guastini

Marcelo Padovani, pieza clave en el crimen de Guastini. Crédito: Encripdata.

Tres años y tres indagatorias después, Marcelo Fabián Padovani finalmente deberá sentarse en el banquillo de los acusados: Encripdata pudo saber que el juez Juan José Anglese dio por terminada este jueves la instrucción sobre alias «Pelado», preso por haber intervenido la mañana del lunes 28 de octubre de 2019 en el crimen del financista Diego Xavier Guastini, el dueño de muchísimos secretos del narcotráfico a nivel local e internacional.

Guastini era uno de los capos del narcolavado en la Argentina. De hecho, él mismo movió divisas y cocaína para sí y para terceros. Dueño de innumerables secretos del bajo mundo de la city porteña, pero con suerte esquiva desde 2012 cuando empezaron a caer sus hombres con miles de dólares y euros, decidió declarar como «arrepentido» en la Justicia a cambio de no ir preso. Y lo consiguió: en septiembre de 2018 recibió una condena a 3 años de prisión en suspenso por contrabandear, a través de esas «mulas», 1.524.715 de euros y 1.443.030 de dólares por los aeropuertos. Pero «entregar» a viejos socios para no ir a la cárcel le costaría muy caro.

El día elegido fue el 28 de octubre de 2019: como pudieron reconstruir los investigadores, el grupo contratado para el «trabajo» esperó media hora en la calle General Paz hasta que de pronto pasó el objetivo marcado. Era Guastini, que aunque tenía un auto blindado, decidió salir de su casa en otro. Como sea, no lo dejaron avanzar: una camioneta le bloqueó el paso en la esquina de la calle Alberdi. Antes de que él pudiera desfundar su Glock, el sicario lo sorprendió por la izquierda y disparó tres veces que, aunque con puntería diversa, le alcanzaron para cumplir con el encargo. Al final, el asesino se subió a un auto y todos se marcharon a toda velocidad. Eran las 8.15 de la mañana.

Del crimen de Guastini participaron al menos cuatro personas: el sicario y los conductores de una moto Honda, una camioneta Toyota Hilux y un auto Ford Kinetic, con Padovani al volante.

Guastini sabía que lo podían matar por haber hablado de más: para intentar evitarlo, en sus últimos meses de vida chapeó con tener supuesta llegada a la DEA de los Estados Unidos (Drug Enforcement Administration) y hasta haber tenido una incomprobable reunión con Joaquín Guzmán Loera, el mismísimo «Chapo», en México. A quienes quisieran oírlo, les contaba que el entonces líder del Cártel de Sinaloa necesitaba entrar «un container de dólares a la Argentina», pero que él, muy amablemente, rechazó la propuesta porque su logística no le daba para tanto. Para que le creyeran, les hacía escuchar un mensaje de voz con acento bien mexicano que decía: «Don Diego, es solo dinero».

Casi dos años después, los detectives de la División Homicidios de la Policía Federal (PFA), con la orden del juez Anglese en la mano, arrestaron al acusado el 24 de junio de 2021 en su casa de la calle 179, Bernal.

Padovani estaba complicadísimo: no solo había dado apoyo para matar al capo del narcolavado argentino sino que sacó al sicario de la escena del crimen y lo llevó en su Ford Kinetic hasta la avenida 9 de Julio, en el centro porteño. No era una presunción: el recorrido quedó grabado por las cámaras de seguridad. Encima, en su domicilio le encontraron un kilo y medio de cocaína. Mientras lo subían al patrullero, soltó que a él lo habían contratado «los colombianos».

Para los fiscales Karina Gallo (Quilmes), María Clarissa Antonini (UFI especializada en drogas), Sergio Mola (Lomas de Zamora) y Diego Iglesias (Procunar), Padovani debía responder por el «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas, por precio o promesa remuneratoria y por el uso de arma de fuego» y también por actividades compatibles con el narcomenudeo.

Sin embargo, en las tres indagatorias -por el crimen, por la tenencia de la droga para vender y por asociación ilícita vinculado a un clan paraguayo- no dijo nada trascendente. Tampoco quiso declarar como «imputado colaborador». Lo único que pidió fue seguir en la alcaidía de Cavia de la PFA, que por favor no lo ingresaran a la prisión. Se definió como una persona que hacía «operaciones de cambio de dinero» y que esa droga en realidad era de un hombre al que había contratado como seguridad. Como desaprovechó tres oportunidades de contar lo que sabía, finalmente lo metieron en Ezeiza, la principal cárcel de máxima seguridad del país.

En ese complejo penitenciario están, por ejemplo, los Loza, los Atachahua Espinoza y el policía Adrián Gonzalo Baeta, vinculado a «Leones Blancos». No son nombres elegidos al azar: son las personas que terminaron allí gracias a que Guastini los «entregó» en la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) para salvarse.

Si, como venganza, alguno de ellos ordenó el crimen del capo del narcolavado «arrepentido», Padovani guardó silencio.

Ni siquiera dio el nombre del sicario al que ayudó a escapar.

Cuando empiece el juicio, en el banquillo solo estará él con su alma.

Por las pruebas en su contra, no parece tener escapatoria.