Encripdata

Un paso adelante

Tulli, Nacusse y la Bonaerense

Nacusse, Tulli y una investigación demorada por la Bonaerense

Nacusse, Tulli y una investigación demorada por la Bonaerense. Crédito: Encripdata.

-Yo tenía marcas en el local y me vinieron cuatro que se hacen los malos, pero mal, que iban hacer un allanamiento, que esto que lo otro, y yo le hablé: ‘Mirá, yo soy amigo del jefe departamental, a mí no me pulenties con nadie’… ‘Salame’, me dijo, viste.
-¿Te dijo a vos?
-Sí, cuando me dijo así, lo agarré del cogote y le puse una nueve en el pecho, en el cuello yo. Sí, se armó un quilombo que te lo juro que si se me chiflaba, lo boleteaba, iba en cana, boludo, me tenía que pirar para el Paraguay, perdía la fábrica, todo.
-Sí, boludo, te arruinan estos giles, boludo.
-¿Qué te arruinan? Lo paso a fierro.
-Sí, pero te arruinan la vida, boludo.
-Me tomo el palo, yo reaccioné mal y terminó bien gracias a Dios, porque se garcaron todo y después sacó uno la chapa de que era el comisario y me dijo: ‘Yo soy el comisario’, bueno y entonces: ‘¿Por qué me habla mal este gil?’, le digo, ‘Vos, si sos el comisario, andás con estos giles que hablan mal, salame me dice, ¡qué salame! Yo la gané con el pecho, le doy un tiro acá nomás’, le digo, viste, se armó un bondi, no sabés, los rodeamos, éramos como siete, los rodeamos todos enfierrados, viste, los hicimos tirar al piso, todo… hoy soy muy amigo del comisario ese, amigo… no soy de la yuta yo, nunca, viste.
-Claro, es buen conocido.
-Pero conocido, viste, si vos querés, bah, si hay algún problema, lo tocamos, él es jefe de las marcas, es el jefe de las marcas, viste.
-Y… cualquier cosa si tengo mucho bondi, te llamo yo, ahora no sé qué hacer…
-Jefe de brigada de las marcas es.

El que le puso una nueve milímetros en el pecho a un policía que lo pretendía extorsionar fue Esteban Fernando Tulli, que se ganó el apodo de «El zapatero» en Tapiales y alrededores por su fábrica de calzados. Tal vez por su amistad a la fuerza con ese comisario, tal vez por otros contactos en la Bonaerense, alguien quiso que la investigación comenzara fuera de La Matanza con una denuncia anónima al teléfono de la Delegación Departamental de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas y Crimen Organizado Ezeiza.

Aquel 16 de octubre de 2020, el denunciante lo señaló con nombre y apellido y advirtió que la fábrica en realidad era una simple fachada para almacenar drogas y a su vez lavar las ganancias del microtráfico. La fiscal Mariela Labozzetta le dio impulso al caso y el juez federal Jorge Rodríguez lo llevó adelante. Así, la investigación quedó en Morón. De allí que el relato de Tulli sobre lo sucedido con el comisario de La Matanza quedó registrada en una «escucha» telefónica.

Al comprobar la verosimilitud de la denuncia, el magistrado ordenó identificar a otros miembros de la cadena, desde el narcotráfico hasta el narcomenudeo, con Tulli en el medio como parte del microtráfico. Para ser «Zapatero», Tulli tenía contactos que en su momento valían oro en polvo: desde los clanes Sosa y Loza, en el norte del país, hasta el clan Sancho, en San Martín.

El clan Sancho cayó en noviembre del 2017. Ahora está en juicio. El clan Loza, en 2018. El año pasado fue condenado. El clan Sosa entró en crisis este año luego de las órdenes de captura. El entonces conjuez que las firmó, Miguel Mariano Aranda, terminó indagado en octubre acusado de brindarles protección. A pesar de esas y otras conexiones, los años pasaron y «Zapatero» siguió zafando de expedientes judiciales, que se cayeron por filtraciones policiales.

En eso se parecía mucho a uno de sus principales clientes de Portezuelo de Nordelta: Eduardo Daniel Nacusse, alias «Patán», también con contactos en la Bonaerense que de alguna u otra manera le advertían que lo estaban «caminando». Y eso que vivía al filo del peligro: tanto que a varios de sus amigos en los negocios, como Luis Medina,, el «Tony Montana» rosarino, Claudio Torres y Diego Xavier Guastini, les ajustaron las cuentas.

Con semejante historia, Nacusse debería estar «quemado» ante las autoridades, pero el 14 de septiembre se presentó en los tribunales de San Isidro para declarar como testigo contra Nicolás Pachelo, al que el fiscal Patricio Ferrari no solo acusaba de haber matado a María Marta García Belsunce el 27 de octubre de 2022 en el Carmel sino también de cometer varios robos en otros countries. Los famosos escruches. Contra él y tantos más.

Dos semanas después, el juez Rodríguez decidió que ya era hora para Tulli, para Nacusse y para nueve personas más. En los 30 allanamientos, los detectives incautaron de todo: 25 kilos de marihuana, 2,3 kilos de cocaína, 3729 pastillas de éxtasis, 3 gramos de tuci -en la casa de «Patán»- y 500 gramos de cafeína. También 5,9 millones de pesos, 78 mil dólares, 3300 euros, dos máquina de contar billetes, cuatro cajas de seguridad, ocho equipos para minar criptomonedas, un Porsche, un Audi Q5, un BMW M4 y hasta una avioneta Piper PA-23-250 Aztec.

Obviamente, los detectives de la división antinarco de Ezeiza fueron a la fábrica de zapatos. Sí, había zapatos, pero también lata, plata y plomo. Y hasta una línea, como si fuera un polígono de tiro, para probar la destreza con las armas, como demuestra la foto a la que accedió Encripdata. Porque Tulli no solo ofrecía drogas para el microtráfico sino también armas de fuego. Y, otra vez, encontraron pistas sobre filtraciones policiales: ahí, en la zapatería, Tulli tenía guardadas fotos sobre uno de los Exeni. No eran fotos cualquiera: eran fotos que formaban parte de una investigación judicial.

El expediente de la foto que tenía en su poder Tulli era del 2016 cuando en el juzgado de San Ramón de la Nueva Orán, Salta, investigaban a Exeni y sus negocios en el conurbano bonaerense con un tal Esteban, alias «Porteño». Era Tulli. Por la filtración policial, «Zapatero» pudo bajar el perfil a tiempo y los investigadores tuvieron que frenar las tareas encubiertas y al final terminaron archivando el expediente.

Ahora, seis años después, Tulli y Nacusse están en serios problemas. De nada les sirvió declarar varias veces, negar conocer a los otros acusados o minimizar esas conexiones. Eso sí: Nacusse aseguró que ya sabía que estaban detrás suyo porque lo habían querido extorsionar dos veces, que le «plantaron» la droga secuestrada en su casa y que le robaron 19.800 dólares, 220 mil pesos, relojes varios, de los buenos y de los truchos, y dos cadenas de oro de 120 y 92 gramos que había comprado en Dubai.

El juez Rodríguez los procesó la semana pasada, convirtió en prisión preventiva las detenciones y los embargó por 20 y 15 millones de pesos, respectivamente. Hizo algo más: ordenó extraer testimonios a los fines de investigar la posible comisión del delito de acción pública para que otro juez determine si los policías robaron pertenencias en los allanamientos y para descubrir quiénes en la Bonaerense protegieron por tantos años a Tulli y «Patán» Nacusse.