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Un paso adelante

Guastini, Torres y el «Tony Montana» rosarino: la vida al filo del peligro de «Patán» Nacusse, el narco vip de Nordelta

Patán Nacusse, la vida al filo del peligro del narvco vip de Nordelta

Nacusse, el narco vip de Nordelta, al filo del peligro. Crédito: Encripdata.

Si en este negocio la regla es vivir deprisa, morir joven y dejar un bonito cadáver, Eduardo Daniel Nacusse puede decir que es una excepción, incluso un sobreviviente. Lo puede decir porque ya le tocó despedir a varios amigos de los rápidos y furiosos.

Como Luis Medina, que conducía por la avenida de Circunvalación, en la zona sur de Rosario, cuando lo alcanzaron las primeras balas. Para cumplir con el encargo, el sicario se acercó al Citroën DS3, metió la mano por la ventanilla y lo remató. En total, el fanático de «Tony Montana» recibió 18 disparos. Para no dejar testigos, también asesinó a Justina Pérez Castelli, que estaba en el asiento de acompañante.

Eso fue el 29 de diciembre de 2013. En Rosario, con 2327 crímenes en los últimos diez años y contando, como publicó el periodista Germán de los Santos en La Nación, pocos son capaces ya de explicar cómo se conecta un crimen con el anterior y cómo se conectará con el siguiente, en una ciudad donde quienes pelean por el territorio, presos o en libertad, se ajustan las cuentas casi todos los días.

Medina eran joven para morir así: tenía 42 años, pero había vivido deprisa.

Su novia, modelo ella, tan solo 23.

Del autor del doble crimen se desconoce la edad, el nombre, el alias, todo. Los investigadores ni entonces ni ahora supieron quién fue. Solo el que lo contrató puede decir si sigue vivo, si es que este lo está.

En solo 48 horas, el caso pasó por tres juezas. La primera, que estaba de turno, nunca atendió el teléfono de guardia. Tenía cosas más importantes que hacer: estaba de vacaciones en Cariló y el muerto no se iba a escapar, habrá pensado tal vez.

En esas horas, además, los detectives allanaron de urgencia el hotel donde paraba Medina, que cambiaba de lugar y de auto porque sabía que lo querían eliminar. De la habitación 241 se llevaron una notebook, que terminó en manos de funcionarios del gobierno socialista. Aunque la segunda jueza del caso nunca autorizó ese traslado ni su apertura, algunos necesitaban comprobar si el «Tony Montana» rosarino guardaba pruebas de su relación con políticos. Después de ese «pasamanos» de la computadora, el rumor se hizo mito.

Ya enero, tres policías de la División Judiciales de la Unidad Regional II de Santa Fe viajaron hasta Pilar, en la zona norte del conurbano bonaerense. Querían ingresar a la casa que Medina tenía en el Haras del Pilar La Pradera. Fueron con el suegro. Pero los guardias de seguridad lo impidieron: no tenían orden de allanamiento. Eso les costaría su pase a disponibilidad. Eso le costaría a Alejandra Rodenas, la tercera jueza del caso, el primer dolor de cabeza. El 10 de diciembre de 2019, Rodenas asumiría como vicegobernadora de Santa Fe.

Apurada por el falso allanamiento, la magistrada les ordenó a otros policías irrumpir en la propiedad en cuestión. Para entonces, ya había pasado una semana del crimen. También entraron a la de su vecino: justamente Nacusse, más conocido como «Patán». Amantes de los autos, Medina atendía Lume en Rosario y Nacusse manejaba otra concesionaria en la ciudad de Buenos Aires que estaba a nombre de otro empresario.

En el country, la víctima dejó un Volkswagen Passat. Tenía un doble fondo.

Por el local de Nacusse pasó, entre tantos otros, Claudio Torres, un rápido y furioso del narcotráfico al que en Córdoba llamaban «zar de la droga». En el 2014, «Patán» le vendió un BMW 330. Fierrero como pocos, Torres no solo lavaba las ganancias de la cocaína a través de los autos, los disfrutaba y en la ruta los pisaba a fondo. La carrera para él terminó el 16 de enero de 2019 en Río Cuarto cuando cayó bajo las balas del «fuego amigo» antes de que pudiera subir a su Audi TT o desenfundar su Browning.

Tenía 43, un año más que Medina.

Nacusse, en tanto, se pegó a Diego Xavier Guastini, más conocido como «Dolarín», que de atender una cueva financiera en la city porteña se convirtió en el capo del narcolavado de la Argentina. De tanto cenar en La Percanta, de Puerto Madero, se hicieron muy amigos.

También hicieron negocios: cuando se quedó con una casona de la calle Alem 1280, Lanús, Guastini la puso a nombre de su cuñado, alias «Mandril», un agente de la Secretaría de Inteligencia (SIDE) en el aeropuerto de Ezeiza, pero delegó en Nacusse la administración. Por ahí pasó Hugo Díaz, un financista desaparecido el 9 de marzo de 2015 después de entrar, casualmente, a la cueva de «Dolarín». También Juan José González Morito, una «mula» de Guastini que movía dólares y euros entre la Argentina y España. Ahora, un estudio jurídico importante atiende en esa vieja casona, que esconde más secretos.

A Guastini lo asesinaron el 28 de octubre de 2019 mientras conducía su Audi a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes. Como Medina, él también sabía que lo buscaban para ajustar las cuentas: para no pisar la cárcel, estaba «entregando» a varios de sus viejos clientes en la Justicia. Como Torres, no llegó a agarrar su Glock. Con tres tiros lo callaron para siempre.

Tenía 45, dos más que Torres, tres más que Medina.

A pesar de los crímenes de sus amigos, Nacusse siguió en el anonimato. Pero todo cambió el 14 de septiembre, como publicó Encripdata, cuando el fiscal Patricio Ferrari lo convocó para que declarara como testigo en el juicio contra Nicolás Pachelo, al que no solo acusaba de haber matado a María Marta García Belsunce en el Carmel sino también de cometer varios robos en otros countries. Los famosos escruches. Nacusse era una de las víctimas. No una vez, no. Dos veces entraron a su casa y las dos veces, el ladrón se fue con las manos llenas de relojes y algo más. En el juicio, sin embargo, no señaló a Pachelo sino a su propio mecánico.

Dos semanas después, el juez federal Jorge Rodríguez empezó a revelar una historia con «Patán» por primera vez en el centro de la escena: tuci y éxtasis para Portezuelo de Nordelta, con una banda dueña de autos de lujo, yates y hasta una avioneta Piper PA-23-250 Aztec. Esos bienes alimentarán, a su vez, un legajo por lavado de activos.

Otros de los detenidos: Esteban Fernando Tulli, alias «Zapatero», Ezequiel Carlos Luongo Uribe, Rubén Adrián Díaz Baigorria y Julio Michel Katzman, el dueño en los papeles de la avioneta. Tenían 5,9 millones de pesos, 78 mil dólares y 3300 euros.

Si bien su amistad con Medina llamó la atención a los investigadores, su bajo perfil le garantizó casi diez años de buenos negocios. De ganar mucha plata. Algunos recuerdan las fiestas con chicas en su yate Ema III con amarre en la zona norte. Otros, que festejaron su reciente caída, aseguran que lo que más le dolió a «Patán» no fue que un ladrón le robara de su casa los relojes sino el «canuto» que tenía a principios de 2018: 600 mil dólares escondidos detrás de la heladera, un golpe que nunca se imaginó y que, según esas malas lenguas, le provocó un pico de presión. Claro: como los verdes eran negros, no los pudo blanquear ante los policías que fueron detrás del delincuente.

Nacusse ahora pasa sus primeros días tras las rejas acusado de ser un narco vip de Nordelta. A sus 56 años, arriesgarse a pasar unas temporadas sin ver la luz del día podría considerarlo hasta como un hecho de buena suerte, la que no tuvieron sus amigos Medina, Torres y Guastini, que vivieron deprisa y murieron jóvenes, alcanzados por las balas de sus enemigos antes que por las investigaciones de la Justicia.