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Un paso adelante

«Te voy a romper el ort… hablé con la DEA»: el día que Guastini le declaró la guerra a alias «Iván»

Atachahua Espinoza, el narco peruano para el que Guastini lavó millones

Atachahua, el narco para el que Guastini lavó millones. Crédito: Ministerio de Seguridad.

– Iván.
– Diego, ¿qué querés?
– Te quiero decir que te voy a romper el orto, hablé con la DEA…
– Bueno, gracias por avisarme.
– De vos, tu mujer, tu hija…
– Voy a ver cómo me acomodo.

Después, no hubo nada más que hablar. Diego Xavier Guastini le acababa de declarar la guerra a Carlos Sein Atachahua Espinoza, alias «Iván». Se había preparado para ese momento. Había movido sus fichas. Efectivamente, había hablado, pero ante la Procunar, la fiscalía federal del Ministerio Público Fiscal (MPF) que, por su especialidad, la narcocriminalidad, es la que tiene línea directa con la Drug Enforcement Administration (DEA) de los Estados Unidos. Y no lo hizo una ni dos sino tres veces. Como imputado colaborador, como «arrepentido». El encuentro, breve, sucedió a mitad del 2019 en un bar de la calle Florida, en pleno microcentro porteño. Encripdata pudo reconstruir el diálogo a través de un testigo directo al que Guastini, para calmarlo, le explicó su jugada: «Es él o yo».

Ante el fiscal federal Diego Iglesias, Guastini recordó cómo empezó a hacer negocios con «Iván», al que, hasta que se peleó, llamaba «Iván el Uno» porque decía que era el mejor de los narcos peruanos instalados en el Gran Buenos Aires. Tan bueno que nunca lo pudieron «cortar» con cocaína en las manos en la Argentina. En su ficha, los investigadores solo tenían registro de una condena por un kilo en 1999 en Perú.

Por pedido de «Iván el Uno», Guastini organizó muchos viajes de «mulas» para mover las ganancias del narcotráfico entre la Argentina, España e Italia. Dijo haber perdido solo una vez entre 2004 y 2010. Fue el 14 de septiembre de 2007 cuando los policías les impidieron a Fernando Colanero y Cristian Andrés Bertoloto subir con 453.410 euros sin declarar en el aeropuerto de Barcelona. El resto clink caja.

Con lo «coronado», Atachahua Espinoza compró por 2 millones de dólares el estacionamiento de Rosario 230. Como todavía no había traído a su familia al país, sumó en los papeles a la mamá de Guastini como su socio de la empresa detrás del inmueble. Luego adquirió otra chocera por 5 millones al 740 de la misma calle. Y así con otras propiedades por 10 millones en total. O más.

Nadie sabe bien cómo ni cuándo, pero en un momento Guastini y Atachahua Espinoza se pelearon. «Iván», entonces, se llevó a trabajar a Miguel Ángel García Ramos, un financista peruano al que Guastini había ayudado a crecer en la city porteña. Como represalia por esa traición, le secuestró a la esposa y la hija. Para firmar una tregua, García Ramos le vendió sus oficinas de la calle Lavalle 482 y 662.

Con las «mulas» que usó para otra organización internacional, Guastini no tuvo tanta suerte: en varios viajes perdió 1.443.030 dólares y 1.524.715 que intentó mover entre 2013 y 2014 entre la Argentina, Ecuador, México e Italia. Caído en desgracia, los hermanos José Gonzalo y Erwin, los hermanos del clan Loza también decidieron prescindir de sus servicios. Acorralado, hizo una jugada tan determinante como sorpresiva: pactó en la Justicia.

Tras el acuerdo de colaboración, consiguió que los jueces del Tribunal Oral en lo Penal Económico (TOPE) 1 porteño le dieran a él y a la mayoría de sus «mulas» solo 3 años de prisión en suspenso. Así, se aseguró que no pasaría ni un solo día en la cárcel. Así, también, se aseguró que seguiría en el juego. No fue gratis: a cambio, debió empezar a «entregar» a sus viejos socios. Y eso empezó a hacer desde octubre de 2018. De «Iván» habló y mucho.

Tal vez porque le prometieron que a Atachahua Espinoza le estaban por caer, que eso sería inminente, tal vez porque quería mantener los códigos, como si «venderlo» no hubiera sido todo lo contrario, lo cierto fue que a mitad del 2019 le advirtió que le iba a «romper el orto con la DEA». Pero lo que le dijeron que era cuestión de días, se demoró. Demasiado. Más de la cuenta. Y al primero que rompieron fue a él: un sicario no muy profesional le acertó a Guastini tres tiros mientras manejaba su Audi por el centro de Quilmes. Eso fue la mañana del 28 de octubre de 2019. Más de dos años después, los detectives hasta ahora solo pudieron atrapar a Marcelo Fabián Padovani por haber ayudado a escapar al asesino por encargo.

Aunque algunos que trataron a Guastini dijeron que al único que le tenía miedo era a «Iván», lo único que soltó Padovani fue que a él lo contrataron «los colombianos».

A Atachahua Espinoza lo detuvieron el 21 de octubre de 2020. Por orden del juez Pablo Yadarola, también fueron arrestado la esposa Maribel Del Águila Fonseca, el financista García Ramos y Carla Violeta Correa Castañeda. Todos acusados por lavar millones con la ayuda de Guastini y su cueva financiera de la calle Florida 520.

Aunque los gendarmes buscaron por todos lados, al narco peruano nunca le encontraron las cientos de monedas de oro que Guastini dijo que tenía guardadas en caños de termo fusión.

«Iván» ya lo había dicho: «Voy a ver cómo me acomodo».