Una condena en tiempo de descuento contra la histórica coartada del clan Castedo

Condenaron a Roberto Castedo por narcotráfico

Condenaron a un Castedo por narco. Crédito: Ministerio de Seguridad.

Cuando lo atraparon en el monte, no tuvo mejor idea que decir que solo estaba allí para orinar. Mal momento para hacerlo: a las 2 de la madrugada en la Ruta Nacional 50, a la altura de Hipólito Yrigoyen, Salta, y a pocos metros de un auto encendido, con la puerta abierta y con 99 kilos de cocaína. Pero el vehículo, aunque estaba a nombre de otro, y la droga eran suyos. Encripdata pudo saber que los «ladrillos» tenían un delfín, el sello siempre adjudicado a su hermano, aunque ese animal en realidad sería la marca registrada del Cártel del Golfo, fundado por Juan Nepomuceno Guerra en la Heroica Matamoros, ciudad fronteriza de México con Estados Unidos.

Fuera de quien fuera el sello, Roberto César Castedo cayó in fraganti.

Eso fue el 24 de enero de 2018. El juez del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 2 de Salta lo sentenció el 25 de agosto de 2020 a seis años y medio de prisión por transportar esa droga, con una pureza de entre 25 y 80 por ciento, para venderla en el mercado local.

Ahora, la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal rechazó el recurso de casación interpuesto por el abogado de Castedo al considerar que los investigadores pudieron demostrar en el juicio que el narco no había frenado en la ruta para orinar sino para escapar de un control de tránsito.

Aquella noche, oficiales de la Gendarmería estaban a un costado de la ruta en Pichanal para controlar autos al azar aunque tenía el dato de que por allí podría pasar un auto marcado para hacer una «entrega controlada». Era el de Castedo. Pero al verlos en el horizonte, giró en U e intentó huir por donde había llegado. No fue muy lejos: los uniformados lanzaron una alerta a un patrullero de la zona. Castedo se metió en Hipólito Yrigoyen, se topó con una calle sin salida y no tuvo más opción que seguir a pie por el monte. Pero, en ese momento, los gendarmes lo apuntaron con sus linternas.

Luego secuestraron las cuatro bolsas de arpillera donde llevaba los 112 «ladrillos» de cocaína.

Todo había terminado para Castedo.

Para sus hermanos, en cambio, los problemas recién empiezan: este año, si el tribunal se decide, Delfín Reynaldo Castedo y Raúl Amadeo Castedo deberán sentarse en el banquillo de los acusados por el crimen de Liliana Ledesma. Lo de sentarse en el banquillo de los acusados, a esta altura, es figurativo: el defensor exigió que el debate fuera presencial a pesar de la pandemia, pero los responsables del Servicio Penitenciario Federal (SPF) no trasladaron a los Castedo desde la cárcel de Ezeiza, en Buenos Aires, hasta Orán, por lo que los jueces postergaron el juicio «hasta nuevo aviso«.

La histórica pelea entre los Castedo y los Ledesma en Salvador Mazza, frontera entre Argentina y Bolivia, terminó con la muerte de Liliana el 21 de septiembre de 2006 a manos de sicarios. Como autores materiales fueron condenados Lino Abdemar Moreno, Casimiro Torres, Gabriela Aparicio y Ani Tárraga. Y como encubridores, Patricia Guerra y Juan Moreno. Para la familia Ledesma, los Castedo fueron los autores materiales.

Los Castedo siempre negaron haber ordenado el crimen de Liliana. Hicieron algo más: dijeron que el que era narco no eran ellos sino el marido de Ledesma, el boliviano Gilberto Villagomez Arancibia, que unos años antes había sido ejecutado en su auto en Salvador Mazza.

De hecho, Delfín, consiguió cuatro sobreseimientos al hilo en los últimos dos años porque, como Encripdata publicó el 21 de febrero de 2021, otros jueces y fiscales relativizaron las pruebas en su contra por narcotráfico o advirtieron errores procesales que no podían dejar pasar que terminaron, por caso, en su sobreseimiento por prescripción de la acción penal como presunto proveedor de «Carbón Blanco«.

Pero la condena a Roberto por trasladar cocaína en Pichanal les arruinó la coartada a Delfín y Amadeo de que los Castedo no eran un clan narco.