Bala na cara en la Argentina

Bala na cara en la Argentina. Crédito: Ministerio de Seguridad.

Bala na cara se llaman porque el tiro de gracia a sus víctimas se lo dan en el rostro para que sus familiares no los puedan velar a cajón abierto.

Los rivales no piden piedad cuando caen en sus manos sino «bala na cara, não» para que sus padres no se enteren de la vida que llevaron.

Bala na cara nació en Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil, opera en Paraguay y suena cada vez con más fuerza en la Argentina.

Néstor Fabián Rojas, ahora acusado de intentar matar al juez Fernando Verón, utiliza sus servicios incluso desde la cárcel de Ezeiza.

La Gendarmería detuvo el 14 de septiembre de 2019 a cuatro brasileños que se movían por San José, Misiones, en un Honda HR-V matriculado en Porto Alegre: cargaban cinco pistolas Trabzon calibre .380 mm, una Smith and Wesson calibre .40 y una Taurus 9 mm.

A los investigadores no les llamó la atención los precintos, silenciadores y los gramos de marihuana para fumar, pero sí les preocupó los chalecos de la Policía Federal (PFA). Nebrisky, Ortigoza y Flores, los nombres en los uniformes, fueron, entonces, todo un misterio.

Cuando constataron la peligrosidad de los arrestados, las autoridades decidieron trasladarlos de inmediato de la cárcel local a una de máxima seguridad. La elegida fue la de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires, muy lejos de la frontera con Paraguay y Brasil.

Si bien los jueces Fernando Verón, Marcelo Cardozo y Miguel Ángel Guerrero consideran oficialmente que los capturados pertenecen al Primeiro Comando da Capital (PCC) porque el «Negro» Rojas, al que investigan por diferentes delitos, está relacionado con ese cártel brasileño, una fuente de seguridad que conoce los movimientos en la frontera le aseguró a Encripdata que en realidad son de Bala na cara.

Bala na cara es un brazo armado que realiza operaciones para el PCC como la Oficina de Envigado lo hacía para el Cártel de Medellín, en Colombia, y La Línea, para el Cártel de Juárez, en México.

Las autoridades recién comunicaron el traslado de los brasileños cuando ya estaban en la cárcel de Ezeiza. Pero nunca sus identidades. Hasta ahora. Encripdata accedió a sus nombres gracias a esa fuente de la investigación.

Jociel Brinck Guterres

*2009: robo en la calle.

*2012: robo calificado.

*2014: robo calificado.

*2015: posesión de droga.

Hemerson Olivera Machado

*2010: robo.

*2012: lesión corporal leve.

*2014: lesión corporal.

Josué Silva de Aguiar

*2009: tráfico de cocaína y crack.

*2011: amenaza.

*2011: incendio de una cárcel y daño al patrimonio.

*2017: tráfico de estupefacientes.

*2019: pedido de captura internacional.

Fabio Moreira de Oliveira

*2005: robo común.

*2005: robo de auto.

*2006: lesión corporal con arma de fuego.

*2008: robo.

*2017: tráfico de estupefacientes.

Llamativamente, los responsables de Ezeiza los ubicaron en el pabellón en el que estaba el «Negro».

Pero ninguno de los cuatro declaró ante la Justicia ni reveló para qué tenían la ropa de la PFA. El misterio de Nebrisky, Ortigoza y Flores siguió.

La Gendarmería arrestó el 27 de mayo a dos personas que iban por Posadas en un Nissan Sentra con pedido de secuestro en Esquel. Eran el argentino Luis Miguel Baden y el paraguayo Andrés Torres. A Baden lo vinculaban con los brasileños y a Torres con Rojas.

En consecuencia, los investigadores allanaron sus casas. Allí detuvieron a dos personas más, incautaron dos motos y siete autos y secuestraron una Glock 9 mm, un fusil M-16 semiautomático, una escopeta, municiones, tres cascos, antiparras y coderas.

Y, para su sorpresa, más uniformes de la PFA. Uno tenía inscripto Nebrisky. Eso cerró el misterio de los otros chalecos. Así confirmaron lo que sospechaban: que los cuatro brasileños formaban parte con Baden y Torres de la banda liderada por Rojas.

Para fortuna de los uno de los tres magistrados que tenían en la mira a Rojas, los investigadores continuaron con el caso.

Así recuperaron los mensajes de texto en los que Rojas, desde la celda, le ordenó a Baden matar al juez Verón, como publicó El Territorio.

El «Negro» cayó por los crímenes de Sebastián Vega, Rodrigo Ibarra y Aldo Andrés Cantero y por el tráfico de 1779 kilos de marihuana. En consecuencia, Rojas quiso resolver sus problemas de la misma manera que los había empezado: a sangre y fuego.

Dale, para el finde, trabajamos A y 3 del blanco también. Sí, ve, todo bien, bien, loco, es hora de que pague todo, hijo de mil. Aprovechá estos días libres. Foto, filmación. Todo voy a comprar. Unos radios, comunicación única, vamos a comenzar a armarnos.

Néstor «Negro» Rojas

Baden cumplió: hizo la inteligencia en la zona. Rojas, al parecer, también cumplió: de algún lugar salieron las armas secuestradas.

Lo que no imaginaron fue que el Gobierno decretara el 20 de marzo el «aislamiento social, preventivo y obligatorio» frente al coronavirus. Los nuevos sicarios brasileños que había conseguido Rojas nunca pudieron cruzar la frontera hacia el lado argentino.

Como le dijo un juez a Encripdata, «a Verón lo salvó la pandemia».

Pero el caso Rojas reveló que Bala na cara ya hizo pie en la Argentina.