Sancho recuperó la libertad: las avionetas con cocaína, la amenaza a una jueza y el crimen de Candela
Sancho recuperó la libertad: las avionetas, la amenaza y Candela. Crédito: Encripdata.
Ocho años, nueve meses y 17 días después, Gustavo Sancho, uno de los mayores narcotraficantes de la provincia de Buenos Aires, recuperó este miércoles la libertad, según el fallo al que accedió Encripdata. El Tribunal Oral Federal (TOF) 2 de San Martín le concedió la excarcelación en los términos de la libertad condicional luego de cumplir dos tercios de la pena por haber sido condenado como organizador del tráfico de cocaína y por el lavado de activos de las ganancias.
En rigor, Sancho cumplía la pena en su casa de la Ciudad desde el 22 de agosto de 2025 bajo una caución real de 50 millones de pesos -alrededor de 35 mil dólares o 9 «ladrillos» puestos en la provincia-. Ahora, podrá volver a la calle, aunque con ciertas pautas de conducta, pero no salir del país.
La jueza federal Sandra Arroyo Salgado y el fiscal Fernando Domínguez decidieron arrestar a Sancho y compañía el 14 de noviembre de 2017 luego de vincularlo con cuatro avionetas accidentadas: la del 25 de agosto de 2015 cuando un fiscal de Asunción, apoyado por los agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), secuestró 372 kilos de cocaína descargados por un piloto en una estancia de Itapúa que no terminó preso por pocos segundos; la del 11 de julio de 2016 cuando policías de Entre Ríos encontraron un Cessna 210 Centurión chocado en la Colonia Margarita; la del 9 de septiembre de 2016 cuando otro fiscal de Asunción, apoyado por la Senad, detuvo al piloto brasileño Heitor Antonio Machado luego de aterrizar su Cessna 210 Centurión con 396 kilos de cocaína en once bolsas de arpillera en Las Maricelas, Yasy Kañy; y la del 14 de diciembre de 2016 cuando un piloto estrelló un Cessna 210 Centurión en los alrededores de un campo de San Jorge.
Poco después de su caída, el 3 de abril de 2018, José Damián Sofía, alias «Tano», otro de sus socios en el negocio, llamó insistentemente al juzgado federal de San Isidro a cargo de Arroyo Salgado. No una ni dos veces. Ocho en total. Dijo llamarse Jorge, su alias. Después, harto de marcar y no poder hablar con la magistrada, le dijo a su secretaria que le pasara el mensaje: «Esto va de parte de la familia de Gustavo Sancho. Esto no da para más. O liberan a todos o a la jueza le va a pasar como a Nisman y a sus hijas, como a Candela».
Candela Sol Rodríguez tenía solo 11 años la tarde del 22 de agosto del 2011 en la que la raptaron a metros de su casa. La banda la mantuvo cautiva nueve días, al menos, en tres lugares. En una de ellas, la famosa «casa rosa» de la calle Kiernan al 900, los investigadores encontraron su ADN en un vaso de vidrio. Pero para ese momento ya era demasiado tarde.
Nueve días después, el 31 de agosto del 2011, la Bonaerense encontró el cuerpo de la nena en una esquina. Estaba en una bolsa negra, una escena secundaria del crimen pisada hasta por el gobernador Daniel Scioli.
En estos quince años, Alfredo «Juancho» Rodríguez declaró, al menos, cinco veces para intentar determinar quién pudo haber ordenado el secuestro de su hija. Siempre mencionó a Héctor Moreyra, alias «Topo» por su oficio: «buchón» de la Bonaerense. Siempre, también, a Sergio Fabián Chazarreta, alias «Chino», policía en San Martín. En tres apuntó, precisamente, contra Sancho, pero nunca contra Miguel Ángel Villalba, el famoso «Mameluco».
Sin embargo, el fiscal Mario Ferrario imputó a Villalba y no a Sancho. Ni siquiera la familia de Candela acompañó esa teoría: la mamá Carola Labrador saludó con un beso al acusado y renunció como particular damnificada en el juicio por la autoría intelectual.
Con el tiempo, un tribunal condenó a Sancho a 11 años y 6 meses de prisión por las avionetas con cocaína. También a su esposa, sus tres hijos y otros miembros de la organización. Otro tribunal condenó a Sofía a 5 años de prisión por amenazar a la jueza Arroyo Salgado para que liberara a su socio y a 11 años de prisión por mover 1658 kilos en Rosario. Y otro tribunal absolvió a Villalba porque no había pruebas para responsabilizarlo por el crimen de Candela.
Hoy, Candela tendría 26, pero alguien se la llevó de este mundo a los 11 para vengarse del padre. De acá también se llevará el secreto a la tumba. Por ahora.
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