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El hilo invisible entre el crimen y el poder

El regreso de «Bado»: de traficar efedrina para «don Jesús» en Asunción a comprar lanzagranadas para el CJNG en Praga

Gaxiola, de traficar efedrina en Asunción a comprar lanzagranadas en Praga

Gaxiola, de traficar efedrina en Asunción a comprar lanzagranadas en Praga. Crédito: Encripdata.

Ese martes por la noche, luego de un largo viaje, Leobardo Gaxiola López, alias «Bado», y tres miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) llegaron a Praga. Al día siguiente, tenían agendado encontrarse con un contacto para cerrar un negocio: metanfetaminas a cambio de ametralladoras, lanzagranadas, morteros y municiones. Ansiosos, ya los estaban esperando, pero no el vendedor de armas sino la Policía de República Checa y la DEA de los Estados Unidos.

El fiscal de Tampa, Gregory W. Kehoe, anunció el 11 de agosto la detención de «Bado» y los tres miembros del CJNG: Edgar Alejandro López Velasco, Noé Díaz Jiménez y José Miguel Alvarado Morales, ahijado de Audias Flores Silva, alias «Jardinero». Desde el 22 de febrero, cuando el Ejército abatió a Nemesio Oseguera Cervantes en Tapalpa, Flores Silva intentó erigirse como sucesor del «Mencho», pero la Marina lo arrestó el 27 de abril en Nayarit.

República Checa ya entregó a López Velasco y Alvarado Morales a los Estados Unidos. El fiscal Kehoe les imputó, entre otros, el delito de narcoterrorismo. Esas armas, explosivas, las querían para atacar a otros cárteles y a las fuerzas armadas de México. En cambio, «Bado» y Díaz Jiménez aún continúan en Praga.

Por estas horas, Gaxiola, seguramente, no deje de pensar qué salió mal para caer otra vez como el 2 de octubre de 2008, mientras pretendía abordar un vuelo en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi con 5 kilos de efedrina escondidos en tres paquetes de yerba mate Rosamonte.

Los agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) se lo impidieron. Aquella vez, confesó de inmediato. En el hotel donde paraba en Asunción arrestaron a los cómplices, Jorge Almanza Guzmán y, ni más ni menos, Juan Jesús Martínez Espinoza.

Enseguida, Paraguay extraditó a «don Jesús» hacia la Argentina porque había montado una cocina de metanfetaminas en una quinta de Ingeniero Maschwitz. La DEA, además, buscaba relacionarlo con las ejecuciones de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina.

Esos rumores alimentaban al personaje. Todos le temían. Algunos lo llamaban «don Jesús»; otros, «el jefe de jefes». El 17 de noviembre del 2008, el juez federal Federico Faggionatto Márquez lo indagó. Para su sorpresa, admitió conocer a Forza, pero negó tener relación con el triple crimen, según la declaración a la que accedió Encripdata.

«Me enteré por los medios que secuestraron 700 kilos de cocaína en un procedimiento en el que fueron detenidos dos mexicanos. Ellos tenían una relación muy estrecha con Rodrigo Pozas Iturbe. Son integrantes de un cártel, tengo que confirmarlo, pero podrían ser de ‘los Cuinis’. Son muy violentos, deben tener cuidado».

Y como si la indagatoria se tratara de un juego de roles, buscó ganarse la confianza del juez: «Para avanzar en el triple crimen, deberían profundizar esta investigación porque los detenidos podrían haber tenido algún tipo de intervención». Después, negó la acusación en su contra por narcotráfico.

En Argentina en 2008, la DEA operaba para pegar a los cárteles mexicanos a las ejecuciones de Forza, Ferrón y Bina. Entonces, los narcotraficantes de Sinaloa y Jalisco buscaban limpiarse ensuciando a otros. En realidad, lo único que provocó el triple crimen de General Rodríguez fue cortar para siempre la ruta de la efedrina en la Argentina, como deseaba la DEA.

Con menos cartel sobre sus espaldas que su jefe, Paraguay condenó a «Bado» y a Almanza a 12 años de prisión. Enterada, su novia intentó visitarlo, pero también fue detenida, el 3 de mayo de 2009, en el aeropuerto de Asunción. Argentina la buscaba por lo mismo: tráfico de efedrina. María Alejandra López Madrid no era una mujer más en el narcotráfico internacional: en la prensa siempre la relacionaron sentimentalmente con Joaquín «Chapo» Guzmán. Ella, sin embargo, solo reconoció como pareja a Gaxiola.

De 63 años, «Bado» podría haberse retirado del negocio, pero cuando puso un pie en México por primera vez en doce años, prefirió reactivar sus contactos. México había cambiado mucho en ese tiempo: Estados Unidos había condenado al «Chapo» a prisión perpetua, el Cártel de Sinaloa empezaba a romperse en mil pedazos y el CJNG, que no existía cuando él viajaba por América del Sur buscando precursores químicos, ahora era el más poderoso del mundo.

De María Alejandra no se supo más nada luego de pagar sus cuentas en Buenos Aires.

«Bado» duró seis años en libertad, pero no pudo escapar de su destino.


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