«Cooperas o cuello»: México condenó a Zhenli Ye Gon a 15 años de prisión por los 205 millones de dólares en su casa
México condenó a Zhenli Ye Gon por los 205 millones de dólares en su casa. Crédito: FGR.
205 millones de dólares en efectivo, uno sobre otro. El cargamento de billetes llenaba la habitación. Eso fue lo que encontró la Procuración General de la República el 15 de marzo de 2007 en la mansión de Sierra Madre 515, colonia Lomas de Chapultepec, Ciudad de México. Tanta plata guardaba Zhenli Ye Gon, alias «Mister Lee», que la PGR demoró más de un día en contarla. Tenía más: 201 mil euros, 17 millones de pesos mexicanos y 113 mil dólares hongkoneses. A 19 años de la incautación, un juez, finalmente, lo condenó a 15 años de prisión por el delito de operaciones con dinero ilícito, pero solo deberá pagar una multa de 8 mil dólares, según pudo saber Encripdata.
El empresario chino Ye Gon se naturalizó mexicano. En el país de adopción creó cinco sociedades. La más importante: Unimed Pharm Chem México SA de CV, una farmacéutica.
Las autoridades llegaron a “Mister Lee” por otros cargamentos, pero de pseudoefedrina: 3,5 toneladas descubiertas en 2005 en el puerto de Manzanillo, Colima, y 19,5 toneladas más halladas en 2006 en el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.
El 1 de diciembre de 2006, Felipe Calderón asumió la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos. Diez días después envió al Ejército a combatir a los cárteles en Michoacán. Así empezó la “guerra contra el narcotráfico”. Fue un antes y un después en la historia de la nación. Marcado a sangre y fuego, México nunca volvería a ser el mismo.
Para entonces, la Operación Dragón, de la PGR y la DEA de los Estados Unidos, ya estaba en marcha. Y con esta, Calderón anotó su primer éxito con la incautación de los 205 millones. Fue récord. Nunca más un gobierno le sacaría tanto dinero en efectivo al crimen organizado.
El 24 de julio de 2007, la jefa de la DEA, Karen Tandy, anunció la captura de “Mister Lee” en Wheaton, Maryland: “Hemos detenido no solo al hombre detrás del dinero sino también al hombre detrás de la metanfetamina. Puede que nunca haya tocado las drogas, pero facilitó su comercio masivo a través de la intermediación de productos químicos para los capos”.
Todos ganaron: México se quedó con los millones para dar un golpe de efecto a poco de iniciar su “guerra” y Estados Unidos se quedó por un tiempo con el acusado y, en consecuencia, con todos los secretos de su negocio.
Ye Gon no se quedó callado. En estos estos años, en alguna entrevista, llegó a decir que ese cargamento de dólares no era suyo sino del gobierno mexicano, pero que un operador político le ordenó que lo escondiera en su casa, caso contrario, todo acabaría mal: «Cooperas o cuello», pronunció con suavizado castellano.
Como sea, la “guerra contra las drogas” en los Estados Unidos empezó antes, el 17 de junio de 1971, cuando el presidente Richard Nixon, en un mensaje al Congreso, anunció “un ataque en todos los niveles al problema del abuso de las drogas”. Para hacerle frente a lo que consideró “el enemigo público número uno”, creó la DEA dos semanas después.
En la primera década del nuevo milenio, la guerra ya era contra las drogas duras, las blandas y las sintéticas, como las metanfetaminas, y contra los precursores químicos. Para eso, todas las oficinas de la DEA alrededor del mundo empezaron a monitorear las rutas de este y otros precursores químicos necesarios para fabricar metanfetaminas. Aunque la pseudoefedrina era menos potente que la efedrina, los traficantes, con tal de mantener la producción, usaban las dos sustancias en las meths, ice o crystal.
Por eso mismo, el presidente Bush promulgó el 9 de marzo de 2006 la ley para la lucha contra la epidemia de la metanfetamina (CMEA), con la que buscaba regular el circuito de la efedrina, pseudoefedrina y fenilpropanolamina. Para el mercado local establecía pautas de comercialización, cuotas de producción, notificaciones previas de importación y exportación. En cambio, para el comercio internacional, por ejemplo, imponía sanciones a los distribuidores extranjeros que no compartieran información.
La sección 723 de la ley rezaba: “El secretario de Estado, por intermedio del subsecretario de la Oficina Internacional de Asistencia Antinarcóticos y Cumplimiento de la Ley (INL), tomará las medidas que sean necesarias para prevenir el contrabando de metanfetaminas hacia los Estados Unidos desde México”.
Para eso contaría con un presupuesto de 4 millones de dólares para el 2006 y otros tantos para 2007. Eso sí: una vez por año debía rendir cuentas al Congreso.
Mientras tanto, en el otro extremo del continente, otra ruta se abría camino: la importación en la Argentina, donde promedió los 1200 a 1500 kilos entre 1999 y 2003, saltó a los 2900 kilos en 2004. Subió a los 4225 kilos en el 2005. Para el 2006 fueron 9900 kilos. Alcanzaron los 19.150 kilos en 2007. Y para mitad del 2008, superaban las 21 toneladas.
Y, entonces, llegó el 7 de agosto de 2008. Ese día, engañaron, secuestraron y ejecutaron a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. El 13 de agosto, plantaron sus cuerpos en un zanjón de General Rodríguez. El triple crimen cortó para siempre el negocio de la efedrina en la Argentina. Un mes después, el 5 de septiembre, el gobierno de Cristina Kirchner no tuvo más remedio que prohibir su importación. La DEA dio por terminada la misión.
Recientemente, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que Estados Unidos, así como bombardeó lanchas, también atacará por tierra en América Latina: «Donde quiera que trafiquen drogas o amenacen al pueblo estadounidense o a nuestros socios, son un objetivo, igual que el Estado Islámico o Al Qaeda». El gobierno de Javier Milei sumó al país a la Coalición Anticárteles de las Américas (A3C).
Washington ya no necesitará de operaciones de falsa bandera para cumplir con sus objetivos.
Y lo informó justo un 13 de agosto.
Somos un medio especializado en el crimen organizado en la Argentina, sus relaciones subterráneas y sus conexiones internacionales. Hacemos periodismo de investigación sin recurrir a pauta oficial ni a publicidad privada. Somos Encripdata, el hilo invisible entre el crimen y el poder. Si te gustó esta historia, ayudanos a contar la próxima.