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El hilo invisible entre el crimen y el poder

«No guardes esos videos»: la banda movió una tonelada de cocaína un año después del triple crimen de Florencio Varela

"No guardes esos videos": la banda movió una tonelada de cocaína un año después del triple crimen de Florencio Varela

La banda movió una tonelada de cocaína un año después del triple crimen. Crédito: Encripdata.

-Pasame el video…
-¿Cuál será?
-Cuando le cortan…
-No guardes esos videos, por favor, lo borro en dos minutos.

La noche del 24 de septiembre, Pablo Daniel Macalopu Cafferata, alias «Roger», un peruano de 35 años, pidió un archivo y enseguida se lo reenvió a «Dominik» por Zangi. El destinatario, aunque de su confianza, debía recibir un cargamento de 200 kilos de cocaína y enfriar en algún lugar de la zona oeste del conurbano bonaerense. El video en cuestión, una sesión de tortura, era un anticipo de lo que le esperaba a quien se quedara con lo ajeno. Hablaba en serio.

Dos semanas después, el 6 de octubre, «Dominik», un español nacionalizado peruano de 32 años, guardó otro cargamento de 207 kilos en una casa de La Reja, Moreno. Estaba solo, pero no por mucho tiempo: detectives de la Policía de Seguridad Aeroportuaria irrumpieron allí por orden de la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, luego de investigarlos por casi un año junto con el fiscal Fernando Domínguez. Esa misma noche cayó Macalopu Cafferata y cuatro personas más.

Luego empezaron las medidas de rutina: abrir los teléfonos y ver qué hay. Aunque lo habían borrado, los investigadores pudieron recuperar el archivo de 2 minutos y 39 segundos. La sorpresa fue doble: por el horror mismo y, como reveló Encripdata, por tratarse, ni más ni menos, de las torturas previas a los asesinatos de Brenda del Castillo, de 20 años, Morena Verdi, de 20, y Lara Gutiérrez, de 15, cometidos entre la noche del 19 y la madrugada del 20 de septiembre de 2025 en una casa de Villa Vatteone, Florencio Varela.

La magistrada les informó del hallazgo al juez federal de Morón, Jorge Rodríguez, y a la fiscal Mariela Labozzetta. En el mismo, «Roger» promete perdonarle la vida a una de las víctimas a cambio de información sobre el robo de un cargamento de cocaína, pero sus subalternos ya habían comprado palas para cavar el pozo, en el patio, donde finalmente la Policía Bonaerense las encontró.

El video prueba la presencia de Macalopu Cafferata. Una fuente apuntó a él y a Edbar Ruiz Pérez como los jefes de la organización narcocriminal. A Ruiz Pérez ya lo mataron. También demuestra la participación de dos personas más hasta entonces no mencionadas y ubica en la casa a Tony Janzen Valverde Victoriano, alias «Pequeño J», quien colaboró en la planificación, la logística, el traslado, el aseguramiento del lugar de cautiverio, el control y sometimiento de las chicas.

Al principio, el expediente estuvo brevemente a cargo del fiscal Gastón Duplaá a partir de la denuncia por paradero y luego, una vez hallados los cuerpos enterrados, pasó a manos del titular de la UFI Homicidios de La Matanza, Adrián Arribas, y un equipo de fiscales.

El fiscal Arribas, cuando dictaminó las prisiones preventivas, detalló dos etapas del iter criminis: el primero, sucedido entre el 6 y el 19 de septiembre, el robo de un cargamento de drogas por parte de «allegados o conocidos» de Brenda, Morena y Lara a la organización de «Pequeño J»; el segundo, el mismo 19 de septiembre, los secuestros, torturas y homicidios de las víctimas. Luego, el expediente, por tratarse de un hecho en el contexto del narcotráfico, pasó al fuero federal.

Entre la noche del triple crimen y la madrugada de su caída, Macalopu Cafferata perdió 16 miembros de su organización, imputados con diversos roles. Y el Ministerio de Seguridad Nacional ofreció recompensas de hasta 10 millones de pesos por cinco prófugos. Sin embargo, eso no le impidió, en sus últimos ochenta días de actividad, mover una tonelada de cocaína entre Salta y el Gran Buenos Aires.

Si las chicas o al menos una de ellas aportaba información a otra organización, aún no lo pudieron determinar con certeza, pero «Roger» tal vez no buscaba recuperar el cargamento esa misma noche. Personas dispuestas a trabajar, contactos de todos lados y una línea de abastecimiento no le faltaban. Y en su casa guardaba 175 mil dólares.

Con el triple crimen, entonces, decidió disciplinar a propios y extraños.

Y con el archivo, a quienes aún tuvieran dudas de lo que era capaz.


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