Encripdata

El hilo invisible entre el crimen y el poder

Condenaron a Baeta y a otros jefes de la Bonaerense a 17 años de prisión por robarle 500 kilos de cocaína al clan Loza

Un testigo apuntó a la Bonaerense por el crimen de Guastini

Un testigo apuntó a la Bonaerense por el crimen de Guastini. Crédito: Encripdata.

Al día final del juicio, el subteniente Adrián Gonzalo Baeta, alias «Palermo», llegó visiblemente desmejorado. Su barba, crecida, desprolija, cubría sus expresiones más importantes. Llevaba cinco años en Marcos Paz, la segunda cárcel de máxima seguridad del país. Sus abogados Fernando Arias Caamaño y Carolina Lazetera, que lo defendieron estos dos años de debate, también estaban expectantes. Pero este miércoles, los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín le informaron que deberá seguir allí mucho más: en total, 17 años de prisión por varios delitos, con varios agravantes, que se resumieron en el caso popularmente conocido como «Leones Blancos», es decir, con uniforme de la Bonaerense puesto, robarle alrededor de 500 kilos de cocaína a la organización narcocriminal de Erwin Loza, alias «Nene».

Los magistrados Silvina Mayorga, Héctor Omar Sagretti y Daniel Omar Gutiérrez sentenciaron a la misma pena a otros dos jefes policiales, los comisarios Juan José Magraner y Marcelo Di Rosa, de la Delegación Drogas Ilícitas (DDI) de Quilmes, por los mismos delitos: uso de documento público falso, falsedad ideológica de documento público, peculado y tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, doblemente agravado por su comisión en forma organizada por tres o más personas y por haber sido cometido por un funcionario público encargado de la prevención o persecución de los delitos previstos en la ley de estupefacientes.

Este debate, en realidad, fue la sumatoria de varios casos con un denominador común: el armado de expedientes judiciales entre Claudio Scapolan, por entonces fiscal de Investigaciones Complejas de San Isidro, y policías de esa jurisdicción, de Moreno y de Quilmes.

En total, los jueces condenaron a 19 policías bonaerenses, a dos abogados, a un expolicía federal devenido en informante de la Bonaerense, a otro informante que hacía las veces de testigo trucho y a dos traficantes, según el fallo al que accedió Encripdata.

Y si bien el exfiscal Scapolan no estuvo en el banquillo de los acusados, el fiscal Marcelo García Berro preparó el terreno para lo que será el tercer proceso de esta historia: «En este juicio ha quedado plenamente demostrado que reducir la responsabilidad de Scapolan a una simple falsedad documental, como si se tratara apenas de un acto aislado de adulteración administrativa, constituye una visión errónea y notoriamente insuficiente».

Ante la Cámara Federal de San Martín, Scapolan consiguió reducir al máximo la imputación en su contra -una simple falsedad ideológica de documento público- y, así, demoró la elevación a juicio de su parte. Sin embargo, si él no hubiera inventado la denuncia anónima con los tres jefes de la Bonaerense hoy condenados por eso mismo, no habrían podido robar la media tonelada de cocaína. «Esa calificación le queda chica», insistió el fiscal García Berro.

Aquel 29 de diciembre de 2013, el comisario Magraner y Scapolan hablaron dos veces. Según el registro telefónico, a las 16.19 y 16.32. Lo hicieron antes -y no después- de la falsa denuncia anónima anotada en el libro de guardia a las 17.35. Y aunque Carlos Daniel Maidana se hizo cargo de la llamada, ni siquiera se gastó en marcar el celular.

Esa llamada nunca existió. Todo había empezado unos días antes, en la cueva financiera de Diego Xavier Guastini, alias «Dolarín», ubicada en la calle Florida 520, a solo ocho cuadras de la Casa Rosada, cuando el colombiano Alberto Mejía, «Papo», cambió euros por dólares para comprarle una tonelada de cocaína a Erwin Loza, alias «Nene».

Como demuestra el video al que accedió Encripdata, Guastini, como «arrepentido», confesó que ni bien terminó la operación cambiaria, le avisó a su amigo Baeta lo que estaba por suceder. Amigos de la infancia, el financista y el policía acordaron robarles a los narcotraficantes y repartirse el cargamento. Como intervendría la Bonaerense, tendrían que dejar algo para incautar en el operativo.

En el primer juicio, un tribunal, al dar por probado el armado del caso, absolvió a los narcos y ordenó investigar al fiscal y a los policías. En este, el tribunal condenó a los uniformados y ordenó investigar a los traficantes por mentir como testigos. En el tercero, otro tribunal deberá juzgar a Scapolan.

En estos trece años, murieron ocho protagonistas de esta historia: algunos, en la cárcel; otros, en circunstancias más extrañas. Y a Guastini, pocos días después de declarar como «arrepentido», lo ejecutaron el 28 de octubre de 2019 a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes. Baeta fue el primer policía en llegar a la escena del crimen.

Nadie sabe qué sentimiento llevó a «Palermo» a tomar una foto a la lápida de su amigo.

Quizás, ahora, la Justicia pueda determinar quién mandó a matar a «Dolarín».


Somos un medio especializado en el crimen organizado en la Argentina, sus relaciones subterráneas y sus conexiones internacionales. Hacemos periodismo de investigación sin recurrir a pauta oficial ni a publicidad privada. Somos Encripdata, el hilo invisible entre el crimen y el poder. Si te gustó esta historia, ayudanos a contar la próxima.

Invitame un café en cafecito.app

About Author