El video que resolvió el crimen de Recoleta: así identificaron al sicario uruguayo con peluca
Rodolfo Caraballo, el sicario que mató a dos uruguayos en Argentina. Crédito: Encripdata.
El juez federal Adrián González Charvay cumplió este lunes con la formalidad de indagar al sicario Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar, uruguayo de 32 años, por los crímenes de dos compatriotas cometidos en octubre de 2024 en Pilar y en diciembre de ese año en Recoleta. Luego de escuchar los hechos imputados, las pruebas y sus derechos, el acusado decidió no declarar. Encripdata accedió a un video que, en esta instancia, les permitió a los investigadores resolver el segundo asesinato y, entonces, les dio la posibilidad de razonar hacia atrás para esclarecer el primero.
El 12 de diciembre de 2024, exactamente a las 00:51 horas, un hombre esperó en una Volkswagen Suran estacionada sobre la calle Paraguay al 2900, Recoleta, observó, por fin, el paso de Fabián Sturm Jardón, saltó del vehículo, dio tres pasos y abrió fuego. Uno, dos, tres. Por la espalda. Sobre seguro. Este sicario vestía anteojos de sol, peluca, remera de mangas largas, pantalón gris y zapatillas negras. Después de salir corriendo de la escena del crimen, se subió a un Fiat Cronos.
Exactamente seis minutos después, a las 00:57 horas, el sicario frenó en el Abasto, descartó la peluca, la remera y la pistola en el auto y caminó por el barrio. Sin embargo, una cámara de seguridad lo captó en ese momento: seguía vistiendo el pantalón gris y las zapatillas negras. Su cara y sus mangas de tatuajes quedaron al descubierto.
Entonces, los detectives del Departamento Investigaciones del Narcotráfico de la Prefectura y de la División Homicidios de la Policía Federal cruzaron datos hasta que pudieron identificarlo. Era Caraballo. Y, gracias al peritaje balístico, determinaron que usó la misma Glock 19 en un primer asesinato. Y entre ellos y los fiscales Sebastián Bringas y Diego Iglesias razonaron hacia atrás. Tanto que reconstruyeron sus pasos desde Montevideo en 2022.
Aquel año, Caraballo se escapó de una cárcel de Uruguay, se escondió en la Argentina y consiguió un documento falso. En los primeros meses, se acercó a Sturm, también uruguayo, de 42 años, que le dio una mano para moverse por la zona norte del conurbano bonaerense. Le abrió la puerta de su casa. Incluso compartieron cumpleaños familiares. Y le falicitó contactos, como Marcelo González Algerini, otro compatriota, de 36 años.
Caraballo empezó a trabajar con Sturm, Algerini y otros uruguayos más. Trabajar era un decir: se dedicaban a la cocaína, con la fachada de la compraventa de autos.
Ya acomodado, Caraballo se ganó un apodo, «Sobrino», se compró un BMW coupé negro último modelo y se instaló en una casa de Pilar.
A mitad de 2024, las cosas empezaron a complicarse: las autoridades argentinas ordenaron la captura de Algerini por formar parte de otra organización -aunque en un rol menor- que perdió 783 kilos de cocaína en Caviahue, Neuquén; y descubrieron que Sturm tuvo en su poder el vehículo usado para secuestrar al empresario Gastón Tallone por robarles 340 kilos de cocaína a Los Monos en Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
Tal vez porque estaban en caída libre, tal vez porque algo se rompió entre ellos, Algerini y Sturm se complotaron contra Caraballo: le robaron plata o droga, o las dos cosas.
No conformes con eso, la noche del 25 de septiembre de 2024, lo emboscaron cuando llegaba a su casa de Pilar. Caraballo diría después que lo quisieron asaltar, pero el video contó otra historia: aunque él se bajó del auto, lo corrieron y le dispararon diez veces, pero no le acertaron ni una sola vez. Cuando por fin llegó la Policía, Caraballo presentó un documento a nombre de un preso en Montevideo.
La guerra estaba declarada.
El próximo golpe sería letal.
La noche del 12 de octubre de 2024, Caraballo acribilló a Algerini mientras se encontraba estacionado frente a un kiosco en Presidente Derqui, Pilar: aprovechó el instante en el que el copiloto bajó a comprar para abrir fuego contra su enemigo. Cuatro.
Después, Sturm recibió un ultimátum, al que accedió Encripdata: «Pochito, escuchá este audio, relajao. Si entrás en razón, te puedo salvar la vida a vos, tarao, siempre y cuando devuelvas la teca. Pero tenés que reflexionar, mirar a tus hijos y decir: ‘Ustedes están primero que un poco de brillo’. Porque vayas adonde vayas, el fulano te va a picar, ya sabemos en qué barrio vivís, en qué auto andas, sabemos todo, tarao, tiene hasta gente en tu barrio mirándote todos los días. Te pensás que lo fundiste al fulano, que no da para nombrarlo, por el golpe. Pensá en tu bebé recién nacido. Te quedan unos días más. Si te vas pa’ España, también te va a encontrar; si te vas pa’ Uruguay, también te va a encontrar; si te vas pa’ Bolivia, también te va a encontrar. Por eso te digo, si reflexionas y devolvés las cosas, capaz vivís».
Sturm no se rindió. En consecuencia, el 12 de diciembre, Caraballo lo emboscó en Recoleta, una zona tranquila de Buenos Aires. Tres.
La muerte de Sturm evitó una venganza mayor. Lejos de retroceder, había obtenido información sensible sobre el jefe de Caraballo, ese «fulano»: su nombre, el de su pareja y el de su hijita. En el celular, Sturm guardó un mensaje, al que accedió Encripdata: «Si pasa algo, los tenemos a estos perros». Caraballo les ganó de mano.
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