Piden condenar a «Palermo» Baeta a 17 años de prisión por «Leones Blancos» y a decenas de policías por armar causas
Leones Blancos: así se vive el juicio a los policías. Crédito: Ministerio de Seguridad.
Exactamente doce años después de «Leones Blancos», el fiscal de juicio Marcelo García Berro solicitó sentenciar al subteniente de la Delegación Drogas Ilícitas (DDI) de Quilmes, Adrián Gonzalo Baeta, alias «Palermo», a 17 años de prisión por haber sido uno de los policías bonaerenses que armaron un expediente judicial para poder robarle media tonelada de cocaína al clan Loza en una quinta de Moreno y el peaje de la autopista Panamericana, en San Isidro.
El fiscal pidió la misma pena para los comisarios Juan José Magraner y Marcelo Di Rosa; 16 años y 6 meses de prisión para Juan Alberto Elizalde; 15 años y 6 meses para el testigo trucho Cristian Esteban Seu; y 8 años para Carlos Daniel Maidana, un exfederal que al momento del hecho estaba prófugo de la Justicia y protegido por la Bonaerense. Aunque en diversos ámbitos dio mil versiones de lo sucedido, en este proceso declaró como «arrepentido».
García Berro tuvo que sortear obstáculos para poder fundamentar la acusación: Jorge Omar Anacona y Arnaldo Andrés Hurtado, dos de los que sufrieron el armado de la causa, motivo por el que un tribunal los liberó de culpa y cargo en 2016, y hecho considerado como cosa juzgada por la Corte, prefirieron declarar falsamente en vez de señalar al fiscal y a los policías que les robaron la mitad del cargamento, es decir, fueron absueltos por narcotráfico, pero serán juzgados por mentir.
Por la sucesión de testigos que juraron no recordar nada y por otros motivos, el abogado Damián Odetti, que representaba las querellas de Sergio Santellán y Federico Bravo y que denunciaba a sectores de la Justicia y de la Bonaerense por «regular el narcotráfico» en la provincia de Buenos Aires, decidió irse del juicio. Ahora, en otro debate, aunque como defensor de Iván Gabriel Villalba, alias «Salvaje», apuntó a los mismo de siempre, por «administrar» lo que deberían combatir.
Este juicio, en realidad, fue la sumatoria de varios expedientes con un denominador común: el armado de expedientes judiciales entre Claudio Scapolan, por entonces fiscal de Investigaciones Complejas de San Isidro, y policías de esa jurisdicción, de Moreno y de Quilmes. Por eso, en el banquillo de los acusados estuvieron 24 uniformados, dos abogados y varios testigos truchos.
Si bien el exfiscal Scapolan no estuvo en este debate, el fiscal García Berro preparó el terreno para lo que será el tercer proceso de esta historia: «En este juicio ha quedado plenamente demostrado que reducir la responsabilidad de Scapolan a una simple falsedad documental, como si se tratara apenas de un acto aislado de adulteración administrativa, constituye una visión errónea y notoriamente insuficiente».
Ante la Cámara Federal de San Martín, Scapolan consiguió reducir al máximo la imputación en su contra -una simple falsedad ideológica de documento público- y, así, demoró la elevación a juicio de su parte. Sin embargo, si él no hubiera inventado la denuncia anónima con la Bonaerense, no habrían podido robar la mitad del cargamento. «Esa calificación le queda chica», insistió el fiscal García Berro.
Aquel 29 de diciembre de 2013, el comisario Magraner, jefe de Baeta, y Scapolan hablaron dos veces. Según el registro telefónico, a las 16.19 y 16.32. Lo hicieron antes -y no después- de la falsa denuncia anónima anotada en el libro de guardia a las 17.35. Y aunque Maidana se hizo cargo de la llamada, ni siquiera se gastó en marcar el celular.
Esa llamada nunca existió. Todo había empezado unos días antes, en la cueva financiera de Diego Xavier Guastini, alias «Dolarín», ubicada en la calle Florida 520, a solo ocho cuadras de la Casa Rosada, cuando el colombiano Alberto Mejía, «Papo», cambió euros por dólares para poder comprarle una tonelada de cocaína a Erwin Loza, alias «Nene».
Como demuestra el video al que accedió Encripdata, Guastini, como «arrepentido», confesó que ni bien terminó la operación cambiaria, le avisó a su amigo Baeta lo que estaba por suceder. Amigos de la infancia, el financista y el policía acordaron robarles a los narcotraficantes y repartirse el cargamento. Como intervendría la Bonaerense, tendrían que dejar algo para incautar en el operativo.
Guastini no llegó al juicio, lo mataron antes, la mañana del 28 de octubre de 2019, a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes.
Baeta fue el primer policía en llegar a la escena del crimen. Nadie sabe por qué tomó una foto a la lápida de su amigo.
Las partes retomarán el debate el 11 de febrero tras la feria judicial.
Restan las defensas, las réplicas y, entonces sí, el fallo del tribunal.
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