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Un paso adelante

Cayó «Pachu», el policía que protegía al sucesor de Guastini en la cueva de Florida 520

Cayó el policía que protegía la cueva de Florida 520

Cayó el policía que protegía la cueva de Florida 520. Crédito: Encripdata.

Robo, extorsión y droga. Esos fueron los hechos por los que el juez Manuel de Campos le ordenó a los agentes de la Policía Federal (PFA) detener a cinco uniformados de la Policía de la Ciudad. Pero esos solo serían algunos de los delitos cometidos por los acusados.

La investigación la comenzó la Auditoría General de Asuntos Internos de la Policía de la Ciudad. Luego de recibir la denuncia, el magistrado reunió más pruebas gracias al trabajo del Departamento de Inteligencia contra el Crimen Organizado (DICCO) de la PFA.

En consecuencia, el juez De Campos le ordenó a los agentes de la Federal arrestar a los de la Ciudad, como adelantó Crónica: cuatro cayeron el viernes 8 de enero. El quinto se entregó poco después. Todos prestaban servicio en la División Sumarios y Brigadas de Prevención de la Comuna 1.

Encripdata pudo saber de una fuente policial que uno de los apresados fue el subcomisario Pablo «Pachu» Fernández. Aunque el magistrado lo investiga por robo, extorsión y drogas, este medio pudo saber de una fuente que conoce los negocios ilegales del microcentro porteño que «Pachu» era el encargado de proteger los intereses de Daniel Fernando García Acuña en su financiera. García Acuña, alias «Uruguayo», no es otro que el sucesor del fnancista asesinado Diego Xavier Guastini en la «cueva» de Florida 520.

No era extraño, entonces, ver a «Pachu» y otros policías dando vueltas en bicicleta por el microcentro para controlar que todo estuviera como quería García Acuña.

Encripdata reveló el 19 de diciembre que la Policía de la Ciudad protegía la «cueva» del «Uruguayo». La Agencia Federal de Inteligencia (AFI) fue la primera en hacerlo con Guastini, el anterior dueño del búnker, porque tenía trabajando a Luciano y Alan, dos de los hijos de Pedro Tomás «Lauchón» Viale, la mano derecha de Horacio «Jaime» Stiuso en la AFI, abatido por el Grupo Halcón el 9 de julio de 2013 en un operativo antinarco en su casa de La Reja.

Como su centro de operaciones, Guastini preparaba en su «cueva» los vuelos de las «mulas», argentinas y extranjeras, pero en 2013 y 2014 tuvo mucha mala suerte: los agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) las descubrieron en seis oportunidades intentando contrabandear 1.443.030 dólares y 1.524.715 euros en tres viajes a Ecuador, dos a España y uno a México. A una de esas «mulas», David Ávila Ramos, sicarios lo mataron en 2018 en España, su país de origen. Otra, Gerónimo Eduardo Gerez, más conocido como «Coco», murió ese mismo año al caerse de una escalera.

A pesar de que esa banda se dedicaba a moverse de aquí para allá con las divisas de la compraventa de cocaína, el Tribunal Oral Penal Económico (TOPE) 1 porteño condenó a todos a solo 3 años de prisión en suspenso, incluso a Guastini, que era el líder.

Con esas «mulas», el financista trasladaba los dólares y euros de sus dos mayores clientes narcos: Erwin Loza, uno de los líderes del clan Loza, que de tanta plata llegó a comprarse la Ferrari F355 colo rojo de Diego Armando Maradona, y Carlos Sein Atachahua Espinoza, pero cuando los traficantes dejaron de operar con él por los problemas judiciales desatados tras la detección de sus mulas, no tuvo reparos para, como «arrepentido», entregar datos al fiscal antidrogas, Diego Iglesias, de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), que los atrapó por lavado de activos en 2018 y 2020, respectivamente.

Tras el crimen de Guastini, García Acuña comenzó a hacer sus propios negocios. Ahora, sin embargo, perdió al policía que lo protegía.