Problema de papeles, un sticker de Pablo Escobar y una empresa de Panamá, la nueva ruta del acetato de etilo
Brasil, Uruguay y Bolivia, la nueva ruta del acetato de etilo. Crédito: Encripdata.
«¿Carga peligrosa?», preguntaron. Como respuesta, un empleado de Melinor SA les envió un sticker de Pablo Escobar. El 12 de marzo, dos camioneros bolivianos, de 65 y 54 años, partieron desde Uruguay. En los últimos días, el juez Guillermo Elías, de la Sala II del Tribunal de Revisión, los envió a juicio -en rigor, formalizó la acusación, según el nuevo sistema acusatorio de Salta- por el contrabando de 35.144 kilos de acetato de etilo, un disolvente utilizado en las industrias de la celulosa, del gaucho y de la pintura, pero también como precursor químico en los laboratorios de cocaína en los tres países productores. El fiscal Marcos Romero ya pidió las penas: 9 años y 2 meses de prisión.
La nueva ruta del acetato de etilo quedó al descubierto la noche del 16 de marzo por un descuido en los papeles: los gendarmes frenaron dos camiones con semirremolques antes de que cruzaran el Puente Internacional Aguas Blancas hacia Bermejo, Bolivia. Eran 191 tambores azules. En ese momento, el juez federal de Orán, Gustavo Montoya, ordenó la prisión preventiva de los dos. Cuando abrieron los celulares, saltaron aquellos mensajes y otros sobre los pagos a Gendarmería para transitar.
El fiscal Romero reconstruyó que los dos choferes bolivianos emprendieron el viaje en Canelones, una ciudad a 50 kilómetros de Montevideo, Uruguay, pasaron el Puente Internacional General San Martín, que une Fray Bentos con Gualeguaychú, y siguieron durante 1600 kilómetros sin sobresaltos hasta llegar el 16 de marzo a Aguas Blancas.
Las autoridades apartaron al administrador interino de la Aduana de Gualeguaychú, Luis Armando Pratt, y a tres jefes operativos por no detectar esas irregularidades ni bien los conductores pisaron territorio argentino. El Registro Nacional de Precursores Químicos (RNPQ) informó que ni el broker, ni la transportista ni los vehículos estaban inscriptos en este organismo de control para habilitarlos a transitar el territorio argentino.
Encripdata pudo saber que, en realidad, hubo un movimiento previo: como Brasil impuso restricciones a la venta de sustancias controladas hacia los tres países productores de hoja de coca -Bolivia, Perú y Colombia- para desalentar el desvío hacia los laboratorios de cocaína, una empresa brasileña exportó el cargamento a Uruguay y recién entonces, Southpac Corp, radicado en Panamá, realizó una nueva exportación, esta vez hacia Corporación Mathiesen SA, de Bolivia, y contrató a Cooperativa de Transporte Nacional e Internacional Tarija del Sur RL para la logística desde Canelones hacia Cochabamba.
Lógicamente, mientras más compañías participan, más cara se vuelve la operatoria, pero, al mismo tiempo, más difícil se hace la trazabilidad. En Uruguay, de hecho, no investigaron el origen de la compra en Brasil. En Bolivia, en cambio, allanaron a la destinataria final: no tiene depósitos habilitados en Cochabamba para almacenar semejante cantidad de precursores químicos.
Como sea, la hoja de ruta marcaba que los dos camioneros bolivianos, con el acetato de etilo, debían cruzar por Pocitos, como se la conoce a Salvador Mazza, pero intentaron hacerlo muy lejos de allí, por Aguas Blancas, a 230 kilómetros de distancia.
Tal vez, por la caída de Sebastián Marset en Santa Cruz de la Sierra, el 13 de marzo, alguien haya ordenado pegar un volantazo a última hora. Muchas cosas han pasado desde que Bolivia entregó a Marset a Estados Unidos.
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