Encripdata

El hilo invisible entre el crimen y el poder

Cayó un miembro del CJNG en el puerto de Zárate con 52 kilos de éxtasis provenientes de Bélgica

Cayó un miembro del CJNG con 52 kilos de éxtasis en el puerto de Zárate provenientes de Bélgica

Corona Ortiz, del CJNG, en el puerto de Zárate. Crédito: Encripdata.

En una entrega controlada, el juez federal Gustavo Meirovich y detectives de la Policía Federal (PFA) arrestaron el martes a Luis Enrique Corona Ortiz, del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), y a su contacto en el país, el salteño Ángel Reynaldo Guerra, e incautaron 52 kilos de metilendioximetanfetamina (MDMA) en el puerto de Zárate, como pudo reconstruir Encripdata de fuentes judiciales.

Las metanfetaminas se llaman éxtasis cuando se venden como pastillas o crystal o ice cuando se ofrecen en forma cristalina. Los cárteles mexicanos suelen instalarse en diversos países de Europa para fabricarlas y distribuirlas por todas partes. Los 52 kilos hubieran alcanzado para elaborar un millón de pastillas.

Antes, mucho antes, los cárteles mexicanos lo hicieron en Argentina. Uno llegó a operar en una quinta de Ingeniero Maschwitz. Fue la época de la ruta de la efedrina. La DEA la cortó para siempre a partir del triple crimen de General Rodríguez, como revelaron el autor de esta nota y Diego Ferrón, hermano de una de las víctimas, en el libro Operación Crystal.

En este caso, la investigación comenzó en marzo cuando la oficina de la DEA en Argentina le informó a la Superintendencia de Investigaciones de Narcotráfico de la PFA sobre la operación en marcha: el CJNG estaba preparando la logística para enviar un cargamento de MDMA desde el puerto de Amberes, Bélgica, hacia el de Zárate, provincia de Buenos Aires.

En realidad, el cargamento ya estaba en el país, había llegado a bordo del buque Grande Hamburgo en octubre de 2025, pero, por motivos desconocidos, no había podido recuperarlo. Para peor, el 22 de febrero de este año, el Ejército de México abatió al líder de las cuatro letras, Nemesio Oseguera Cervantes, «Mencho», en Tapalpa, Jalisco. Como sea, el MDMA seguía ahí, escondido, en un utilitario Opel Combo.

El 25 de mayo, el CJNG envió a un representante a Buenos Aires para conocer en persona al salteño Guerra, que había vivido, al menos, tres años en México, donde supuestamente trabajó como cocinero en SushiClub, de Playa del Carmen, hasta que decidió volver al país.

En estos días, desde Bélgica, el representante del CJNG mandó a otro de los suyos, Corona Ortiz, a Buenos Aires. Guerra, entonces, se encargó de alquilarle un departamento temporario en la avenida Córdoba. Allí dejó sus cosas, tomó un taxi y se fue, directamente, hasta el puerto de Zárate para retirar el utilitario, pero como quería pagar con criptoactivos y no con efectivo, todo se demoró un poco más.

Entonces, el juez Meirovich y el titular de la Procunar, Diego Iglesias, de la fiscalía antidrogas, decidieron activar los allanamientos y las detenciones del mexicano Corona Ortiz, del salteño Guerra y de un venezolano al que le pagaron 2 mil dólares y le iban a dar 10 mil más si conducía el vehículo con el cargamento hacia el destino final.


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