Una entrevista en la cárcel, una puerta abierta y un misterio: a 10 años de la triple fuga que siguió todo el país por TV
Operación Crystal, el libro sobre el triple crimen, la SIDE y la DEA. Crédito: Encripdata.
–Jorge Lanata: Martín, ¿qué edad tenés?
–Martín Lanatta: 41 años.
–Estás condenado a perpetua…
–Condenado a perpetua, ahora estamos por presentar una revisión de causa, dejamos la sentencia firme para poder pedir una revisión en la Casación.
–¿Cuándo lo conociste a Aníbal Fernández?
–Yo lo conozco del año ‘95 a él porque nosotros teníamos un taller al lado de la casa de él, del domicilio de él, bueno, no voy a nombrar la calle porque hoy él no vive ahí, bueno, lo conocíamos, ‘hola, chau’, la conversación de todos los días. Después, yo retomé el contacto con él cuando él tiene el Registro Nacional de Armas (Renar).
–¿Qué hacías ahí adentro?
–Recaudar (risas), recaudar, hacer trámites, destrabar sanciones, todo lo que sea, habilitar polvorines, todo lo que comprenda al Renar.
–Cuando decís recaudar, decís recaudar de manera paralela…
–Claro, sí, sí, no, no, de manera paralela, sí.
–¿Y cómo se recaudaba en el Renar?
–En el Renar tenés tanto de las inspecciones como de las… inspecciones a agencias, armerías, polvorines, habilitaciones de polvorines, portaciones de armas VIP. Una empresa de seguridad no puede armar a un tipo armado, un objetivo, que no es legítimo usuario… Pero, bueno, la empresa de seguridad no se armaba de los trámites porque el Renar tenía demora de meses, perdían trabajo, perdían…
–Les pagaban a ustedes para que los habilitaran.
–Tenían que venir sí o sí porque sabían… yo operaba ahí en la esquina del Renar, hay un bar, voy a llevar a la Justicia, voy a aportar el bar para que citen a los dueños, que yo trabajaba, la gente se venía…
–Y, obviamente, los del bar estaban al tanto de eso…
–Y… lo veían, si no sabían, lo veían, o sea, nunca me preguntaron, yo era cliente habitué de ahí, pero, bueno, era el lugar de cita donde la gente iba, tramitaba, me entregaba los papeles y yo después lo hacía. Lo que hacía Alejandro Giancristóforo era, simplemente, de correo, yo con el que arreglaba realmente los trámites, de hecho las firmas, no puede salir nada si no está firmado por Andrés…
–Era con Meiszner…
–Era con Meiszner.
–¿El vínculo ahí con Aníbal cómo se daba?
–El vínculo con Aníbal… uno de los clientes que le hicimos la portación fue Forza. Él estaba con las droguerías, me comenta que lo estaban persiguiendo: ‘Drogas Peligrosas me tiene loco, en cualquier momento termino en cana, necesito hablar con alguien’. Yo tenía un socio que era comisario general, un tipo derechísimo, que íbamos a poner una empresa de custodias VIP, la estábamos armando, se iba a llamar Homeland Security Brokers. Lo que hicimos fue llevárselo a Andrés, voy y le digo: ‘Mirá, necesito solucionar este tema, hay que hablar con el jefe de Policía’. Me dice: ‘Sí, está en la órbita de Aníbal’. Bueno, hace una reunión en el Renar, le digo: ‘Tenemos la portación de este tipo, puede traer cola’. Lo consulta con Aníbal, hacemos una reunión, me dice: ‘Mirá, este pibe es un desprolijo, tiene 1500 quilombos, ya tendría que estar en cana, para sentarse a hablar conmigo tiene que poner 250 mil dólares’.
–¿Eso quién te lo dijo?
–Aníbal, Aníbal junto con Meiszner, en la reunión del quinto piso…
–A ver, estaban Aníbal, Meiszner, vos y ¿quién más?
–No, no, Aníbal, yo y Meiszner. Esa era la reunión. Nadie más.
–Nadie más, ok.
–Me dice: ‘Mirá, para sentarse a hablar conmigo este pibe si quiere que le arregle un quilom… si no que ni me moleste, tiene que poner 250 mil dólares porque yo ya le conté las costillas y sé cuánta plata juntó’. Hablo con Forza: ‘Sebastián, no era como me decías, estás complicado, tenés que poner 250 mil dólares porque se te viene la noche’, o sea, encima tenía confianza. ‘Bueno, dejame verlo’. Tres, cuatro días, cuando estaba que ya se… me dice: ‘Martín, tengo la plata’. ‘Bueno, bárbaro’, fuimos a buscarla, yo fui a la casa. Solange Bellone sabe esto, lo que pasa que a Solange nadie le dio la protección para declarar.
–¿Vos decís que Solange Bellone sabe que Forza le pagó a Aníbal?
–Por supuesto…
–Bueno, es la mujer, era la mujer…
–Por eso cuando… por eso cuando declara, Solange Bellone dice: ‘Todo el mundo sabe quién es ‘la Morsa’’. Nos vamos con Sebastián, recoge el dinero en la casa de él, o sea, Solange sabe que yo fui a la casa a buscar el dinero. Después hay un obsequio que me hace Sebastián a mí.
–¿Qué es lo que te regala?
–A mí me regala un Daytona de oro blanco y un GMT Master II. Bueno, me lo da por haber hecho la negociación esa, no. Bueno, Forza tenía el dinero, yo lo tenía en la esquina del Renar y me dice… yo hablaba con Andrés Meiszner por el teléfono de Alejandro…
–Giancristóforo…
–Yo tenía el teléfono de Andrés, no, no se lo ‘contaminaba’ porque era… por eso a este chico lo usan de fusible y lo desplazan del Renar. Se hace la reunión, me dice: ‘Está de recorrida en el Departamento Central de Policía, andate ahí en quince minutos que voy a estar’. Meiszner ya estaba en la puerta. Entramos, venía de recorrida con el jefe de Policía. Nos cruzamos con Forza. ‘¿Este es el muchacho?’, sí, ‘bueno, bárbaro’. Pidió una oficina, dice: ‘Denme un lugarcito’, busca un lugar y nos ponemos a hablar, nos quedamos con Aníbal y Forza, que era verborrágico: ‘No porque yo…’, empezó con 1500 preguntas. Tenía el dinero. Bueno, le dice: ‘Nene, primero vamos a poner el caballo adelante del carro, vamos a hablar porque vos muchas luces no tenés, entonces vos me tenés que escuchar a mí’. Y le dice: ‘Nene, pórtate bien’, y le presenta a una persona: ‘A partir de ahora te manejas con él y le informas de todo’. ‘Bueno, bárbaro’.
–¿Y ese sería el ‘correo’ entre Forza y quién?
–Y una persona de Inteligencia que trabajaba para Aníbal…
–Ok.
–El nombre que ahora voy a aportar a la Justicia. Le dice: ‘A partir de ahora te manejas con él, nene, no quiero un ruido’. ‘Bueno, bárbaro’. Me voy con Forza a tomar un café, hablamos con este tipo de Inteligencia, dice: ‘Vos estás manejando la efedrina, estás manejando un negocio millonario. A partir de ahora, si vos no querés caer en cana, si querés hacer este negocio, empezate a manejar conmigo’. ‘Bueno, bárbaro’. Empezó a meterse de lleno este tipo de Inteligencia en el negocio y empieza a caminarlo para tener el control.
–Pará, dejame ver si entiendo el tema general. Acá había una línea del Gobierno vinculada con los servicios de Inteligencia y con la Policía que se dedicaba al tráfico de efedrina.
–Sí, precisamente, sí, era un tipo de Inteligencia que no sé si era un SIDE en actividad o un exSIDE de confianza de Aníbal.
–Ok. Y empiezan y se meten en ese mercado, sabiéndolo o no que había esta otra gente, Forza…
–Porque en ese momento…
–Ferrón y Bina.
–Claro, lo agarran, lo agarran rápidamente porque en ese momento el precursor este no tenía pena como droga. Si bien iba destinado a un mercado que elaboraban las drogas sintéticas, el producto no era droga.
–¿Para vos quién es el responsable?
–No, no, para mí no, quien da la orden del susto o de la muerte es Aníbal Fernández, no Pérez Corradi. Pérez Corradi fue el financista, no estaba enemistado a muerte. Jorge, un tipo que te debe dos millones de mangos… ¿te sirve vivo o muerto? ¿El muerto paga?
–No, obvio que no.
–Bueno, yo se lo planteé al fiscal, pero miraba para otro lado.
–¿Vos qué prueba concreta tenés para apoyar lo que decís? ¿Por qué pensas que fue Aníbal?
–El negocio del tráfico de efedrina se lo termina quedando en la totalidad Aníbal Fernández con la gente de Inteligencia, no es que sigue Forza, Forza llegó a ser un estorbo porque Forza, los clientes que tenía no llegaban a un nivel de un cártel de México como para poder hacerlo.
–Cuando vos decís que Aníbal fue el autor ideológico del triple crimen, ¿con quién lo instrumentó? O sea, ¿quiénes disparan?
–Con esta persona de Inteligencia.
–¿Por qué no hablaste en el juicio? ¿Por qué no contaste todo?
–No hablé, no hablé en el juicio porque, primero, por asesoramiento de los abogados; segundo, por la magnitud del caso; y segundo, por el tipo que está enfrente, o sea, no es…
–¿Pero a vos alguien te dijo que prefería que te callaras la boca o que ibas a salir?
–Es que tenía todo para salir, no hay elementos en contra mía que…
–Pero no me estás respondiendo, te pregunto: ¿alguien fue… alguien te dijo que te callaras?
–No, no, yo sabía que no tenía que… yo sabía que no tenía que nombrarlos. De ninguna operación ni nada.
–¿Por qué hablas ahora?
–Y hablé ahora por una, por una… yo ahora voy a pedir el resguardo que tengo que pedir, yo sé con quién me enfrento, no, no, sé lo que hizo, o sea, sé qué es y va por todo, o sea, hasta la médula no para con nada, sabemos cómo es. Si bien no titubeó del susto a darle muerte a estos tres, tampoco… somos cuatro en la causa.
–Pensá que ahí, del otro lado de la cámara, está Aníbal Fernández…
–Sí.
–Decile lo que quieras.
–Si va a salir en la televisión, no lo podría decir, pero, bueno: él sabe bien lo que yo estoy diciendo, él no puede decir que no me conoce y le doy un careo en la sede judicial, no tengo ningún tipo de problema, porque yo todo lo que tengo, tengo testigos y lo voy a demostrar.
Al cierre del programa, Lanata advirtió: “Martín Lanatta va a hacer una denuncia judicial, no es que esto termina en un programa de televisión, es importante esto, porque por falsa denuncia hay una condena, no es que es gratis decir cualquier cosa. Y otra cosa más: Martín Lanatta no piensa suicidarse, no es una persona depresiva, tratemos de que no le pase nada, este es un mensaje general, porque el tipo está preso, tampoco se puede estar escapando de donde está”.
Para Lanatta, una causa por falsa denuncia no era nada: ya estaba condenado y a prisión perpetua.
El 25 de octubre de 2015, Aníbal Fernández cayó frente a María Eugenia Vidal, la candidata de Cambiemos. Tiempo después diría que perdió las elecciones en la provincia por el informe televisivo.
El 10 de diciembre de 2015, Mauricio Macri asumió como presidente de la Nación y Vidal, como gobernadora. Tras doce años en el poder, el kirchnerismo volvió al llano.
El 27 de diciembre, Cambiemos tuvo que enfrentar el primer gran desafío en el gobierno: Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci acababan de escaparse de una cárcel de máxima seguridad.
A pesar de su peligrosidad, estaban en Sanidad.
A la 1.45 de la madrugada ya estaban fuera.
Por instinto de supervivencia, pensaron esconderse en zona sur, su lugar en el mundo. Pasaron por la quinta de Marcelo “Faraón” Melnyk, un amigo de Florencio Varela, y luego por la casa de la exsuegra de Cristian en Berazategui.
Cuando el fiscal Cristian Citterio ordenó rastrillar la zona sur del conurbano bonaerense, los prófugos ya muy estaban lejos de allí. A la búsqueda se sumaron quienes mejor los conocían por haberlos investigado: los fiscales del triple crimen.
Tenían varios días de ventaja.
Hasta el 31 de diciembre de 2015.
Aquella tarde, los policías Fernando Pengsawath y Lucrecia Yudati, apostados en una ruta de Ranchos, hicieron frenar una camioneta. Martín Lanatta los saludó a los tiros.
A Yudati, una bala en cada pierna.
A Pengsawath, en el abdomen.
Una cámara registró el ataque. En los noticieros no se hablaba de otra cosa más que de la triple fuga. No tuvieron más opción que descartar la Toyota Hilux. Antes, regresaron a Berazategui y se llevaron la Renault Kangoo de la exsuegra de Cristian.
Otra vez tenían ventaja.
El 2016 lo recibieron abrazados a un fusil.

Sin noticias de los prófugos, el ministro de Seguridad bonaerense Cristian Ritondo anunció una recompensa de 2 millones de pesos para quien aportara algún dato que ayudara a capturarlos. Patricia Bullrich puso a disposición de los investigadores a las cuatro fuerzas federales y el presidente Macri sumó a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).
El 7 de enero hubo un tiroteo.
Un gendarme reconoció la camioneta y como respuesta, los prófugos volvieron a abrir fuego. En la huida por la ruta hirieron a otro efectivo. Estaban en Santa Fe.
En el camino secuestraron a un ingeniero agrónomo y se subieron a su Volkswagen Amarok. Como los perseguía la Gendarmería, plotearon la nueva camioneta con los colores de esa fuerza.
El 9 de enero volcaron cerca de Cayastá. Martín, al volante, se llevó la peor parte. En medio de la noche, desorientados, buscaron refugio en una casa en medio de la nada. Ataron y amordazaron a los dueños. Tuvieron tiempo para comer algo.
Para despistar, otra vez cambiaron de vehículo: una Toyota Hilux. A poco de andar, se hundieron en una zona empantanada. Siguieron a pie. Ya con el sol sobre sus cabezas, pararon en un casco de estancia: Martín pidió un vaso de agua para tomar la pastilla contra la hipertensión.
Los puesteros del lugar lo reconocieron.
A las 14.39 del sábado 9 de enero de 2016, el presidente Macri, informado por la ministra, celebró en Twitter: “Felicito a todo el equipo y a las fuerzas de seguridad por la captura de los prófugos. El trabajo en conjunto fue fundamental”.
Pero solo Martín había caído.
El papelón fue nacional.
Bullrich ofreció la renuncia, pero Macri la ratificó.
Al día siguiente, dos extraños arribaron a Helvecia.
El 11 de enero fueron descubiertos tomando mate en una arrocera.
La triple fuga había terminado.
Sin nada que perder, la jueza Servini le dio una oportunidad a Martín Lanatta para que ratificara lo dicho en televisión: “Quiero agregar un dato acerca de una persona llamada Martínez, estaba en Delitos Complejos. Nunca dije nada porque está catalogado como un asesino con placa. Él estaba en la camioneta con ‘Máximo’ el día que le doy el teléfono para que vaya al encuentro con las víctimas. Ellos son los últimos que ven con vida a los pibes cuando van al tiro federal de Quilmes, que tiene el Registro de Armas con Meiszner y gente de confianza de Aníbal. Sé que la orden la da Aníbal por boca de ‘Máximo’, le dijo que le pegara un ‘tirón de orejas’, pero ya después de ahí no sé qué fue lo que pasó, si se les complicó o si la idea siempre fue matarlos. ‘Máximo’ me dijo que agradeciera que no fui yo porque yo les había llevado el quilombo”.
Como pruebas, Lanatta solo llevó sus palabras.
* Extracto de Operación Crystal, el expediente secreto sobre el triple crimen (Ceruse, Agustín y Ferrón, Diego. 2023. Editorial Dunken).
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