Un arrepentido de Los Monos, una serie de traiciones y una pistola, las pruebas para dar por muerto a Tallone
Los Monos ajustaron las cuentas con Tallone por robar cocaína. Crédito: Encripdata.
Aquel día, bien temprano, cuando irrumpieron en esa casa, a la que llegaron por un dato preciso, los policías federales estaban preparados para cualquier eventualidad. Sabían que el objetivo era un hombre de armas tomar. Lo buscaban por el secuestro del empresario Gastón Tallone. Pero este miembro de Los Monos, como pudo reconstruir Encripdata, en vez de resistirse a los tiros, se largó a llorar.
Poco después, cuando en el juzgado federal de María Servini le leyeron todas y cada una de las pruebas en su contra, pidió declarar como imputado colaborador. Era su mejor defensa. Su celular había hablado por él: los impactos en las antenas lo ubicaban en los domicilios de dos cómplices, en el hotel donde se hospedaba el empresario a secuestrar y en el rancho de Ingeniero Maschwitz durante los últimos minutos de vida de la víctima.
Si a él llegaron por los dichos de un cómplice, él hizo caer a otros dos. Antes fue el propio líder de Los Monos, Ariel Máximo «Guille» Cantero, quien reconoció el crimen de este empresario por el robo de 340 kilos de cocaína a la organización rosarina, como reveló Encripdata. «Yo creo que Tallone no está vivo, pienso que puede estar enterrado en algún lado o en un tanque con algo», declaró aunque como testigo.
Así, por este «arrepentido», la serie de traiciones con efecto dominó y las tareas de campo de los detectives de Delitos Fiscales de la Policía Federal (PFA), el fiscal federal Carlos Stornelli comprobó la existencia de un revólver cromado e incautó un arma de fuego de fabricación casera, alguna de las dos, tal vez, con el que dieron muerte a la víctima o, quizás, algunas de las palas halladas en el rancho.
El elemento utilizado fue lo de menos: los investigadores lo dieron por muerto. Asesinado. Ya pasaron once meses. Y la jueza Servini ya procesó a diez personas por «la sustracción, retención y ocultamiento de Tallone para sacar rescate, cuyo propósito fue concretado» y, precisamente, por «causarle posteriormente la muerte intencional», más allá de que aún no encontró el cuerpo de la víctima.
Entre ellos, a José Uriburu y Juan Carlos Miró, los socios que le tendieron la trampa a Tallone por orden de Los Monos; Gustavo Juliá, el nexo entre Uriburu y Cantero; Alejandro Ficcadenti, alias «Rengo», fugaz líder de la barra de Newell’s, y Sergio Di Vanni, alias «Bebé», su mano derecha; Cristian Mariano Gauna, investigado por la amenaza contra el gobernador Maximiliano Pullaro y la ministra Patricia Bullrich; y Lucas Leiva, alias «Teletubi», sicario de organización rosarina.
La magistrada también procesó a Mauricio Zabaleta, alias «Harry», por hacerse pasar por los secuestradores, extorsionar a la familia e intentar sacarle más plata. En la indagatoria, reconoció el hecho. Este es el hermano de Juan Zabaleta, exintendente de Hurlingham. Y aunque dijeron estar peleados, cuando Alberto Fernández designó a «Juanchi» como ministro de Desarrollo Social, «Harry» hizo negocios en el Ministerio de Seguridad.
Además, y aunque ya fue asesinado, mencionó la posible participación en el hecho de Fabián Sturm Jardón, acribillado por la espalda la noche del 12 de diciembre en Recoleta, en un ajuste de cuentas entre uruguayos. El indicio: el auto que Juliá aportó a Los Monos para el secuestro de Tallone, antes o después, estuvo en manos de Sturm.
La historia del secuestro comenzó a gestarse a mitad del 2023 cuando Los Monos arrojaron papelitos en las puertas de las casas de Tallone y la de su amigo Uriburu. Tenían el mismo mensaje: «Con la mafia no se jode». Tallone y Uriburu manejaban la Terminal Portuaria Concepción del Uruguay, en la Hidrovía, pero en algún momento se pelearon. Y, en el medio, de allí desapareció un cargamento de cocaína.
Después de los papelitos, les prendieron fuego los autos. A eso les siguieron tiros. Las balas picaban cada vez más cerca. Entonces, Tallone le contó el problema a sus amigos. En paralelo, contrató los servicios de custodia de Zabaleta, a razón de 10 mil dólares por semana.
En cambio, Uriburu habló con Juliá, famoso por aterrizar un jet con 944 kilos de cocaína en 2011 en España, para que intercediera por él. Así, levantó el teléfono: «la mafia», le dijo, lo perdonaría, pero, primero debería ir a la cárcel para hablar con «Guille» Cantero. En total, lo visitó 17 veces en Marcos Paz. En uno de los últimos encuentros, el líder de Los Monos puso a prueba a Uriburu: su vida a cambio de la de Tallone.
El 8 de julio de 2024 fue el secuestro: a las 13.38 horas lo obligaron a subir a un Volkswagen Gol Trend color gris plata ante las cámaras de seguridad de Nación Servicios, una empresa del Banco Nación, ubicada en Anchorena 454, en la zona del Abasto. La propia víctima pagó 50 mil dólares para que lo liberaran, pero el imputado colaborador y los demás lo mantuvieron cautivo una noche, precisamente en ese rancho, propiedad de Uriburu, en Ingeniero Maschwitz.
Al día siguiente, a las 16.21, el «arrepentido» descartó su teléfono.
El motivo era muy claro: lo que tenía que hacer, ya lo había hecho.
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