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Un paso adelante

Buscan al «Gordo Burra», el jefe del policía retirado que quiso «comprar» por 200 mil pesos a oficiales para vender droga en Villa Libertad

Cayó un comisario retirado por pagar para "liberar" la Villa Libertad

Cayó un comisario retirado por pagar para "liberar" la Villa Libertad. Crédito: Encripdata.

El juez federal de Morón Jorge Rodríguez dejó a un paso del juicio oral al comisario mayor retirado Carlos Alberto Villavicencio por intentar coimear a policías bonaerenses para que liberen la zona en Villa Libertad, pero sabe que la organización dedicada al narcomenudeo todavía sigue activa: por eso mismo ordenó la captura nacional del presunto jefe, Diego Martín Carballo, tal su nombre, aunque en la zona oeste, según pudo saber Encripdata, sus soldaditos lo llaman «Gordo Burra». Villavicencio, ya detenido, y Carballo, prófugo, se conocen muy bien: son cuñados. Ahora, también, miembros superiores de una asociación ilícita.

Todo comenzó el 13 de enero de este año cuando habitantes de Hurlingham le hicieron saber al secretario de Seguridad municipal, Damián Alejandro Feu, en una de las tantas reuniones vecinales, que traficantes de San Martín estaban vendiendo dosis de cocaína y marihuana en los alrededores de la Villa Libertad. Feu, entonces, radicó la denuncia. De inmediato, el fiscal fiscal Santiago Marquevich dio impulso a la investigación.

Tras la reunión de los vecinos con el funcionario, la segunda pista sobre la presencia de la banda de San Martín en Hurlingham la dieron los mismos traficantes el 8 de abril cuando uno de ellos se acercó a la Estación de Policía Departamental de Seguridad de Hurlingham y entregó unas hojas: «Hola, vengo a verte de barrio Libertad, ¿me podés llamar así le encontramos la solución?». Y dejó dos números de teléfono de contacto. Lo firmó un tal Rodrigo.

Tres meses después, fue el propio Villavicencio quien, como comisario mayor retirado, fue a esa misma unidad para, sacando chapa de su pasado policial, plantear exactamente lo mismo: «Solucionar el tema de Villa Libertad».

A partir de entonces, el fiscal ordenó que dos policías actuaran como agentes reveladores, es decir, que tomaran contacto con el comisario mayor retirado para sacarle más información. Eso hicieron por WhatsApp y luego en persona en una estación de servicio. La primera vez, lo hicieron entrar en confianza para que se soltara. En el medio, Villavicencio exigió más y más: «Amigo, estoy hablando con la gente. Fijate si le pueden dar pista a la rubia», «me acaban de dar el ok, mañana a la tarde nos estamos viendo como quedamos. Fijate si podemos empezar hoy con cortar todo. Lo de ustedes está seguro», «buen día, ¿te podrás fijar? Los muchachos de la Primera están molestando», «buen día, ayer el boliviano y la mina estuvieron molestando todo el día ¿Los corrieron o no? Están en la misma zona. Por favor, respetemos lo que hablamos».

En el segundo encuentro, Villavicencio fue con la plata para pagarles los «suelditos», como llamaba a las coimas, pero los policías, con la orden del fiscal, actuaron: lo arrestaron con los 200 mil pesos en efectivo. Billete sobre billete.

Ni bien los agentes reveladores esposaron al comisario mayor retirado, otros policías, con apoyo del Grupo Halcón, activaron cinco allanamientos simultáneos para intentar atrapar al resto de la banda. De la casa de Villavicencio, secuestraron una bolsa con 50 mil pesos, una pistola Bersa Thunder Pro calíbre 40 con mira láser y 14 municiones.

De los otros allanamientos, los detectives incautaron 22.110 pesos, cinco dólares, cuatro celulares y un chip en una casa de Loma Hermosa; 650 dosis de marihuana y 167 dosis de cocaína, dos cartuchos de proyectiles de guerra calíbre 16 y un celular en un búnker de Hurlingham; 24 plantas de marihuana, 102 bagullos de cocaína y 71 de marihuana y una pistola de gas en un domicilio de William Morris y 109 envoltorios de marihuana en una propiedad de esa localidad. Esa propiedad tenía dos puertas, una de entrada a la casa y otra al kiosco, que, reja de por medio, atendía Norma Graciela Belmonte.

La kiosquera también terminó detenida.

El Gauchito Gil en la puerta no le sirvió.

Así, «Gordo Burra» se quedó sin el comisario mayor retirado con el que pretendía «comprar» a los policías de la zona y sin dos búnkeres. Sigue activo, pero con menos recursos.

Es solo cuestión de tiempo para que caiga.