Una joven cambió de país por amor, cayó en una trampa y descubrió una red de trata

Una joven viajó por amor, cayó en una trampa y descubrió una red de trata

Una joven viajó por amor, cayó en una trampa y descubrió una red de trata.

Todo comenzó con un «me gusta» en una página para encontrar pareja incluso fuera del país. Dos meses después las ganas de los dos fueron tantas que decidieron lanzarse a la aventura de acortar distancias: él, argentino, le compró pasajes de avión a ella, colombiana de 20 años, para encontrarse en Neuquén. Y así fue como se dieron su primer beso y abrazo el 27 de diciembre en el aeropuerto en medio de esa rara sensación de encontrarse por primera vez con una persona a la que gracias a las redes sociales pareciera conocerse «de toda la vida».

«María» y «Rodrigo» fueron por más: probaron la convivencia en la casa de él en Neuquén. Ella, en una apuesta más por el amor, decidió buscar trabajo para quedarse a vivir en la Argentina. Pronto consiguió una entrevista para «recepcionista en hotel prestigioso» en Buenos Aires.

Lo primero fue una charla telefónica: a «Luciana», la que ofrecía el empleo, le interesaba que «María» fuera extranjera como ella porque entendía lo que era vivir en un país que no era el suyo. La empatía suele ser un buen mecanismo para romper barreras, pero también para el engaño.

Aunque «Rodrigo» quería que se quedara en Neuquén, al final le compró otro pasaje para que fuera a la entrevista en Buenos Aires.

El 10 de enero, entonces, «Luciana» fue con un amigo a buscar a «María» al aeropuerto. Todavía no le habían dicho cuántas horas trabajaría y cuánto cobraría como recepcionista, ni siquiera había decidido aceptar el empleo que lo alejaba de su flamante novio, pero ellos la llevaron a un hotel, le pagaron una habitación por esa noche y le avisaron que al día siguiente la pasarían a buscar para, por fin, hablar del trabajo.

El día llegó. Nadie fue a su encuentro. «María», entonces, llamó a «Luciana». Quedaron en encontrarse en un bar. «Luciana» hablaba, pero no decía nada que tuviera que ver con el trabajo prometido. «María» empezó a sospechar. De la nada apareció un hombre: «¿Le estás ofreciendo un trabajo de prostitución? ¡Voy a llamar a la Policía!». A «Luciana», el juego de la empatía se le había terminado.

Corrió y corrió hasta perderse entre la gente del barrio de Once.

Aunque perturbada, algo hizo que «María» no volviera a los brazos de su novio. Fue directamente al aeropuerto. Los agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) la contuvieron: la ubicaron en el primer vuelo de regreso. Su familia la esperaba en Bogotá.

Del hombre que la salvó en el bar nunca nadie supo más nada.

Lo que sí supieron los investigadores de lucha contra la trata fue que «Luciana», la reclutadora, no vivía en Buenos Aires sino en Neuquén como «Rodrigo», el novio de «María» dispuesto a pagar cuantos pasajes de avión fueran necesarios por un amor a distancia.

«Luciana» tenía 26 años, un bebé, una Asignación Universal por Hijo (AUH) y tres teléfonos vinculados a páginas de escorts.

Sin embargo, en ese momento, el primer juez que investigó el caso declaró su incompetencia en razón del territorio porque los acusados vivían en Neuquén, pero el magistrado de esa provincia contestó que el intento de captar a la víctima para la red de trata sucedió en Buenos Aires.

«María» se salvó de caer en esas manos en enero de 2019.

La Sala I de la Cámara Criminal y Correccional Federal recién resolvió en marzo de este año que el juez neuquino reactive el expediente.

«Luciana» todavía usa esos teléfonos para captar a más víctimas.