Por sexta vez, el tribunal suspende el juicio por el crimen de Lautaro: se olvida que Lucas sigue desaparecido
Por sexta vez, el tribunal suspende el juicio por el crimen de Lautaro: se olvida que Lucas sigue desaparecido. Crédito: Encripdata.
Desde junio de 2024, el Tribunal Oral en lo Criminal 2 de Quilmes posterga sistemáticamente el juicio por el crimen de Lautaro Morello, de 18 años. En el debate, con miembros de la Policía Bonaerense en el banquillo de los acusados, alguno podría romper el pacto de silencio y decir, de una vez por todas, dónde está Lucas Escalante, pero los jueces parecen no tener prisa. Todo sucedió el 9 de diciembre de 2022 en Florencio Varela y alrededores. A Lautaro lo mataron la misma noche del secuestro. De su amigo Lucas no se sabe nada desde entonces. El Gobierno sigue ofreciendo 5 millones de pesos para quien aporte datos útiles que permitan encontrarlo.
En algún momento, en el banquillo estarán el comisario general Francisco Centurión, hasta entonces enlace de la Bonaerense con la Policía Internacional (Interpol), su hijo Cristian Centurión y su sobrino Maximiliano Centurión, ambos de 26 años.
Y también otros policías -algunos libres, otros detenidos-, imputados por encubrimiento calificado por tratarse de un hecho grave el delito precedente: Ramiro Jair Forchinito, Damián Rodríguez, Luis Alberto Zaracho, Juan Manuel Brito, Raúl Roberto Figarotti y Agustín Alejandro Antonio.
El año pasado, el excomisario inspector Sergio Enrique Argañaraz firmó un juicio abreviado, es decir, se hizo cargo de los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento agravado a cambio de recibir una pena de 3 años de prisión. En otras palabras: reconoció que desvió la investigación para encubrir a otros policías. Pero sobre Lucas, que sigue desaparecido, no dijo nada. La fiscalía tampoco le preguntó.
Lucas fue visto por última vez el 9 de diciembre del 2022. Aquella noche tenía que retirar vales de nafta de la Policía Bonaerense. Cristian Centurión le dijo que se los daría en la casaquinta familiar de calle 1538, esquina ruta 53, La Capilla, Florencio Varela. Allí lo esperaba con su primo Maximiliano Centurión. Lucas no quería ir solo. A varios amigos les pidió que lo acompañaran, sin suerte. Finalmente, Lautaro aceptó la invitación. Con el correr de las horas se sumó el dueño de casa: el comisario Centurión.
No era la primera vez que Escalante se veía con los Centurión por los vales de nafta de la Policía. Pero esta vez, eso fue solo el anzuelo. Porque el dueño de casa y su primo tenían otros planes. Pero hubo un problema: no llegó solo.
La presencia de Lautaro -primo de una exnovia- cambió todo, como pudo reconstruir Encripdata. A las 00.30 ya de la madrugada del 10 de diciembre, Cristian ingresó a una estación de servicio de Florencio Varela. Sin bajarse de un auto a nombre de su madre, le dio al playero un bidón para cargarlo con nafta.
Una hora después, en la casaquinta de los Centurión prendieron una fogata. Las llamas eran tan altas que podían percibirse desde afuera, como declararon dos vecinas y un testigo de identidad reservada. Para no dejar rastros de las cenizas, cortaron el pasto y tiraron los restos a la basura.
En medio de los festejos por el triunfo de la Selección argentina frente a Países Bajos y la clasificación a la semifinal del Mundial Qatar 2022, las familias de Lucas y Lautaro salieron a buscarlos. Obviamente, fueron a las comisarías, donde fueron atentidos por policías comprometidos en desviar la investigación.
En esas horas, alguien prendió fuego el BMW de Lucas sobre la ruta 6 a la altura de Abasto, partido de La Plata.
Al mismo tiempo, la Bonaerense encontró dos cuerpos calcinados en el baúl de un utilitario Citröen Berlingo todo quemado en un descampado de Guernica, Florencio Varela. Los investigadores, entonces, pensaron que eran los cadáveres de Lautaro y Lucas. Sin embargo, correspondían a los mecánicos Silvio David Vitullo, de 40 años, y Diego Fabián Segura, de 29, desaparecidos tan solo 14 horas después y no muy lejos de allí, quemados vivos por formar parte de una banda que le robó una camioneta cargada con plata, cocaína o lingotes de oro a Fabián Gustavo Pelozo, alias «Calavera», un narco rosarino preso en Ezeiza.
El 15 de diciembre, finalmente, un vecino halló el cuerpo quemado de Lautaro a la vera de una autopista en construcción en Guernica.
La investigación avanzó con firmeza cuando el fiscal Daniel Ichazo reemplazó a Mariana Dongiovanni. Fue él quien le solicitó al segundo juez del caso, Diego Agüero, arrestar al comisario Centurión por «haberse sumado al plan criminal» de su hijo y de su sobrino, «manteniendo privado de su libertad a Lucas por al menos un lapso mayor a un mes», pudiendo concluir, por el contexto en que se fueron sucediendo los hechos, que «a la fecha se presume su muerte violenta a manos del clan» y, porque, en definitiva, «Francisco mató a Lucas» en un lugar indeterminado «para procurar la impunidad de Maximiliano y Cristian en el homicidio de Lautaro».
Así, la banda integrada, entre otros, por los Centurión se deshizo del cádaver y del auto, pero no de Lucas. No en ese momento. «De no ser así, su cuerpo tendría que haber aparecido junto al de Lautaro», consideró el fiscal.
Mientras la fiscal Dongiovanni y la Bonaerense estuvieron a cargo de la búsqueda de Lucas, el comisario Centurión se movió con facilidad por Guernica, Brandsen y localidades cercanas. Cuando la investigación pasó a manos del fiscal Ichazo y la Federal, el jefe del clan dejó de frecuentar esas zonas.
Por eso, los familiares presentaron un pedido formal para destituir a la primera fiscal del caso. Por eso, también, los investigadores, a más de tres años de los hechos, continúan realizando rastrillajes por esos lugares.
Tal vez, quizás, en el debate aparezcan pistas sobre el destino final de Lucas. Una confesión mínima para que sus familiares puedan empezar el duelo. Pero, para eso, los jueces deben decidirse a empezar el juicio. Si no es mucho pedir, su señoría.
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