Los cárteles y los Soles
Maduro, los cárteles y los Soles. Crédito: Adam Gray / Reuters.
«Soy Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional del Estado Bolivariano de Venezuela, secuestrado en una intervención militar estadounidense el pasado 3 de enero», se presentó, como si hiciera falta, ante el juez Alvin Hellerstein, del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Un mes antes, el 3 de diciembre, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, indultó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado, en ese mismo fuero, a 45 años de prisión por narcotráfico. Ese mismo día, Encripdata anticipó que era solo cuestión de tiempo para que MAGA aprobara un ataque quirúrgico en Venezuela.
«Soy inocente, no soy culpable, me considero prisionero de guerra«, declaró Maduro, como informó el periodista Ángel Hernández Díaz, presente en la audiencia del lunes 5 de enero. El abogado Barry Pollack, exdefensor, por ejemplo, de Julian Assange, seguramente sepa que Estados Unidos permite el secuestro de una persona en el exterior para poder juzgarlo en su territorio, con un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Unión.
Afuera, el termómetro marcaba 0 grados, punto en el que la materia pasa del estado líquido al sólido. Adentro, en cambio, la imputación contra Maduro sufría el proceso inverso: según el periodista Charlie Savage, en su nota para The New York Times, Estados Unidos suavizó su acusación contra aquel y cuestionó la existencia del Cártel de los Soles. Entre la descripción original de los hechos, fechada en 2020, y la leída en la audiencia, el fiscal Jay Clayton borró 30 de las 32 menciones sobre aquella organización criminal y tanto Maduro como Hugo Chávez ya no figuraban como sus líderes sino como continuadores de un sistema corrompido desde los años noventa por los millones del narcotráfico internacional.
Así, solo quedaron en pie dos referencias: «Maduro -al igual que Chávez- participó, perpetuó y protegió una cultura de corrupción en la que las poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes. Las ganancias de esta actividad ilegal fluyen hacia funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos, quienes operan en un sistema clientelar dirigido por los de arriba, conocido como el Cártel de los Soles, en referencia a la insignia del sol que lucen los uniformes de los altos mandos militares venezolanos».
La segunda: «Entre octubre y noviembre de 2015, Efraín Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, dos familiares de Maduro, acordaron, durante reuniones grabadas con fuentes confidenciales de la DEA, despachar cargamentos de cientos de kilos de cocaína desde el hangar presidencial en el aeropuerto de Maiquetía. Ellos explicaron que estaban en ‘guerra’ con Estados Unidos, describieron al Cártel de los Soles, hablaron de una conexión con un ‘comandante de las FARC’, que supuestamente era de alto rango, e indicaron que buscaban recaudar 20 millones de dólares provenientes del narcotráfico para apoyar la campaña de Cilia Flores a finales de 2015 para la Asamblea Nacional».
La imputación sustitutiva se aproxima más a la realidad: el Cártel de los Soles existe, pero funciona más como la Policía Bonaerense, en la Argentina, o como la propia DEA, de los Estados Unidos, que como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de México: traza pactos con organizaciones, designa enlaces de contactos, habilita rutas para el trasiego de drogas y hasta judicializa a otros grupos criminales tanto para eliminar la competencia como para exhibir resultados, todo, obvio, a cambio de dinero.
Eso sí, el fiscal Clayton mantuvo el calificativo terrorista, con 22 menciones, pero de manera indirecta: Maduro y los demás miembros del Cártel de los Soles se asociaron con organizaciones «narcoterroristas» como el Tren de Aragua, de Venezuela, los extintos Cártel de Sinaloa y Los Zetas, de México, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Tal vez lo más interesante del caso sean los expedientes con los que el fiscal sostiene la acusación: Néstor Reverol Torres, director de la Oficina Antidrogas de Venezuela, prófugo de la Justicia de los Estados Unidos; Vassyly Kotosky Villarroel Ramírez, capitán de la Guardia Nacional, también prófugo; los hermanos Flores, sobrinos políticos de Maduro, quienes fueron condenados por conspiración para importar cocaína en 2016 y formaron parte de un intercambio de detenidos en 2022; Cliver Alcalá Cordones, un general del Ejército, quien se declaró culpable en 2024 por conspirar para proveer armas de las Fuerzas Armadas a las FARC; y Hugo Carvajal, alias «Pollo», exjefe de Inteligencia Militar, quien se declaró culpable en 2025 por narcoterrorismo.
Conectados a los medios y a las redes sociales, 20 millones de venezolanos en su país y 8 millones de venezolanos dispersos por el mundo buscaron el 5 de enero las primeras repercusiones de Maduro en el banquillo.
El juez programó la segunda audiencia para el 17 de marzo. El «Pollo» Carvajal ya avisó en casi todos los idiomas su deseo de declarar contra Maduro. Pero en el juicio, el testigo estrella podría surgir de entre Los Chapitos.
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