Encripdata

El hilo invisible entre el crimen y el poder

Diez años después, declaran muerto a Hugo Díaz, el financista que tenía problemas con Guastini y La 12

Diez años después, declaran muerto a Díaz, el financista desaparecido por Guastini

Declaran muerto a Díaz, el financista desaparecido por Guastini. Crédito: Facebook.

A las 11 de la mañana, minutos más, minutos menos, Hugo Díaz ingresó a una de las oficinas de Diego Xavier Guastini, ubicadas en la calle Florida 520, en plena city porteña. Y si bien los investigadores lo buscaron por casi todos lados, nunca salió de ahí aquel 9 de marzo de 2015. La familia entendió rápido que lo habían matado allí mismo. Sin embargo, tuvieron que pasar casi diez años para que un juzgado en lo civil y comercial del Departamento Judicial de Avellaneda-Lanús, jurisdicción de su domicilio, lo declarara, recientemente, ausente con «presunción de fallecimiento».

Los dos eran financistas, los dos vivían al filo del peligro: Guastini se especializaba en el lavado de activos provenientes del narcotráfico internacional, de ahí que lo llamaban «Dolarín», y Díaz se dedicaba a la introducción de dólares falsos en el mercado «blue», de ahí que no le pusieran apodo sino precio a su cabeza.

El contexto explicaba el riesgo dispuesto a correr por Díaz y también por sus clientes: a pesar del «cepo» cambiario, este financista les conseguía dólares a los barras de los más pesados. Y en cantidad. Una operación. Otra más. Y a la tercera, mezclaba billetes verdaderos con falsos. Por miles.

El problema para Guastini era que Díaz, aunque tenía su financiera en la calle San Martín 543, arrastraba a sus enemigos hacia la suya. Y eso alteraba la tranquilidad que, de la mano de la Secretaría de Inteligencia y la Bonaerense, había sabido construir durante casi una década.

Por esos días, como pudo reconstruir Encripdata, Fernando Di Zeo, hermano de «Rafa», líder de La 12; un tal «Manija», también de la barra de Boca; Pablo «Bebote» Álvarez, capo de la de Independiente; y Diego «Fanfi» Goncebate, de La 14, de Lanús, fueron a buscar a Díaz a la cueva de Guastini.

Estaban dispuestos a todo. Pero a último momento, los barras reconocieron, en el lugar, a Luciano Viale y Alan Viale, dos de los hijos de Pedro Tomás Viale, alias «Lauchón», el agente de la Dirección de Contrainteligencia de la SIDE ejecutado la madrugada del 9 de julio de 2013 en su casa de La Reja a manos del Grupo Halcón.

La amistad cómplice entre las partes de noches enteras en Esperanto frenó la venganza. Pero los hijos del espía no estarían siempre para salvarlo. Ellos trabajaban para Guastini, no para él. Díaz, para blindarse, decidió levantar el perfil, empezó a salir con mujeres de la farándula.

Y, entonces, llegó el 9 de marzo de 2015: aquella mañana, efectivamente, Díaz ingresó a la oficina de Guastini para retirar un cheque, pero nunca lo dejaron salir. Oficialmente, los fiscales Estela Andrades, primero, y Pablo Recchini, después, nunca pudieron confirmar lo sucedido con el financista desaparecido, más allá de ciertas declaraciones, pero Encripdata pudo reconstruir que en La Oficina de Florida mataron a Díaz, descuartizaron el cadáver y sacaron las partes en heladeras térmicas.

Enseguida, Guastini ordenó enterrar los restos de Díaz en algún lugar de su quinta de Abbott, en las afueras de San Miguel del Monte. En sus cuatro hectáreas, además de la casa, tenía pileta, acceso a una laguna y un pequeño bosque. Ideal para la ocasión. Y así lo hicieron.

Pero no estuvieron mucho tiempo bajo tierra: ante el rumor de que los investigadores allanarían las propiedades en busca de Díaz, Guastini ordenó exhumar los huesos para convertirlos en cenizas. Para ese momento, eran dos los cuerpos: a Alberto Mejía, alias «Papo», un colombiano vinculado a «Leones Blancos», también lo habían asesinado.

La desaparición de Díaz llenó páginas de diarios, horas de televisión. La de Mejía, no. Nada. Y aunque nunca fue acusado formalmente, Guastini descuidó una de las características más importantes en el crimen organizado: el perfil bajo.

La Oficina de Florida quedó al descubierto. Ni siquiera declarando como «arrepentido», ni siquiera entregando información sobre narcotraficantes, policías y fiscales, nunca más pudo recuperar la confianza del bajomundo: la mañana del 28 de octubre de 2019, a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes, un grupo comando lo eliminó. El sicario actuó a cara descubierta. Todo un mensaje.

Por el crimen de Guastini, las autoridades reabrieron por unos días el expediente por la desaparición de Díaz. Claro, ante la ausencia de «Dolarín», otros jugadores del crimen organizado dijeron saber lo que realmente le habían hecho al financista que jugó con los barras.

Pero como Guastini tenía la costumbre de «cambiar constantemente la diagramación de las oficinas», incluso levantando paredes de durlock, nunca pudieron determinar en qué oficina lo mataron. Entonces, en el 2022, archivaron la búsqueda para siempre.

Por eso, y por la presión de la familia para completar la sucesión patrimonial, un juzgado en lo civil y comercial finalmente declaró, a finales del año pasado, la ausencia del financista Díaz con presunción de fallecimiento.

En los últimos días, además, la jueza Sabrina Namer, del Tribunal Oral en lo Penal Económico (TOPE) 1 porteño, el mismo que condenó a Guastini por contrabando de divisas, resolvió decomisar la oficina de Díaz ubicada en la calle San Martín 543, piso 4, unidad funcional 9.

Porque Díaz era parte de la banda de Guastini.

También fue su peor gran error.


Somos un medio especializado en el crimen organizado en la Argentina, sus relaciones subterráneas y sus conexiones internacionales. Hacemos periodismo de investigación sin recurrir a pauta oficial ni a publicidad privada. Somos Encripdata, el hilo invisible entre el crimen y el poder. Si te gustó esta historia, tomemos un café y te contamos más.

Invitame un café en cafecito.app

About Author