«Guille» Cantero confirmó el crimen de Tallone: «Puede estar enterrado en algún lado o en un tanque con algo»
"Guille" Cantero, jefe de Los Monos y dueño de Rosario. Crédito: Ministerio de Seguridad.
La noche del 4 de diciembre, mientras el mundo de la política temblaba por la detención del senador Edgardo Kueider con una mochila llena de dólares en Paraguay, la cárcel de Marcos Paz, la segunda de máxima seguridad de Argentina, fue el escenario del encuentro entre otros dos mundos: según el documento oficial al que accedió Encripdata, Carlos Stornelli, uno de los fiscales con más años en los Tribunales Federales de Comodoro Py, se reunió con el interno más peligroso del país, Ariel Máximo Cantero, «el Guille», jefe de Los Monos y también de la barra de Newell’s.
Acompañado por uno de sus secretarios, el fiscal Stornelli les solicitó a las autoridades del Servicio Penitenciario Federal (SPF) que fueran a buscar a su celda a «Guille» Cantero siguiendo el protocolo del Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo.
Multicondenado a 132 años de prisión por todo tipo de delitos -aunque con penas unificadas en 50 años, el máximo plazo posible-, el fiscal Stornelli le aclaró al jefe de Los Monos, de 36 años, que esta vez, solo esta vez, no lo acusaría por nada, al contrario, que necesitaba su testimonio para resolver un caso: el secuestro de Gastón Tallone.
A las 21.50 horas empezó la declaración oficial. Y, entonces, «Guille» Cantero le dijo la verdad: «Yo creo que Tallone no está vivo, pienso que puede estar enterrado en algún lado o en un tanque con algo», como dejó constancia en el documento oficial al que accedió Encripdata.
Pero no le dijo toda la verdad: «José vino muchas veces acá a verme por el tema de Tallone. Había un problema de plata. A Tallone lo secuestraron, como se vio en el video de la tele. José cuando vino, confió en mí, me contó lo que le pasaba. Por lo que me contó José, le debía como 300 mil dólares. Yo no conocí a Tallone. Cuando me habló José, él me hablaba de cacharritos y yo no entendía, después me aclaró que así se refieren a la droga».
José era Uriburu, descendiente de la familia del abogado José Evaristo Uriburu, presidente constitucional entre 1895 y 1898, y del teniente general José Félix Uriburu, el primer dictador argentino, entre 1930 y 1932. Noventa y dos años después, un Uriburu entró 17 veces a la cárcel para visitar al narcotraficante más peligroso del país a pesar del sistema para presos de alto riesgo. Presentándose como su abogado que nunca fue, sorteó ese obstáculo una y otra vez.
Como reveló Encripdata en agosto, Los Monos ajustaron las cuentas con Tallone por haber robado 340 kilos de cocaína de la Terminal Portuaria Concepción del Uruguay. Uriburu y Tallone se pelearon por las cosas que sucedieron en la empresa. En sus visitas, Uriburu convenció a Cantero de que el ladrón del cargamento era Tallone. Entonces, el 8 de julio de 2024, lo secuestraron ante las cámaras de seguridad de Nación Servicios, una empresa del Banco Nación, ubicada en Anchorena 454, en la zona del Abasto. La propia víctima pagó 100 mil dólares para que lo liberaran esa misma noche, pero no fue suficiente: dos rosarinos lo llevaron a un rancho de Ingeniero Maschwitz.
Familiares ya presumían que a Tallone lo habían matado, pero no habían tenido acceso a la confirmación del propio Cantero, aunque lo hiciera como testigo. Hasta hoy, con esta publicación.
Y si bien se mostró ajeno al hecho, se hizo cargo de varios datos publicados desde agosto por este medio que, en realidad, lo ubicaron a él como organizador: reconoció tener información previa sobre la deuda vinculada a una operación de narcotráfico, las visitas de Uriburu y el secuestro de Tallone.
De hecho, por el secuestro de Tallone, los jueces Pablo Seró, primero, y María Servini, después, procesaron con prisión preventiva a José Uriburu y Juan Carlos Miró, los socios que le tendieron la trampa a Tallone por orden de Los Monos; a Gustavo Juliá, nexo entre Uriburu y Los Monos; a Alejandro Ficcadenti, alias «Rengo», fugaz líder de la barra de Newell’s, y Sergio Di Vanni, alias «Bebé», su mano derecha; y a Lucas Leiva, alias «Teletubi», sicario de Los Monos.
Y también a Mauricio Zabaleta, pero por otro delito: al hermano de Juan Zabaleta -exintendente de Hurlingham y exministro de Desarrollo Social de Alberto Fernández– lo acusaron por hacerse pasar por Los Monos, extorsionar a la familia e intentar sacarle más plata. Y eso que «Harry» era amigo de Tallone.
En un expediente paralelo, el fiscal Franco Carbone pudo reconstruir que «Rengo» Ficcadenti y «Bebé» Di Vanni fueron quienes colocaron una cabeza de chancho con una bala en la puerta de la inmobiliaria de la familia de Ángel Di María, todo para que el campeón con la Selección no volviera a vestir la camiseta de Rosario Central. Como premio, Cantero, el verdadero jefe de la barra de Newell’s, lo proclamó líder del paraavalanchas. Duró solo un partido: el fiscal decidió detenerlo, precisamente, por la amenaza a Angelito. En un allanamiento, halló un cuaderno donde, de puño y letra, dejó pruebas de su participación en el secuestro de Tallone.
Ahora, familiares de Tallone desean que les indiquen dónde terminó el cuerpo para poder darle cristiana sepultura.
Y, obviamente, que los responsables, uno por uno, paguen por lo que hicieron aquella gélida noche del 8 de julio.
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