Irala y Hernández, los policías que quisieron reír últimos, pero que pueden volver a caer por reír primero para la foto

Los policías que quisieron reír últimos, pero que pueden volver a caer por reír primero para la foto

Los policías que no pudieron reír últimos. Crédito: Encripdata.

Estaban exultantes. Acababan de dar el gran golpe del año. No dudaron, entonces, en sacarse la foto que publica Encripdata. Sonrieron. No era para menos: estaban parados sobre 2 millones de dólares. Debajo de sus pies, en esas bolsas negras, había 550 kilos de cocaína, según informaron sus jefes de la Superintendencia de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas luego de atrapar a los narcos, o más de una tonelada del polvo blanco, unos 4 millones de dólares, según los traficantes que vieron como los uniformados les robaron la mitad del cargamento frente a sus narices.

Los policías nunca esperaron que los narcos sugirieran eso en el juicio, menos que el tribunal absolviera a los acusados y ordenara investigar a los acusadores, menos aún que la jueza Sandra Arroyo Salgado y el fiscal Fernando Domínguez imputaran al fiscal, los secretarios y ellos mismos por el golpe detrás del golpe de «Leones Blancos»: el robo de la mitad de la droga para revenderla en Santa Clara del Mar y en Europa.

Pero los que sonrieron aquella vez se olvidaron de que lo hicieron la foto.

La jueza procesó a los policías Adrián Gonzalo Baeta y Juan Alberto Elizalde, los primeros en llegar a las 20.38 al peaje de la Autopista Panamericana, donde detuvieron a los traficantes; sus compañeros José María Delgado y Tamara Belén Machuca; Juan José Magraner, jefe de todos ellos; y Leonardo Gastón Irala y Raúl Elías Hernández, que estuvieron allí aquel 29 de diciembre de 2013.

Roberto Casorla Yalet, abogado de Magraner, realizó un análisis del impacto de los teléfonos en las antenas que cubren la autopista para intentar demostrar que Carlos Daniel Maidana -un expolicía federal devenido en informante de Baeta- mintió nueve veces al declarar como «arrepentido» para mejorar su situación procesal frente a la del resto de los involucrados en el robo de la cocaína.

Los abogados de Irala y Hernández, en cambio, consideraron que el hecho investigado existió tras revisar la prueba recolectada por la jueza y el fiscal y hasta reconocieron que sus defendidos participaron de «Leones Blancos», pero que ellos solo estuvieron en el perímetro del operativo. A decir de Irala, que «no estuvo presente cuando ello ocurrió», es decir, cuando sus compañeros se robaron la droga. A decir de Hernández, tampoco «participó de la incautación de material prohibido» por lo que también fue «ajeno al desvío».

Los camaristas Marcos Morán, Juan Pablo Salas y Marcelo Darío Fernández, de la Sala I de la Cámara Federal de San Martín, les creyeron a Irala y Hernández: «Se carece de precisiones en torno al modo en que efectuaban la custodia perimetral, su alcance respecto del epicentro de la escena criminal, como así también su presencia en el momento justo en que se materializara la sustracción». Por eso no solo ordenaron su excarcelación sino también su falta de mérito para procesar o sobreseer.

Pero, como demuestra la foto que publica Encripdata, Irala y Hernández no estuvieron en el perímetro. No todo el tiempo. También estuvieron en, como lo definieron los camaristas, «el epicentro de la escena criminal». Se pararon sobre las bolsas negras, sobre los millones de dólares en cocaína. Como policías de Quilmes en un operativo que empezó en Moreno a cargo de un fiscal de San Isidro. Y en remeras, bermudas y zapatillas.

Y no solo sonrieron para la foto. También trasladaron los bolsos que contenían las bolsas negras con el polvo blanco. No por nada estaban transpirados.

Irala y Hernández sonrieron para la foto, pero se olvidaron el final del refrán.