Encripdata

Un paso adelante

Las manos de Forza, Ferrón y Bina: el error del autor intelectual del triple crimen y del que nadie se dio cuenta en trece años

Necrocianosis, prueba clave del triple crimen de la efedrina

Necrocianosis, prueba clave del triple crimen. Crédito: Encripdata.

La evidencia estuvo ahí todo el tiempo. Desde el día uno. Sin exagerar. Al principio, nadie se detuvo a mirarla con precisión. Tal vez porque era demasiado pronto para darle la importancia que tenía. Al final, cuando terminaron de juntar las pruebas para sostener la acusación, tampoco analizaron si lo que indicaban los elementos por separado era compatible o no con lo que sugerían al observarlos en conjunto. Quizás porque la prioridad fue sacar el juicio adelante contra las cuatro personas identificadas como partícipes necesarios. Pero la evidencia estuvo ahí todo el tiempo. Desde el día en el que varios vecinos encontraron los cuerpos de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. Ahora, trece años después, tras un exhaustivo examen independiente del caso, Encripdata redescubrió la prueba que revela que el triple crimen de General Rodríguez no se produjo en General Rodríguez.

Es más: mientras los tuvo secuestrados, la banda integrada, entre otros, por los hermanos Martín y Cristian Lanatta y los hermanos Víctor y Marcelo Schillaci no llevó el 7 de agosto de 2008 a Forza, Ferrón y Bina a General Rodríguez para ejecutarlos sino a otra parte. Luego, sí, plantó el 13 de ese mes los cadáveres en un zanjón de aquella localidad. Pero General Rodríguez fue antes que nada un mensaje y a su vez una maniobra de distracción que perduró. Hasta hoy.

La clave estaba en las manos de las víctimas.

La clave estaba en la necrocianosis.

Pero los fiscales Ana María Yacobucci, Juan Ignacio Bidone y Marcela Falabella no le prestaron atención. Tampoco los jueces María Graciela Larroque, Fernando Bustos Berrondo y Marcos Tomás E. Barski, del Tribunal 2 de Mercedes, que dieron por probado que los Lanatta y los Schillaci convocaron a Forza, Ferrón y Bina a una reunión para el 7 de agosto de 2008 en el Walmart de Sarandí con la excusa de concretar una compraventa de efedrina, pero, en vez de eso, los engañaron, los llevaron a la casa de Cristian Lanatta, ubicada en Quilmes, los privaron ilegalmente de la libertad, precintos en las manos mediante, los trasladaron esa misma tarde en la camioneta de Ferrón hacia General Rodríguez, los mataron, prendieron fuego ese vehículo y una de las armas usadas en Villa Santa Rita, abandonaron el auto de Forza en Constitución, preservaron los cuerpos en frío seis días y finalmente los plantaron el 13 de ese mes en un zanjón de General Rodríguez.

Concluyeron: «El recorrido condujo a la localidad de General Rodríguez, ingresando por la ruta provincial 47 -camino viejo a Navarro-, se dirigieron a las proximidades de la Estancia Chapalco, donde en lugar que no se ha podido precisar, ese mismo día, alrededor de las 16, fueron ejecutados, utilizando sendas armas de Forza, casi simultáneamente, por dos asesinos situados a sus espaldas, siguiendo el siguiente orden: Ferrón, Bina y Forza».

Para sostener la reconstrucción, enumeraron las siguientes pruebas:

Con base a los informes de Nextel, Ferrón fue el primero en llegar al Walmart de Sarandí. Lo hizo a las 12.17. Catorce minutos después, le escribió un mensaje de texto a Forza: «Hace media hora que estoy y no lo encuentro». Forza, acompañado por Bina, arribó al supermercado. En esos minutos, desde una línea comprada por Martín Lanatta, lo llamaron a Forza. Tres veces. A las 12.35, 12.39 y 12.46. Luego, Forza, Ferrón y Bina partieron hacia la casa de Cristian Lanatta.

A las 13.02, Ferrón, con su Nextel, estuvo posicionado por primera vez en la antena 2089 Quilmes, que cubre el domicilio de la calle Nicolás Videla 631.

A las 13.54, los teléfonos de los tres impactaron por última vez en esa antena que cubre esa casa, que no era otra que la de Cristian Lanatta.

Ya con las manos atrás de la espalda y sujetadas con los precintos, la banda subió a Forza, Ferrón y Bina a la camioneta de Damián y los llevó hacia la zona oeste. Para eso, según los informes de las autopistas, con el vehículo pasaron por el peaje de Dock Sud a las 14.11, por Parque Avellaneda a las 14.43, por Ituzaingó a las 14.54 y por Luján a las 15.25.

En el trayecto, tiraron dos de esos teléfonos a un costado del camino.

«Alrededor de las 16, cerca de la estancia Chapalco, ejecutaron a Forza, Ferrón y Bina».

Como testigo, el director de Criminalística de la Policía Bonaerense Marcelino Cottier confirmó: «De las pericias geológicas que se efectuaron, se estableció que la camioneta de Ferrón entró en el camino de tierra con dirección a Navarro y llegó hasta el ingreso de la estancia Chapalco. Esto es categórico. Que por esto y por razones de lógica, no van a llevar tres cadáveres durante un largo trayecto. Las víctimas fueron ultimadas y conservadas en General Rodríguez».

De regreso, el conductor del vehículo volvió a pasar por el peaje de Luján y por el de Ituzaingó, pero esta vez no hacia la zona oeste sino hacia la Ciudad de Buenos Aires. Lo hizo a las 16.03 y a las 16.23.

Estacionada la Grand Vitara de Ferrón sobre la calle Galicia 2789, la prendieron fuego recién cerca de las 20. Antes pusieron la Taurus 9 milímetros de Forza con la que esa misma tarde lo habían matado a él y sus socios.

En resumen, según los jueces y los fiscales, Forza, Ferrón y Bina llegaron a la casa de Cristian Lanatta a las 13.02, allí la banda los redujo, les puso los precintos en las manos, los subió al vehículo y los ejecutó en General Rodríguez y uno de sus miembros pasó de regreso por el peaje Luján a las 16.03 y finalmente prendió fuego la camioneta de Ferrón y la pistola de Forza mientras caía la noche en Villa Santa Rita.

Sin embargo, tras un exhaustivo examen independiente del caso, Encripdata redescubrió una evidencia que pone en crisis parte de la reconstrucción validada por los magistrados en el juicio de Mercedes. Se trata de la necrocianosis presente en las manos de Forza, Ferrón y Bina, es decir la disminución del flujo sanguíneo, como consecuencia de los precintos en las muñecas. Con el correr de los minutos, la cianosis se forma primero debajo de las uñas, luego en las manos y finalmente en las palmas.

Rodolfo Baldan es uno de los peritos que practicó las autopsias a los cuerpos de las víctimas. En el juicio, declaró: «La necrocianosis en las manos tenía que ver con precintos que tuvieron colocados que llevó a un estado de necrosis esquemia que presentaban los tres cadáveres». Y precisó: «Para que aparezcan marcas en las manos, deben haberlos tenido más o menos cinco horas antes de la muerte a los precintos«.

Virginia Creimer, por su parte, es la perito forense de la Procuración General bonaerense a la que el fiscal Bidone le solicitó analizar los resultados de las autopsias. En el debate, agregó: «Cuando se comprime un miembro, disminuye el riego sanguíneo; lo primero que colapsa es el sistema venoso, falta la irrigación, según el órgano que se comprima, van a ser diferentes los efectos. Primero se produce una cianosis, luego necrosianosis; los tejidos van muriendo por falta de oxígeno. En estos cadáveres, tenían en los dedos cianosis, a partir de los veinte minutos se produce cianosis y a partir de las tres horas, necricianosis distal«.

De nuevo: según Baldan, desde que les pusieron los precintos, Forza, Ferrón y Bina estuvieron cinco horas con vida.

Según Creimer, al menos tres horas.

Tres horas y un minuto pasaron entre la primera activación del Nextel de Ferrón en el área de influencia de la antena 2089 Quilmes, que cubre la casa de Cristian Lanatta, y el paso de regreso de la camioneta de Ferrón por el peaje de Luján con dirección a la Ciudad. En el medio, siempre siguiendo la lógica imperante en la reconstrucción oficial, los Lanatta, los Schillaci y otras personas no identificadas -«sabemos que en este proceso no están todas», reconoció la jueza Larroque- no solo consumieron minutos para neutralizar a Forza, Ferrón y Bina antes de poder ponerles los precintos sino también para después de ejecutarlos, ir desde la zona de la estancia Chapalco hasta el peaje de vuelta de Luján, por el que uno de los miembros de la banda, con la camioneta de Ferrón y una de las armas de Forza en su poder, pasó a las 16.03. Si esto hubiera sido así, podrían haber prendido fuego el vehículo con la pistola mucho antes en Villa Santa Rita.

Pero la necrocianosis en las manos de las víctimas indica que General Rodríguez fue una distracción.

Y la demora entre la vuelta de la camioneta a la Ciudad y su incendio -tres horas y media-, sugiere que eso se debió a que en realidad a Forza, Ferrón y Bina los mataron en un lugar lejano a General Rodríguez y que, por eso, el conductor del vehículo tuvo que esperar a que uno de los autores de los disparos le llevara la Taurus 9 milímetros de Forza para prenderla fuego junto con la Grand Vitara de Ferrón.

Esta reconstrucción no cambia la situación de los Lanatta y los Schillaci.

A ellos los condenaron a cadena perpetua por la prueba telefónica.

Pero como dicen los criminalistas, «el cuerpo habla». En este caso, las manos de Forza, Ferrón y Bina. Sin embargo, ni los jueces ni los fiscales que miraron las pruebas -lo que indican por separado y lo que sugieren en conjunto- tuvieron la capacidad suficiente para observar el error de la necrocianosis. Este error, el primero descubierto en trece años y por Encripdata, habla, a su vez, de la inteligencia de los que planificaron el triple crimen.

General Rodríguez fue una distracción.

Ahora falta saber cuál fue el mensaje.