Encripdata

Un paso adelante

Fue juez federal, lo condenaron por pactar con narcos, pero lo dejaron salir de la cárcel para pasar el domingo con la esposa

La vida del exjuez Reynoso en la cárcel de Salta

La vida del exjuez Reynoso en la cárcel de Salta. Crédito: MPF.

Hubo un tiempo en el que Raúl Reynoso parecía ser un héroe por combatir, junto a un puñado de empleados judiciales, a las organizaciones de narcotráfico en la frontera entre Argentina y Bolivia. Pero ese retrato se rompió cuando descubrieron que aprovechaba esa fachada de juez incorruptible para «administrar» el narcotráfico regional: a algunos narcos les cobraba para liberarles zonas y a otros los detenía para mostrar resultados. El Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de Salta lo sentenció en el 2019 a 13 años de prisión. Ni cerca está todavía de alcanzar los dos tercios necesarios para pedir salidas transitorias. Además tiene otras causas abiertas. Sin embargo, el haber sido juez federal pareciera ser que le hizo tener ciertos privilegios. Encripdata pudo saber que, con el aval del tribunal, el exmagistrado salió de la cárcel de Güemes para pasar el domingo con su esposa en una casa del barrio Tres Cerritos.

No es la primera vez. El 19 de septiembre, Reynoso y pareja compartieron otro día juntos. Y en los últimos dos años, varias veces más. Además exigió que de ahora en adelante pueda salir el primer y tercer domingo de cada mes, según los artículos 313 y 496 del Código Procesal Peanl de la Nación (CPPN). Según esos, «los jueces podrán autorizar, mediante resolución fundada, a salir del establecimiento y ser trasladados bajo debida custodia, para cumplir sus deberes morales en caso de muerte o de grave enfermedad de algún pariente próximo, por el tiempo que prudencialmente se determine».

Los jueces del tribunal aceptaron parcialmente el planteo del exmagistrado: por eso mismo el domingo estuvo seis horas con su esposa en la casa familiar, pero rechazó la posibilidad de que salga dos domingo por mes. «Tienen naturalez de carácter extraordinario y excepcional, fundados en motivos humanitarios, con el objeto de mantener su vínculo familiar y particularmente el conyugal, atento a las afecciones que padece su consorte». En otras palabras: Reynoso deberá pedir cada que vez que quiera salir de la cárcel y los jueces decidirán en cada caso en particular.

Esto ya no depende de Reynoso, pero, extrañamente, aunque su esposa «padece enfermedades crónicas e incapacitantes que la colocan en situación de vulnerabilidad», él, estando en la cárcel, ya cuenta con las dos dosis de una de las vacuna contra el coronavirus y ella, solo la primera.

Como publicó Encripdata en octubre, Reynoso realizó entre marzo y diciembre de 2017 el curso de Asistente Deportivo del Árbitro, certificado por la Asociación Argentina de Árbitros (AAA), con una carga horaria de 160 horas cátedra. Por este, el tribunal le convalidó dos meses.

Entre agosto y diciembre de 2019, hizo el taller de Encuadernación Artesanal, avalado por la Dirección General de Educación para Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación de Salta, de 135 horas cátedra. Por este, otro mes.

Y, entre septiembre y diciembre de 2019, sumó el curso de Organización de Bibliotecas, habilitado por la Biblioteca Provincial Doctor Victorino de la Plaza, por 120 horas cátedra. Por este, también, otro mes más.

Aunque todavía tiene otros procesos en su contra, la condena a 13 años de prisión vencía el 30 de abril de 2029. Ahora, gracias a los cursos de juez de línea, encuadernación y biblioteca, terminará el 31 de diciembre de 2028. Hasta entonces, tendrá muchas más salidas como la del domingo.

De carácter «extraordinaria y excepcional».

Que parecen más un privilegio que otra cosa.