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Un paso adelante

Stefanini, siete años después: dos escenas posibles de la desaparición y un auto de distracción

A siete años de la desaparición de Damián Stefanini

A siete años de la desaparición de Damián Stefanini. Crédito: Encripdata.

Por muchos años, los investigadores intentaron descifrar el enigma llamado Damián Stefanini analizando escenarios posibles del día en el que se convirtió en un fantasma. Siete años. Después de tanto tiempo, para saber qué le pasó, hay que dudar de todo, no solo de las personas con las que se contactó en los últimos minutos de aquel 17 de octubre de 2014, duda que los especialistas tuvieron desde el principio, sino también de lo que los individuos que participaron en su desaparecieron quisieron que los detectives vieran como evidente, como pudo reconstruir Encripdata. Es cierto: el caso de este financista habría sido archivado si no fuera por su relación no del todo clara con el fiscal de la UFI-AMIA, Alberto Nisman, encontrado muerto el 18 de enero de 2015, pero su familia merece una respuesta, amarga, sí, pero respuesta al fin.

Como reconstruyeron la jueza federal Sandra Arroyo Salgado y el fiscal Fernando Domínguez, Stefanini salió de su casa en Bahía del Sol, San Fernando, a bordo de su Audi S4 patente FRF710. Pero, a poco de andar, se produjo la primera extrañeza: oficialmente, tres cámaras de seguridad registraron a las 8.39 su paso por la Avenida del Libertador con dirección norte hacia Tigre, pero, según un informe de inteligencia, al que tuvo acceso Encripdata, los detectives que analizaron las cámaras 97, 111 y 112 de la Municipalidad de San Fernando advirtieron que «en dichas grabaciones se puede apreciar que las características del rodado analizado no son coincidentes con el vehículo en cuestión».

Según ese informe, el auto de Stefanini fue captado a las 8.30 en Almirante Brown e Italia, ya en Tigre, es decir nueve minutos antes que en aquella secuencia, pero varias cuadras delante del trayecto oficial.

Como sea, a las 8.45 llegó al astillero Klase A, ubicado en la calle Pampa 1092, Rincón de Milberg, para ver cómo iba la construcción de tres barcos. En esa empresa, según declaró su dueño Gustavo Miele, Stefanini estuvo una hora y media. Miele le estaba armando tres embarcaciones a Damián y su amigo Hugo Schwartz. El costo: 2 millones de dólares.

Tras salir del astillero, una cámara de seguridad registró el Audi S4 a las 10.13 en el puente Tedín con dirección hacia avenida Liniers y Padre Castañeda, donde sería captado dos minutos después.

A las 10.36, según la cámara de seguridad de una Shell, el auto con vidrios polarizados llegó a la estación de servicios y se frenó sobre la calle Melo, casi esquina Mitre, Florida Oeste. A escasos metros se ubicaba el depósito de Cala Fighera SA, vinculado a él. En esa posición se quedó por 42 minutos. En ese tiempo, nadie salió ni entró al vehículo. A las 11.18, reanudó viaje. A las 11.22, estacionó en Roca 2480. A solo cincuenta metros estaba el estudio de su contador Milton Osnajansky. Este hombre, aunque al principio bajó el perfil y dejó de frecuentar su propia casa, en el 2018 creó una empresa, que llegó acumular 691 mil pesos en cheques rechazados en los últimos doce meses.

Otra extrañeza: si bien Vicente López era, para esa época, de las municipalidades que más cámaras tenía instaladas del sistema 911 para prevenir delitos en la vía pública, al igual que Tigre, en ese corto trayecto, desde la estación de servicios hasta su posición final y próxima al estudio de su contador, ninguna cámara lo captó. Así, a los investigadores siempre les llamó la atención esa ventana de tiempo de 3 minutos y 25 segundos.

Y otra extrañeza más: un testigo declaró que casi termina atropellado por el Audi S4. Dijo algo más: que el conductor no se parecía a la foto que se viralizó de Stefanini y que, obviamente, le mostraron en la fiscalía.

Si ese testigo estuviera en lo cierto, habría dos escenarios clave: aquella ventana de 3 minutos y 25 segundos en la que el auto se movió por Vicente López sin que alguna cámara lo registrara o la última vez que Stefanini se bajó del auto, es decir, durante su paso por el astillero, lugar en el que estuvo por 88 minutos, reunido con Miele, de Klase A, y Schwartz, su socio en la construcción, justamente, de tres barcos.

Los investigadores analizan hace tiempo los llamados que se sucedieron entre varias personas inmediatamente antes y después de ese encuentro y especialmente durante esos 88 minutos.

Quienes secuestraron a Stefanini -a esta altura, ya descartaron que se haya ido por voluntad-, actuaron de forma muy parecida a quienes seis años antes engañaron, secuestraron y mataron a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. Si en el triple crimen, la banda integrada, entre otros, por los Lanatta y los Schillaci armaron varios escenarios para despistar a los detectives (lugar de celada diferente a la de la ejecución, diferente al de la quema de la camioneta de Ferrón y el arma de Forza y diferente al del plantado de los cuerpos), en el caso de Stefanini, hicieron «pasear» su auto por los sitios que la víctima frecuentaba para que los investigadores pensaran que había sido él.

Existe, es cierto, una gran diferencia entre ambos casos: la banda de la que participaron los Lanatta y los Schillaci «entregaron» los cadáveres. Tal vez, si los hubieran desaparecido, la Justicia no habría podido sentenciar a los cuatro como partícipes necesarios, pero quienes planificaron el triple crimen necesitaban plantar los cuerpos para dar un mensaje. Si los detectives alguna vez logran descifrar ese mensaje, estarán muy cerca del autor ideológico. En el caso de Stefanini, sus secuestradores no quisieron dar un mensaje sino asegurarse la impunidad para no ser atrapados. Por eso, no hay cadáver, no hay escena del crimen, hay, en cambio, un trayecto de un auto que nadie, a esta altura, sabe quién manejaba y hay, también, cruces de llamados interesantes, pero que para no todos los funcionarios judiciales no son suficientes como para sostener una acusación.

Luego, por supuesto, están los contactos de Stefanini que los detectives investigan en busca de un móvil: además de las embarcaciones en común con Schwartz, el financista abrió el 20 de septiembre de 2012 Hamlin Suites Condominium Association Inc junto a un tal Mickey Hague en Florida, Estados Unidos; al mes siguiente le hizo la transferencia a Nisman por 150 mil dólares a la cuenta del Merrill Lynch; en esa época viajó con Claudio Picón, amigo y dueño del auto del fiscal, y el propio Schwartz a China para participar de una exhibición de barcos; también hizo viajes con Eugenio «Pipo» Ecke, socio de Picón, vinculado a los servicios de inteligencia. Pero buscar un móvil cuando no hay siquiera un escenario de la privación ilegal de la libertad identificado es remar contracorriente: te devuelve al punto de partida.

Por el triple crimen, la fiscal Marcela Falabella advirtió, con razón, que para engañar, secuestrar y matar a Forza, Ferrón y Bina, la banda contó, entre otras cosas, con «aporte de logística, aporte de estrategia y planificación, materialización y aseguramiento de la celada para la privación de la libertad o secuestro y disfraz de la escena del crimen a fin de confundir a los investigadores como medio seguro para procurar la impunidad, un trabajo que exige conocimientos específicos de las víctimas y de la intervención policial y judicial, disciplina, práctica, dirección y coordinación previa».

En el caso Stefanini, el disfraz de la escena provocó, al menos, dos cosas: primero, que los detectives buscaran rastros del financista en las morgues de la Argentina, en ciudades de Paraguay y en playas de Brasil.

Lo otro que provocó fue el desfile de testigos que dijeron en los medios tner pistas, como el periodista Jorge Boimvaser y el exjuez Héctor Yrimia, pero que cuando fueron citados, no dijeron nada en fiscalía. Incluso, Jorge «Chucky» Giménez, un policía federal retirado reconvertido en narco, primer testigo de identidad reservada del caso Scapolan, llegó a decir que el financista Diego Xavier Guastini estuvo involucrado en las desapariciones de Stefanini y también de Hugo Díaz. Díaz está desaparecido desde el 8 de marzo de 2015. Su rastro se perdió esa mañana luego de entrar a la «cueva» financiera de Guastini en la calle Florida 520. A Guastini lo asesinaron el 28 de octubre de 2019 a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes. Giménez murió en 2020 tras una larga enfermedad.

En el triple crimen, hubo una mano experta que disfrazó la escena.

En el caso Stefanini, esa mano no solo fue experta sino también «invisible».