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Un paso adelante

Condenaron a tres mexicanos por «Bobinas Blancas» y un argentino deberá pagar una multa de 3,7 millones de dólares

Las condenas por narco y lavado en "Bobinas Blancas"

"Bobinas Blancas": condenas por narco y lavado. Crédito: Ministerio de Seguridad.

El Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca sentenció este jueves a penas de entre 15 años y 5 años de prisión a los argentinos y mexicanos que pretendieron contrabandear 2233 kilos de cocaína en rollos de láminas de acero hacia Canadá. Uno de los condenados, según el fallo al que accedió Encripdata, deberá pagar una multa de 3,7 millones de dólares una vez que el fallo esté firme.

Los jueces Pablo Díaz Lacava, Pablo Candisano Mera y Pablo Larriera le impusieron 15 años de cárcel al mexicano Max Rodríguez Córdova, 14 años a sus compatriotas Jesús Madrigal Vargas y GIlberto Acevedo Villanueva, 6 años a los argentinos Amilcar Darío Martino y Marcelo Rafael Cuello, 5 años a su hermano Darío Maximiliano Cuello, todos por la operación de narcotráfico internacional, y 5 años a Emmanuel García, por lavado de activos.

Una vez que la sentencia esté firme, los policías deberán detener a García. En ese momento, el condenado deberá pagar una multa de ocho veces el monto de las cinco operaciones de lavado de activos. En total: 3.747.200 dólares.

Al inicio del juicio, los tres mexicanos y tres argentinos confesaron haber intentado contrabandear 2233 kilos de cocaína ocultos en rollos de láminas de acero con destino a Canadá. García, en cambio, siempre negó todo.

Los magistrados fallaron en línea con lo solicitado por el fiscal de juicio Gabriel González Da Silva. En su alegato, el acusador apuntó que García debió ser juzgado también por la operación de narcotráfico, según las pruebas recolectadas, pero como el juez federal Adrián González Charvay no se la imputó, «debería ir caminando a Luján para agradecerle».

García manejaba mucha plata de la banda: tanto que cuando le allanaron en junio del 2017 su departamento de Recoleta, tras tirar abajo la puerta blindada, los detectives descubrieron 160 mil dólares en una caja fuerte.

Para el fiscal, lo que García guardaba en la caja fuerte era solo una parte: «No puede ser que le hayamos encontrado solo esos montos porque operaba con millones. Los hizo desaparecer. Los tiene que tener en alguna parte. El bitcoin pasó de 1400 dólares en 2017 a 57.000 dólares este año. Si García todavía los tiene, se hizo millonario«. El tribunal ordenó el decomiso de los elementos individualizados, pero no quedó claro si eso incluía la billetera virtual del lavador.

En la banda mixta, todos tenían su rol: Max y Rodrigo Alexander Naged Ramírez fueron los jefes de la célula en la Argentina; Acevedo y Madrigal se encargaron de preparar los paquetes de cocaína; los hermanos Cuello consiguieron los autos y el galpón; Martino fue el dueño de Can Trade Connections y como tal importó las láminas de acero para que los mexicanos ocultaran allí los «ladrillos». Pero la organización era más grande: el fiscal pidió que el tribunal le reitere a la Interpol la necesidad de capturar al contacto en Canadá, Kenneth James Booth, que debía descargar la droga, y los mexicanos Gabriel Cabrera MadrigalJuan Manuel Corza Pimentel y Rubén De Luna Rodríguez.

Naged Ramírez, el otro jefe de la banda en la Argentina, no llegó al juicio: alguien lo mató antes. Eso fue la noche del 4 de junio de 2018. Un sicario aprovechó la visita de la abogada Julieta Estefanía Bonanno a su casa, donde era cuidado por su hijo John Naged desde que sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) para irrumpir allí, ejecutar a padre e hijo, dejar viva a la defensora y escapar para convertirse en un fantasma desde entonces. Por el doble crimen de Belgrano, un tribunal juzga a letrada como «entregadora» de sus clientes.

Por encima de todos ellos estaba un hombre del que los investigadores solo supieron su alias: «Lic». Max, quien le reportaba el día a día de la operación, y García, quien convertía a dólares los bitcoins que recibía, sin importarle si estaban «marcados» o incluso «manchados con sangre», prefirieron no decir en el juicio cuál era el nombre del enigmático «Licenciado».

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