Encripdata

Un paso adelante

Tres de la Ndrangheta sueltos en la Argentina: por qué Italia retiró la extradición de los operadores del clan Bellocco

La Ndrangheta en la Argentina

La Ndrangheta en la Argentina. Crédito: Ministerio de Seguridad.

Cada vez menos miembros de la mafia calabresa pueden decir que vencieron a las autoridades de Italia e Interpol. Y también a las de la Argentina. Y no una sino dos veces. De eso puede ufanarse Giovanni Di Pietro porque, mientras sus jefes directos de la Ndrangheta debieron sentarse en julio en el banquillo de los acusados, él, como reveló Encripdata, ni siquiera fue extraditado para acompañarlos. Es más: hace un mes camina por las calles del Gran Buenos Aires con la tranquilidad de saber que no será molestado nuevamente a menos que cometa otro error.

Las autoridades del Dirección General de Asuntos Internacionales y Cooperación Judicial del Departamento de Asuntos de Justicia del Ministerio de la Justicia de la República Italiana les informaron el 22 de julio a sus pares argentinos que acababan de retirar el pedido de extradición que pesaba sobre aquel italiano por haber formado parte de la célula desbaratada por los detectives de la Guardia Di Finanza de Reggio Calabria y de Interpol entre 2019 y 2020 con la «Operación Magma» en la Argentina, Costa Rica, Italia y otros países de Europa.

Oficialmente, explicaron que se venció el año que, según la ley de la Repubblica, tienen para materializar la extradición una vez que el acusado es detenido. En el medio, el país requerido debe recibir el pedido formal de entrega, realizar el juicio de admisibilidad y finalmente, Corte Suprema de Justicia mediante, autorizar o no el traslado del imputado al país requiriente. Misión imposible cumplir todos esos pasos en un año. Menos con el derecho de la defensa a apelar cada instancia. Menos aún en pandemia.

Pero lo que en realidad sucedió fue que perdieron interés por tener a Di Pietro y dos extraditables más: Fernando Sarago y Fabio Pompetti.

Nunca lo admitirán. Menos por escrito.

Un tribunal de Reggio Calabria sentenció el 2 de julio a Francesco Morano a 20 años de prisión y a Carmelo Aglioti a 18 años y 8 meses. Como informó LaC News24, a los jefes del clan, Umberto Bellocco, Domenico Bellocco, Francesco Corrao, Alessandro Fonti y Domenico Mercuri les impuso 20 años. A otras 22 personas, penas de entre 11 meses y 16 años. A Vincenzo Pesce y Simone Massida los absolvió.

Di Pietro, Sarago y Pompetti eran considerados por el tribunal como piezas menores del clan. Italia se conformó con condenar a los jefes.

Las autoridades de la Guardia di Finanza de Reggio Calabria acusaron a Di Pietro, Sarago y Pompetti de estar detrás en octubre de 2016 en Buenos Aires del envío de 384 kilos de cocaína ocultos en el barco Río de Janeiro – Hamburg Sud con destino final al puerto de Gioia Tauro.

Para formalizar la acusación, los detectives italianos contaron con la colaboración de sus pares de la Gendarmería, que cubrieron reuniones en diversos puntos entre los integrantes de la célula local, Di Pietro, Sarago, Pompetti, y los coordinadores, Aglioti y Morano.

Los gendarmes fueron por demás específicos: les entregaron a sus pares italianos la dirección del hotel donde se hospedó Aglioti, el número de teléfono que compró en Movistar, datos de la reunión que tuvo con Pompetti el 21 de abril de 2017 en un Café Martínez, patente del auto en el que se movía, el teléfono que había anotado en un caja de cigarrillos que tiró en la calle, más datos de un encuentro con Sarago el 23 de abril en el restaurante San Lucas y más y más detalles. Aglioti, en la Argentina, era el más importante de todos: era el encargado de «tomar contacto con los proveedores de droga», «recolectar el dinero para pagarles» y «juntarse con ‘Massimo'». Este no era otro que Giovanni Di Pietro.

Pero después de los recursos malgastados de la fuerza de seguridad argentina, las autoridades italianas finalmente les dieron las gracias sin más.

No es la primera vez que Di Pietro burlaba a la Justicia de su país: Italia ya había requerido su extradición en 1979, cuando tenía solo 22 años, por haber participado el año anterior en el crimen de Franz Trovato, hijo de un empresario siciliano, al que la banda que integraba ejecutó cuando intentaba escapar tras tres semanas de cautiverio. Italia lo sentenció a 30 años de prisión, pero como la Argentina no convalida los juicios en ausencia, no pudo entregar al condenado a su país de origen para que cumpliera la pena. La la Corte Suprema de Justicia, con las firmas de los supremos Nazareno, Moline O’Connor, Fayt, Belluscio y Petracchi, dio por terminada la discusión: dijo no en 1996.

Ahora, 25 años después, Di Pietro le volvió a ganar a Italia e Interpol. Y se quedó en la Argentina para quién sabe cuando volver a hacer contacto.

Por eso, desde hace un mes camina por las calles del Gran Buenos Aires, al igual que Sarago y Pompetti, con la tranquilidad de saber que no será molestado nuevamente a menos que cometa otro error y ese error sea descubierto o querido investigar.