Triple crimen: renunció el último abogado que apuntaba contra Pérez Corradi como autor intelectual

Pérez Corradi tiene un pie fuera de la cárcel

Pérez Corradi tiene un pie fuera de la cárcel. Crédito: Ministerio de Seguridad.

Ya pasó un mes desde que la jueza federal María Servini le concedió por segunda vez la falta de mérito a Ibar Esteban Pérez Corradi como autor intelectual del triple crimen de General Rodríguez, pero eso sigue generando consecuencias hasta hoy. La última: la salida de un histórico abogado querellante, que siempre apuntó contra el confeso traficante de efedrina. La magistrada ahora tiene más fuerzas para avanzar con la hipótesis que abrió en 2016: el doble juego de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina con dos células mexicanas -revelado por Encripdata– que el jefe de una de estas, Rodrigo Pozas Iturbe, consideró como triple traición.

Convencido de que Pérez Corradi dio la orden, el histórico abogado de la mujer de Bina, Alejandro Sánchez Kalbermatten, apeló en abril la falta de mérito concedida al condenado por traficar 11,7 toneladas de efedrina hacia un cártel mexicano entre 2004 y 2008.

Hizo algo más: exigió que la jueza se apartara de la investigación por considerar que se había apartado de la teoría impuesta por el tribunal de Mercedes en la condena a los hermanos Lanatta y los hermanos Schillaci como «partícipes necesarios» del triple crimen.

Pero, en un nuevo giro del caso, la mujer de Bina lo apartó a él. Encripdata pudo saber que no lo hizo por un cambio de estrategia en el expediente sino por las decisiones que tomaba de manera unilateral que terminaba por enterarse por los medios de comunicación.

Hizo algo más: desistió, a través de sus nuevos abogados, de la apelación presentada por su anterior letrado contra la falta de mérito a Pérez Corradi. La familia de Ferrón tampoco planteó reparos porque también quiere avanzar con la pista que los lleva a Pozas Iturbe.

Durante la primera parte de la investigación, la fiscal porteña Ana María Yacobucci y su par bonaerense Juan Ignacio Bidone consideraron que Forza, con sus problemas, arrastró a la muerte a Ferrón y Bina. Los testigos de parte de Bina avalaron esa teoría: Cristian Heredia negó que Bina se dedicara al negocio de la efedrina, Carlos San Luis rechazó que tanto él como Bina conocieran a Pozas Iturbe y Ricardo Sladkowski llegó a decir que Bina «estuvo en el momento y en el lugar equivocados».

Estos testigos tenían motivos de sobra para negar todo cuando declararon en el 2008: Heredia, San Luis, Sladkowski y el propio Bina llevaban realizados 166 despachos por un total de 1436 kilos de efedrina a México y Guatemala al momento del triple crimen.

Y más sabiendo que a su amigo le habían cortado la oreja derecha antes de ejecutarlo. El mensaje era más que claro.

Pozas Iturbe era el jefe de todos ellos.

Los padres de Bina, tal vez sin saberlo, pidieron que los cómplices de su hijo fueran testigos en el juicio por el triple crimen para que repitieran lo dicho en la instrucción: que «a Leo lo mataron porque estaba ahí con los otros dos». No contaban con que la viuda se animaría por fin a romper esa suerte de pacto de silencio. Fue tarde: los fiscales de juicio, Marcela Falabella y Bidone, ya tenían preparada la acusación contra Pérez Corradi, no quisieron revisarla y mucho menos se movieron un milímetro de eso cuando el supuesto autor intelectual se escondió en la triple frontera.

Realmente fue tarde: casi en simultáneo, mientras la mujer de Bina reconocía ante el tribunal del «triple crimen» que su marido estaba más metido en el negocio que Forza y Ferrón, el tribunal de la «ruta de la efedrina» condenó al mexicano Juan Jesús Martínez Espinoza por organizar el primer laboratorio de mentanfetaminas en la Argentina, la famosa quinta de Ingeniero Maschwitz, y a Mario Segovia por ser el «rey de la efedrina». Al debate llegó el propio Pozas Iturbe, pero por una mera «confabulación». El delito: haberse reunido el 25 de julio de 2008 en el Open Pilar con Forza, Ferrón, Bina y José Luis Salerno para comprarles un cargamento grande que al final quedó en la nada porque él ofrecía pagar 2 mil pesos cada kilo, pero ellos exigían 2 mil dólares por cada uno.

El tribunal, por falta de pruebas, absolvió a Pozas Iturbe.

La pista de Bina en la «ruta de la efedrina» se perdió desde entonces.

Pero, en el 2016, la jueza Servini se hizo cargo del caso para investigar lo que se había dejado de lado. Lo primero que hizo fue ordenar los papeles: le dictó la falta de mérito a Pérez Corradi, capturado el 19 de junio de 2016 en Brasil, pero también negoció que declarara como «imputado colaborador». Como publicó Encripdata el 10 de diciembre de 2020, gracias a sus datos, pudo detener a Maximiliano «Fantasma» Romero, identificar a la célula de los mexicanos García Mena y Juárez Lima y arrestar a la «conexión local» de la banda de los mexicanos Espinoza Ortíz. Todos, tal vez sin saberlo, respondían a un jefe: alias «18».

En ese momento, Sánchez Kalbermatten apeló la falta de mérito de Pérez Corradi. La mujer de Bina no dijo nada al respecto.

Hizo algo más: pidió que Marcelo Mansilla cobrara la millonaria recompensa al sostener que aportó datos que ayudaron a atrapar a Pérez Corradi en Brasil. Pero Mansilla no era otro que un informante en la triple frontera de Julio César Pose, un exagente de la SIDE reconvertido en espía de la DEA de los Estados Unidos, que estuvo al lado de Forza hasta sus últimos días. Mansilla nunca cobró nada.

En el 2019, cuando consiguió las pruebas sobre Bina, la magistrada ordenó las detenciones de Heredia, San Luis, Sladkowski y Pozas Iturbe. El mexicano ya estaba desde 2016 en la cárcel de Ezeiza por enviar en avión a «mulas» con cocaína en las suelas de zapatos.

Un tribunal lo condenó en 2018 por eso a 6 años de prisión.

Por una escucha telefónica ese caso se ganó el apodo de «breaking bad«.

La jueza Servini volvió a concederle el 7 de abril la falta de mérito a Pérez Corradi. Pero esta vez no solo tenía ordenados los papeles sino que tenía pruebas para sostener su teoría sobre Pozas Iturbe: que el 25 de julio de 2008, Forza, Ferrón y Bina quisieron cambiarle el precio del kilo de pesos a dólares; que el 29 de julio, Bina despachó 60,25 kilos de efedrina rebajada con azúcar en un 33% a sus espaldas; y que los tres pretendían hacer negocios en agosto con otra célula, la del por entonces prófugo Martínez Espinoza, rival a la suya.

El 25 de julio de 2008 no fue la última vez que se vieron las caras. Encripdata pudo saber que Forza, Ferrón y Bina se encontraron el 5 de agosto con Pozas Iturbe. El lugar: la parrilla Los Amigos. Solo dos personas saben de qué hablaron aquella vez: el propio mexicano, aunque en el juicio por la «ruta de la efedrina» los fiscales no se lo preguntaron, y también Pose, pero ya nadie sabe a qué juega.

Como sea, convencido de que fue Pérez Corradi el que dio la orden, Sánchez Kalbermatten volvió a apelar la falta de mérito y exigió que la magistrada se apartara del caso. Pero, esta vez, la mujer de Bina, que dijo que se enteró por los medios de esas decisiones, dio marcha atrás con todo.

Así, tras diez años en el caso, Sánchez Kalbermatten no tuvo más opción que dar un paso al costado el 6 de mayo.

Pozas Iturbe, por su parte, nunca cambió su plan de defensa: sostuvo ante el periodista que escribe esta nota que hasta 2008 fue empresario de día y amigo de la noche de Bina. Los kilos y kilos de efedrina que traficó con su «amigo de la noche» hacia México y Guatemala hablan de otra cosa.