Efedrina con azúcar: la prueba de la traición de Bina a Pozas Iturbe que llevó al triple crimen

La traición de Bina a Pozas Iturbe que desencadenó el triple crimen

La traición de Bina a Pozas Iturbe que llevó al triple crimen. Crédito: Encripdata.

Leopoldo Bina fue el primero en llegar al Correo Argentino. Al rato se sumaron Ricardo Sladkowski y Carlos San Luis. Entre las 12.08 y las 12.09, impusieron ocho cajas con 60,25 kilos de efedrina. Por allí, gracias a Carlos Di Vita y Nélida Brunelli, pasaron sin problemas hacia la Aduana de Ezeiza. Bina se reportó con su jefe, el mexicano Rodrigo Pozas Iturbe. Al día siguiente, sin embargo, alguien les pidió a los policías del aeropuerto de Ezeiza que las revisaran. Aquel confirmó su sospecha: Encripdata pudo saber que la efedrina estaba rebajada con azúcar en un 33%. Eso, que sucedió el 29 y 30 de julio de 2008, se convirtió 13 años después en una prueba clave del triple crimen de General Rodríguez. Porque traición con traición se paga.

Unos días antes, el 17 de julio, el juez Federico Faggionatto Márquez le ordenó a la Policía Bonaerense allanar la quinta de Ingeniero Maschwitz en la que el mexicano Juan Jesús Martínez Espinoza había montado un «laboratorio» para producir metas con efedrina.

Martínez Espinoza no cayó en ese momento, pero sí su «mano derecha», el argentino Luis Marcelo Tarzia, uno de los que le conseguía la preciada sustancia.

Para ese entonces, la célula de Pozas Iturbe, Bina, Sladkowski y San Luis llevaba realizados ya 166 despachos por un total de 1436 kilos de efedrina a México y Guatemala. Eso fue entre el 17 de septiembre de 2007 y el 24 de julio de 2008. Pero algo sucedió el 25: ese día, reunidos en el Open de Pilar, Sebastián Forza, Damián Ferrón y Bina estuvieron a punto de venderle a Pozas Iturbe un cargamento grande, pero los argentinos querían cobrar 2 mil dólares cada kilo mientras que el mexicano quería pagarlo 2 mil pesos. El negocio quedó en la nada.

A pesar de la discusión en la cumbre del 25 de julio, Bina siguió trabajando para Pozas Iturbe, como demostró el envío de efedrina del 29 de julio aunque cortada con azúcar, mientras que Forza, con el aval de Ferrón y Bina, fue en busca de otro comprador de la sustancia que no pudieron venderle a Pozas Iturbe.

Eso molestó mucho al mexicano. Más se enojó cuando se enteró de las dos ideas que tenía Forza en la cabeza: juntar plata, mucha plata, para sacar a Tarzia de la cárcel o negociar la efedrina directamente con el otro mexicano, Martínez Espinoza, de una célula supuestamente contraria.

Bina terminó de sellar su destino cuando el 29 de julio despachó la efedrina cortada con azúcar a espaldas de Pozas Iturbe.

El 1 de agosto, tan solo dos días después de eso, apareció en escena Martín Lanatta, un viejo conocido de Forza y socio de Ibar Esteban Pérez Corradi, que compró una línea de teléfono a nombre de otra persona para hablar solamente con él. Así fue como con su hermano Cristian y sus amigos Marcelo y Víctor, los Schillaci, organizaron la trampa del 7 de agosto en Sarandí y Quilmes que terminó con los cuerpos de los tres plantados el 13 de agosto en General Rodríguez.

Es cierto: Forza fue el que más tiros recibió. Eso, junto con viejas amenazas de Pérez Corradi, la «mafia de los medicamentos» y la financiación de la campaña del Frente para la Victoria (FPV) de 2007, hicieron que el fiscal Juan Ignacio Bidone creyera que había sido el objetivo principal, pero, como reconstruyó la jueza federal María Servini, Bina fue, tal vez sin considerar traición el pretender hacer negocios con otros mexicanos, quizás sin dimensionarlo, el que más desafió a Pozas Iturbe a sus espaldas. Por eso fue el que peor la pasó: le cortaron la oreja derecha antes de ejecutarlo.

Es cierto también que los investigadores todavía no pudieron encontrar una prueba clave que conecte a Pozas Iturbe con los Lanatta y los Schillaci. De eso se trató además la planificación del triple crimen: borrar las huellas de narcos, policías y espías que actuaron. Pero cada año que pasa recuperan teléfonos que aportan información.

Un tribunal de Mercedes sentenció en 2012 a los Lanatta y los Schillaci a prisión perpetua por ser «partícipes necesarios» del triple crimen a la vez que señaló a Pérez Corradi, ya prófugo, como autor intelectual y a personas sin identificar como cómplices de las muertes de Forza, Ferrón y Bina.

Ese mismo año, un tribunal de San Martín condenó a Martínez Espinoza y a Mario Segovia a 14 años de prisión por la «ruta de la efedrina», pero absolvió a Pozas Iturbe del delito de «confabulación» porque el juzgado de Campana no investigó la célula que conformaba con una de las víctimas: Bina.

El caso tuvo dos giros en 2016: primero con el pase del expediente principal y sus conexos a la jueza Servini y luego con la caída de Pérez Corradi en la Triple Frontera.

Lo primero que hizo la magistrada fue ordenar los papeles: por eso dictó la falta de mérito para procesar a sobreseer a Pérez Corradi como autor intelectual del triple crimen, pero también negoció que declarara como «imputado colaborador». Como publicó Encripdata el 10 de diciembre de 2020, gracias a sus datos, la jueza pudo detener a Maximiliano «Fantasma» Romero, identificar a la célula de los mexicanos García Mena y Juárez Lima y arrestar a la «conexión local» de la banda de los mexicanos Espinoza Ortíz. Todos, tal vez sin saberlo, respondían a un jefe: alias «18».

Pérez Corradi se hizo cargo de 11,7 toneladas de las 50 que se desviaron entre 2004 y 2008 desde el mercado legal hacia los cárteles mexicanos. Por eso mismo recibió tres condenas. También por lavado de activos. Los jueces determinaron que el «arrepentido» fue un jugador importante, pero no el único ni el más. Forza, por su parte, recién comenzaba. De Martínez Espinoza y Segovia, proveedores de otras células, así como de Josue Fuks y Alfredo Abraham, sus contactos, nunca pensó, como le adjudicaban pensar sobre Forza, que le querían «cagar el negocio».

Las células de Pozas Iturbe, García Mena y Espinoza Ortíz tenían muchas cosas en común. Demasiadas para ser casualidades. Todas comenzaron a traficar efedrina desde la Argentina a México en septiembre de 2007 y lo interrumpieron en julio de 2008. Todas lo hicieron en cajas de Pulver. Tras el triple crimen, Pozas Iturbe buscó la efedrina que Bina tenía en su casa mientras que los Espinoza Ortíz «enfriaron» 150 kilos en una baulera de Belgrano descubiertos recién en 2018 por el juez federal Julián Ercolini.

Así, cinco años después de dictarle la primera falta de mérito, la jueza Servini renovó esa resolución pero con un giro en la teoría inicial: no fue Pérez Corradi, no al menos con las pruebas obtenidas desde entonces, el que mandó a matar a Ferrón y Bina y especialmente a Forza para que no le «cagaran el negocio», sino que Pozas Iturbe sintió la triple traición de Forza y Ferrón y especialmente Bina: querer cambiar el precio del kilo de pesos a dólares, rebajar la efedrina con azúcar y hasta pretender operar con otros mexicanos a sus espaldas.

El autor de esta nota entrevistó en mayo de 2020 a Pozas Iturbe, preso en la cárcel de Ezeiza, para una nota publicada en Milenio. En el reportaje, el mexicano negó casi todo, desde estar vinculado al triple crimen hasta conocer a los García Mena y Juárez Lima. Incluso llegó a decir, para minimizar su relación, que supo que «Leo» se llamaba Leopoldo recién una vez muerto. Pero Encripdata pudo saber que Pozas Iturbe «coincidió» en el avión del 20 de octubre de 2006, su primer vuelo de México a la Argentina, con Juan Carlos García Mena, con orden de captura internacional por traficar la efedrina que le conseguían «Fantasma» Romero y Pérez Corradi.

La verdad, como siempre, está en los detalles.

Nunca se supo, en cambio, qué hicieron con la oreja derecha de Bina.