Giro en el caso Guastini: cambian al fiscal que investigaba el crimen del narco «arrepentido»

El crimen de Diego Guastini

Guastini: un crimen narco cada vez más perfecto. Crédito: Encripdata.

El fiscal Martín Conde ya no investigará más las circunstancias que llevaron a la muerte a Diego Xavier Guastini. El juez Juan José Anglese aceptó el martes su excusación para no tener que seguir al frente del caso. Ahora, la fiscalía del Departamento Judicial de Quilmes deberá determinar quién asumirá el desafío de resolver el crimen del «arrepentido» del narcotráfico internacional ocurrido la mañana del 28 de octubre de 2019 a la vuelta de la municipalidad.

El juez Anglese aceptó la excusación luego de que la viuda de Guastini, Mariana Soledad Castro, por intermedio de su abogado, denunció al fiscal Conde por el delito acción pública. Como reveló Encripdata el 14 de enero, la mujer aseguró que «personal del Ministerio Público Fiscal (MPF) habría puesto en conocimiento de periodistas, y con ello de dominio público, circunstancias de la Investigación Penal Preparatoria (IPP), poniendo en serio riesgo el resultado de la investigación del homicidio de quien en vida fuera Diego Xavier Guastini».

Tras la feria judicial, el fiscal le solicitó al juez que aceptara su excusación con base al inciso 13 del artículo 47 del Código Procesal Penal bonaerense: «El magistrado deberá excusarse si mediaren circunstancias que, por su gravedad, afecten su independencia e imparcialidad». Para Conde, la denuncia de la viuda de Guastini le provocó una «coerción moral» que le «impidió seguir actuando con independencia y objetividad».

En realidad, el mayor riesgo para la investigación, tras 470 días, fue el poco avance: como publicó Encripdata el 11 de diciembre, varias pruebas ya se perdieron. Primero fue la grabación de una cámara de seguridad, luego uno de los autos usados en el asesinato y, si el tiempo sigue pasando, también podría desaparecer la única persona hasta ahora identificada como partícipe necesario.

El fiscal no hizo lugar en marzo a las medidas de prueba planteadas por las fuerzas de seguridad y el juez rechazó en octubre el pedido para detener a aquel partícipe necesario, que lógicamente no tardó en deshacerse del auto que usó para la emboscada.

Las fuerzas de seguridad comprobaron que este sospechoso se relacionaba con un abogado imputado en una causa por poseer un kilo de cocaína y con un ciudadano colombiano condenado por tenencia de cinco kilos para su comercialización. Una auxiliar de inteligencia de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal (PFA) fue sentenciada por avisarle al narco que lo estaban investigando. Y, por supuesto, las fuerzas de seguridad determinaron que aquel sospechoso, con todos estos vínculos, estuvo en tiempo y lugar en la escena del crimen.

Guastini, dueño de la cueva financiera de la calle Florida 520, en el microcentro porteño, declaró como «imputado colaborador» en tres causas narco, hizo caer al clan Loza, a los policías de «Leones Blancos» y al narco Carlos Sein Atachahua Espinoza. No fue gratis: a cambio consiguió una pena de solo 3 años de prisión en suspenso por traficar al menos 1.443.030 dólares y 1.524.715 euros de esas bandas. De esa manera evitó pasar siquiera un segundo tras las rejas para así poder seguir en el negocio. Pero alguien lo silenció para siempre el 28 de octubre de 2019.

Tras el crimen del narco «arrepentido», uno de sus empleados se autoproclamó jefe de lo que quedó de la organización. Se trata de Daniel Fernando García Acuña, más conocido como «Nano», por su segundo nombre, o como «Uruguayo», por su país de origen, según le confirmaron tres fuentes de información a este medio. Si bien Guastini tenía arreglado con la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) la cobertura de su «cueva», García prefirió la seguridad de la Policía de la Ciudad. Pero ese trato duró muy poco: como reveló Encripdata el 15 de enero, el juez Manuel de Campos ordenó la detención de cinco uniformados porteños por un caso de robo, extorsión y droga. Entre ellos, Pablo «Pachu» Fernández.

En el microcentro porteño ya existe una leyenda sobre el crimen de Guastini: se cuenta que el hombre identificado como partícipe necesario de la emboscada manejó aquel 28 de octubre de 2019 hasta la avenida 9 de Julio. No estaba solo: su acompañante saltó del asiento del copiloto durante un semáforo en rojo, corrió hasta la calle Florida y se escondió justamente en la «cueva» de la víctima.

Solo el tiempo y el fiscal que se haga cargo de la investigación dirán cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en la leyenda sobre el crimen del narco «arrepentido».